Lado B
Paternar es más que una palabra
La negación de la palabra paternar sólo refuerza el estereotipo, de que somos las mujeres quienes nos debemos encargar de la crianza
Por Samantha Paéz @samantras
18 de julio, 2022
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Aquí está el regreso tan esperado de LADO B y de mi columna, tan esperado para mí, al menos. Como sabrán las personas que se han dado una vuelta por este espacio y también como advertencia a quienes lo hacen por primera vez, escribo con mis gafas moradas y feministas bien puestas para analizar el trabajo que hacemos periodistas y medios de comunicación. La idea es reflexionar sobre nuestros errores y dar pistas para, quizás, dejar de lado el androcentrismo y sexismo tan usuales en este gremio.

Una vez aclarado esto, pasemos al tema de este mes: la paternidad. Ustedes se preguntarán: ¿por qué este tema si ya pasó un mes desde el Día del padre? Bueno, les cuento, por esas fechas un señoro de los medios dijo en Twitter que la palabra paternar no existe y que usarla es odiar el lenguaje. Su afirmación no sólo me generó extrañeza, sino también enojo, porque desde su escaparate desacreditó esa palabra y todo lo que significa. Y es justo en esos dos niveles: el lenguaje y la acción, que me voy a explayar. 

El principal argumento de este señoro, y muchas de las personas que contestaron a su tuit, es que paternar no aparece en el diccionario de la Real Academia Española (RAE). En primer lugar, son muchas las críticas que ha tenido la RAE por misoginia, como lo expone en su artículo Belén Remacha existe una subrepresentación de las mujeres en esta academia, ya no digamos de la diversidad sexual y étnica que habla español, como bien apuntan Olga Castro y María Martín.

Otra cuestión que argumentan Sharon Grobeisen y Daiset Sarquis, en una columna para The Washington Post, es lo anacrónico que resulta el trabajo de la RAE ante la lucha por la igualdad entre géneros, que incluye también el lenguaje. Esta idea me encantó: “la principal labor del lenguaje es expresar nuestra realidad, nuestras experiencias y los cambios que en ellas surgen, por ello la vocación de las instituciones de la lengua, además de legitimadoras del lenguaje, debería incluir ser un espacio de reflexión sobre la voz, la participación y la representatividad de quienes lo construyen”.

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Nos encontramos entonces con que ponen como medida para validar el uso del lenguaje a una institución misógina y anacrónica, cuando otras organizaciones no sólo apuntan hacia un significado, como Fundéu quien dice que maternar alude a la crianza y cuidado de los hijos por parte de su madre y paternar sería el símil pero referido al padre, sino que alientan su práctica, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, en inglés) con su guía “Paternidad activa”, donde subraya el rol paterno desde la planificación familiar hasta el desarrollo de las infancias.

Paternar

Foto: Marlene Martínez

Aquí entramos en la segunda parte de esta reflexión: la acción de paternar. ¿Ustedes se preguntarán por qué hablar de ello? Bueno pues de acuerdo con la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2019, en México las mujeres invierten 15.9 horas semanales más al cuidado de integrantes del hogar, como son infancias, personas con discapacidad o personas adultas mayores, que los hombres. Cuando se trata de infancias de 0 a 5 años, las mujeres invierten semanalmente 14.6 horas en promedio en su cuidado, mientras que los hombres sólo 6 horas.

Esto afecta a las cuidadoras, dice la ONU Mujeres, y algunas de las implicaciones serían:

  • Menor tiempo para el aprendizaje, la especialización, el ocio, la participación social y política, o el cuidado personal.
  • Mayores dificultades para insertarse en un trabajo fuera del hogar.
  • Mayores obstáculos para avanzar en las carreras educativas y laborales.
  • Mayor participación en trabajos de menor valoración y menores ingresos.
  • Mayor participación en el trabajo informal, en el cual las mujeres pueden tener un mayor control sobre su tiempo, aunque este tipo de trabajo no les brinde protección social.

Este es el origen de mi enojo con la negación de la palabra paternar: ese discurso sólo refuerza la idea, el estereotipo, de que somos las mujeres quienes nos debemos encargar de la crianza y cuidados de hijas, hijes e hijos, abonando así a la desigualdad en la que ya nos encontramos. Como periodistas y comunicadores -lo he dicho en reiteradas ocasiones- llegamos a muchas personas y por ello tenemos una gran oportunidad de fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de las mujeres, tal cual lo sugiere la Plataforma de Acción de Beijing.

Así que invito a este señoro de los medios, quien se dice un padre y abuelo responsable, y a cualquier persona que rechace el uso de “paternar”, a que reflexione: cuando los hombres se involucran en la crianza hay impactos en el bienestar de la niñez y de la propia familia, reduce las probabilidades de situaciones de violencia y ayuda a incrementar los ingresos familiares, al permitir una mayor participación de las mujeres en la economía.

Como cierre, paternar no sólo es una palabra, es una manera en que la diversidad de hombres (cis, trans, hetero, homo, padres biológicos y adoptivos, tíos, abuelos o cualquier otro) se involucra con las infancias y las acompaña. Paternar es algo necesario para las crías, las madres y la sociedad, fomentemos su ejercicio.

*Foto de portada: Marlene Martínez

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Autor Lado B
Samantha Paéz
Soy periodista y activista. Tengo especial interés en los temas de género y libertad de expresión. Dirigí por 3 años el Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM). Formo parte de la Red Puebla de Periodistas. También escribo cuentos de ciencia ficción.
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