El nombre común del Crocdylus acutus: cocodrilo de río o americano, no permite reconocer las costumbres fuertemente marinas de esta especie de la familia Crocodylidae, solamente superadas por las del cocodrilo poroso de Australia y el océano Índico. Ser usuario habitual del océano Pacífico y del mar Caribe, ha hecho a este descendiente de los saurios el cocodrilo de mayor distribución a nivel mundial. Pero eso no ha impedido que, apenas hace medio siglo, fuera cazado excesivamente por su piel poniéndolo en riesgo de extinción.
La especie hoy está considerada “Vulnerable” por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), es decir, “que está enfrentando un riesgo alto de extinción en estado de vida silvestre”. Su fragilidad permite valorar aún más la relevancia del sitio de reproducción para este animal, que un núcleo de campesinos estableció hace casi 30 años en el estero mexicano de La Manzanilla, en el Pacífico central de México, y que hoy es uno de los proyectos de conservación de esta especie más exitosos del país.
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El proyecto que surgió tras un tsunami
La Manzanilla tiene una historia singular. El poblado fue fundado en 1937 como efecto de una dotación ejidal en el contexto de la reforma agraria del gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, que llevó a campesinos solicitantes de tierras al fondo de una selva caducifolia, casi virgen, que pertenecía a dos grandes haciendas o fincas agrícolas y ganaderas: Melaque y Apazulco. Estaban poco pobladas, conservaban una nutrida representación de vida salvaje y un litoral rico y poco explotado. También estaba el estero poblado de “caimanes” que los cazadores mataban por su piel.
“Nuestros padres y abuelos, los pioneros de la comunidad, los veían solo como parte del paisaje, no les prestaban mucha atención, pero el Tsunami de 1995 lo cambió todo”, explica el campesino y responsable técnico del cocodrilario, José Eliazar Martínez Rodríguez, apodado “Pepedrilo”.
La Manzanilla fue la aldea más severamente afectada por el tsunami. Martínez Rodríguez, quien rondaba por entonces los 30 años, refiere que todo el pueblo fue anegado y los pobladores perdieron prácticamente todos sus bienes. Por eso, el rescate gubernamental fue decisivo: el gobierno de Jalisco y el federal repusieron materiales de construcción y muebles, pero además mandaron brigadas de estudiantes y académicos para ayudar a generar ideas de proyectos productivos, pues la pobreza campesina era tan endémica como los mosquitos y los lagartos.
“Fue un grupo de la Universidad Iteso, de Guadalajara, quienes nos sugirieron que aprovecháramos los cocodrilos para preservarlos y establecer un atractivo ecoturístico; nosotros no entendíamos cómo, pero dijimos: qué perdemos con intentar. Ahora el pueblo vive de lo que genera esto”, dice Pepedrilo.
Durante los primeros años, se trabajó con escasas regulaciones y con más voluntad que conocimiento técnico, pero llegaron representantes de autoridades federales y se sorprendieron de encontrar abundancia de Crocodylus acutus. Sugirieron ajustes para que la protección derivara en un proyecto autorizado por la legislación ambiental mexicana.
El fruto se alcanzó en 2008: el gobierno otorgó el certificado de unidad de manejo para la conservación de vida silvestre o UMA, lo que implicaba la creación de una área protegida de 190 hectáreas que abarca 54 hectáreas de espejo de agua y que no solo beneficia al reptil, sino a toda la pirámide trófica. Los crustáceos y peces de agua dulce o marina (52 especies registradas) usan ese espacio como criadero, sea para remontar ríos tributarios hacia el interior continental, sea para salir al océano a completar su ciclo adulto. También hay una gran diversidad de aves: 55 especies de las cuales ocho están protegidas por las normas mexicanas aunque todas están en la Lista Roja de la UICN. Independientemente de la UMA, el estero, que además alberga cuatro especies de mangle que dan refugio a numerosos animales en etapa larvaria, fue decretado en 2007 sitio Ramsar por la Convención de Naciones Unidas de Humedales Prioritarios.
La protección fue efectiva. Se impidió la cacería de ejemplares, aunque la legislación mexicana ya lo prohibía desde 1986; se protegieron de nidos y se enmalló la servidumbre de paso del estero para evitar presencia humana que alterara los ciclos biológicos de los animales. El resultado fue la reproducción exitosa del Crocdylus acutus, que hoy comienza a saturar los espacios del sitio Ramsar.
Aunque el empresario hotelero Giancarlo Medina Ramírez minimiza los encuentros del reptil con los bañistas, estos se han dado y tenderán a ser crecientes, de acuerdo a la opinión del experto en cocodrilos, Paulino Ponce.
Una medida que podría remediar ese conflicto surge justamente del éxito rotundo de La Manzanilla. La próspera población de cocodrilos en esa área protegida, con 400 lagartos de todas las edades, puede ser aprovechado para trasladar animales a otros esteros menos poblados de la región, dice Pepedrilo Martínez Rodríguez, aunque eso dependerá de la determinación de las autoridades federales.
Tan solo en la costa de Jalisco hay ocho sitios Ramsar donde sobrevivieron pequeñas poblaciones de lagartos a las matanzas del pasado. Hacia el sur, en Colima, están la laguna salobre de Manzanillo y los humedales de Tecomán. Al norte, prosperan los pantanos de mangle más grandes del Pacífico mexicano: Marismas Nacionales, de Nayarit y Sinaloa.
Lo cierto es que sin una política de traslado y repoblación, La Manzanilla se hará cada vez más pequeña para albergar a la creciente población de cocodrilos. De hecho, se han encontrado reptiles de este estero, reconocibles porque están marcados por los investigadores, en lugares tan alejados como Bocanegra, casi 200 kilómetros al norte. Eso demuestra que el reptil tiene como estrategia de supervivencia usar el mar para moverse en busca de refugio y alimento, subraya Paulino Ponce Campos, uno de los principales expertos en herpetología del occidente de México.
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Cómo cambiar para permanecer
“El estero La Manzanilla, al igual que el Sitio Ramsar Chamela Cuixmala y posiblemente la laguna de Chalacatepec, ambos en el estado de Jalisco, sostiene las poblaciones más abundantes del cocodrilo americano en la costa de este Estado”, dice la ficha del sitio Ramsar del estero La Manzanilla.
Ello ha dado una oportunidad de desarrollo al poblado campesino. El empresario hotelero Giancarlo Medina Ramírez, dueño del Hotel y Villas Palma Real, señala que de tener solo visitantes regionales y pocos lugares de hospedaje en 1995, La Manzanilla puede ahora alojar hasta mil personas. Además, si se considera que en la región hay más infraestructura turística en lugares cercanos como Barra de Navidad, Melaque, Cuastecomates, El Tamarindo o Tenacatita, hay días de playa de cinco mil personas, asegura.
Los cocodrilos atraen a 50 mil personas por año a La Manzanilla, apunta Martínez Rodríguez. La derrama económica de esa población flotante es la vida del ejido. El pueblo registró 1592 habitantes en el censo de 2020 y la dependencia del turismo es creciente, pues en el municipio de La Huerta, al que pertenece La Manzanilla, el valor de la agricultura ha descendido a menos de la mitad desde 2017, mientras la ganadería se mantiene estancada, según la ficha municipal del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco.
Giancarlo Medina Ramírez, cuyo proyecto comenzó a trabajar en 2012, advierte que la presencia de turistas es creciente. Entre los meses de noviembre y mayo, predominan viajeros de Canadá y Estados Unidos; muchos de esos visitantes son propietarios de fincas en las que dan empleos a habitantes del poblado para atención doméstica y jardines. Entre mayo y octubre, predomina el turismo de origen nacional o regional, que aunque suele concentrarse en los fines de semana, no es menos importante para la economía local.
“Lo más interesante es que hay una experiencia diferente al turismo de sol y playa, que incluye un viaje por el estero, contemplar cocodrilos y aves, ir a arrecifes de coral y visitar el museo del ejido con cocodrilos y hasta los restos de una ballena azul”, subraya el hotelero.
Pero no existe la ecuación perfecta: crecieron los alojamiento, se expandió el poblado y la urbe ya invadió las cercanías del estero y la playa.
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