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Faltan variables de sexo y género en estudios clínicos sobre COVID-19
Solo el 4 % de los trabajos que investigan enfoques terapéuticos para el tratamiento del coronavirus añaden explícitamente el sexo o el género como variable analítica, según un artículo publicado en Nature Communications. Su inclusión podría contribuir a la identificación de intervenciones eficaces, aportar más datos sobre la enfermedad e influir en el comportamiento preventivo y de riesgo
Por Agencia SINC @
08 de julio, 2021
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Las diferencias de sexo y género influyen en la incidencia de la infección por SARS-CoV-2 y en la mortalidad por COVID-19. De hecho, la información disponible hasta ahora muestra un mayor riesgo de mortalidad para los pacientes masculinos en todo el mundo. Esto podría estar relacionado con diferencias intrínsecas del sexo en la reacción inmunitaria o con características específicas del proceso infeccioso.

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Una investigación publicada en Nature Communications revela que solamente el 4 % de los artículos que investigan enfoques terapéuticos para el tratamiento del coronavirus –registrados en ClinicalTrials.gov (una base de datos de estudios clínicos realizados en todo el mundo) entre el 1 de enero de 2020 y el 26 de enero de 2021– informaron explícitamente de un plan para incluir el sexo o el género como variable analítica.

Los autores indican que la inclusión del sexo como variable podría contribuir a la identificación de intervenciones eficaces y proporcionar más datos sobre la patología. Por su parte, el género –que describe la identidad, las normas y las relaciones entre los individuos– puede afectar al acceso a pruebas, diagnóstico, atención médica y tratamientos, y también influye en la disponibilidad de apoyo social, económico y logístico, y en el comportamiento preventivo y de riesgo.

Incluso con la información y el consenso general sobre el impacto del sexo y el género en la COVID-19, solo 1 de cada 4 estudios considera explícitamente ambas variables en sus criterios de reclutamiento y solo 1 de cada 20 las examina explícitamente en su plan de análisis

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“En esta pandemia hemos visto desde el principio que el impacto de la enfermedad puede ser diferente en las mujeres que en los hombres”, explica a SINC Sabine Oertelt-Prigione, investigadora del Centro Médico de la Universidad de Radboud (Países Bajos). “Por primera vez en los 15 años que llevo haciendo este trabajo, no he tenido que convencer a la gente de que sexo y género influyen en la enfermedad”.

Oertelt-Prigione y el resto del equipo se propusieron comprobar si lo que parecía ocurrir en los hospitales de todo el mundo se traduciría en una mayor atención en la investigación al sexo y al género. “Queríamos ver si esto llevaría a un cambio en las prácticas, ya que sabíamos que históricamente los ensayos clínicos no han tenido la potencia suficiente para investigar los efectos específicos en las mujeres”, añade.

Los resultados demuestran que, incluso con la información y el consenso general sobre el impacto del sexo y el género en una enfermedad, esto no cambia automáticamente la práctica de investigación.

“Encontramos que solo 1 de cada 4 estudios planea considerar explícitamente el sexo o el género en sus criterios de reclutamiento y solo 1 de cada 20 piensa examinar explícitamente el sexo o el género en su plan de análisis. Cuando analizamos los estudios publicados, la situación mejora ligeramente, ya que aproximadamente 1 de cada 5 ensayos ofrece alguna información desglosada por sexo. Por supuesto, esto está lejos de ser suficiente”, continúa la experta.

El problema de excluir las diferencias de sexo y género

Suprimir las diferencias de sexo para informar sobre los resultados de los ensayos clínicos podría suponer un aumento del riesgo de efectos secundarios para el sexo excluido, mientras que al no abordar el género como variable se pierde una oportunidad de tratar la desigualdad en la atención sanitaria.

“Necesitamos más normas vinculantes para evitar que el 50 % de la población esté inadecuadamente representada e informada sobre los efectos de una intervención que van a recibir”, subraya Oertelt-Prigione. “No es aceptable que vivamos en la era de la medicina personalizada y no se sepa si un medicamento es más efectivo en las participantes femeninas que en los masculinos”.

“Solicitamos que las agencias reguladoras den un paso adelante y exijan más transparencia y que las revistas científicas apliquen normas más críticas en la presentación de informes. No se trata de una cruzada política, sino de producir la ciencia más fiable, sólida y socialmente relevante”, insiste.

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*Foto de portada: Juraj Varga

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