Prolegómeno

Foto: jens-mahnke | Pexels

Hoy estreno columna en uno de los medios más críticos en este estado, y para su  servidora es un honor poder hacerlo. Sé que pocas personas realmente contamos con espacios de reflexión y análisis crítico, debido a que son limitados dichos espacios para quienes resisten la embestida del poder. No pretendo hacer golpeteo, sino poder tener voz en fenómenos políticos, económicos y sociales que se  presentan y que forman parte de la dialéctica, es decir, de la unión y lucha de  contrarios (as, es). 

Las disidencias están inversamente relacionadas con los espacios que ocupan la  “normalidad”. Es así que, desde las disidencias así, en plural—, las letras que aquí plantearé serán de las “otras” voces, de las “otras” formas de pensar y de las “otras” formas de actuar que cuestionan el statu quo de quienes detentan el poder, que ejercen las opresiones y las explotaciones, las violencias y las discriminaciones. 

Sin darnos cuenta, normalizamos los comportamientos mercantilizados,  individualistas, machistas, consumistas y egoístas en nuestras sociedades, en  donde lo heterocentrismo, androcentrismo, eurocentrismo o mejor dicho accidental  centrismo rigen nuestro comportamiento a la hora de relacionarnos; y que hacen  que solo nos interese el yo, por encima de la colectividad, la comunidad, la sororidad  y solidaridad entre todas las personas que habitamos el planeta. 

La cultura capitalista, patriarcal y colonialista nos ha enseñado que lo diverso y  diferente a la normalidad no existe, es menor, no tiene valor o validez en nuestras  sociedades. Esa misma cultura nos ha enseñado la supremacía del hombre sobre  el hombre, sobre los hombres, sobre las mujeres, sobre la naturaleza y sobre las  cosas. Nuestros saberes, nuestras afecciones, y demás se rigen por esa “mayoría”  imaginaria que representa el hombre, sin darnos cuenta que solo son pocos (y no pocas) los hombres que ejercen el control desmedido en las sociedades, desde  siempre, y que la relación uno versus noventa y nueve porciento de la población es inversa en la posesión de la riqueza mundial, noventa y nueve versos uno. 

Por esas contradicciones que coexisten en estas sociedades, hablamos de disidencias, a no pensar igual que la normalidad cultural que nos ha sido impuesta, a disentir y decir, que existen esas “otras” formas, anticapitalistas, antipatriarcales  y anticoloniales, que rompen con la heteronorma, que rompen con el  androcentrismo, que rompen con el accidental centrismo.  

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Desde las disidencias estamos trabajando para que este mundo no sea destruido,  y que, aunque en muchas de las veces, somos minimizadas, invisibilizadas,  vituperadas, ridiculizadas y hasta perseguidas para buscar nuestra desaparición. Y  qué desde las disidencias también practicamos las resistencias y las persistencias,  porque sostenemos que en este planeta todas, todes y todos, junto con la naturaleza  y las cosas, podemos vivir en un mundo mejor. 

¡Bienvenides!

*Foto de portada: jens-mahnke | Pexels

María del Socorro Quezada Tiempo: