Lado B
Psycho Goreman o la última gran obra maestra de la serie B
La última película de Steven Kostanski, creador de la cada vez más reconocible casa independiente Astron-6, es realmente la última gran obra maestra del cine de serie B
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
06 de mayo, 2021
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Perdido en las eternas dunas de películas estúpidas, la sequía asfixiante de filmes progresistas en Netflix amenazaba con matarme. 

“¡I Care a Lot (2020) es una obra maestra!”, gritaban algunos. “¡Moxie (2021) cambiará el cine!», gritaban otros. Y las brasas insoportables tostando mi piel, con tanta porquería ganadora de los últimos Oscars, me hacían creer, me hacían pensar en los delirios angustiantes de cualquier crítico del siglo XXI: que no había esperanza, ni oasis o mesías que pudiera salvarme.

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Pero entonces de súbito, muy en lo lejano —muy en lo profano— casi invisible, una película se hacía notar. Era ingeniosa. Divertida. Un verdadero grito de esperanza y frescura en la nauseabunda tanda de productos cinematográficos de los últimos años. ¿Será acaso un espejismo? ¿O una excitante realidad? 

Escrita y dirigida por nada menos que Steven Kostanski, creador de la casa productora de cine independiente, con sede en Canadá, Astron-6, y responsable  de obras tan alucinantes en la materia como la estrambótica Manborg (2011), sobre un científico loco que vuelve el cadáver de un soldado una auténtica máquina de matar; la fascinante The Void (2016), sobre entidades cósmicas y lovecraftianas que amenazan el futuro de la humanidad; e incluso la reciente secuela del duende maldito producida por la cadena de televisión Syfy, Leprechaun Returns (2018), Psycho Goreman (2020) —por su traducción, el ‘Psicótico hombre sangriento’— fue estrenada en el festival de Sitges 2020 con una gran aceptación entre los fanáticos del género. 

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La historia —que por alguna extraña razón me recuerda a la premisa de la serie de Cartoon Network The Grim Adventures of Billy & Mandy, sobre unos chiquillos que consiguen hacerse “amigos” de una fuerza sobrenatural y sombría como la muerte misma— nos cuenta cómo dos hermanos, la maldita Mimi y el inocente Luke, por azares del destino terminan despertando a un guerrero sádico interdimensional enterrado en el patio de su casa que pueden controlar a su antojo por una extraña gema alojada en su pecho. 

¡Oh, sí! Esta no es otra tonta película de serie B que busca regodearse en el sinsentido absoluto y la sangre sin miramientos para quedar enmarcada como una “pieza transgresora”. ¡Esta es la última gran obra maestra de su tipo! Pero a favor del sentido común —del buen gusto, le digo yo— entre tanta corrección política de mierda que atenta inconsciente a la creatividad de hoy en día… una gran obra maestra como tal. Sin encasillamientos ni géneros. Que se esfuerza por ser ella misma. 

Para empezar, porque hay una enorme pasión detrás de esta película. Aunque la premisa parezca sencilla, inclinándose en la comedia incorrecta y el sinsentido absoluto antes que entregarnos “una historia profunda”. Bajo los códigos de la comedia negra que nos dice: “entre más grotesco y más atrevido es ser el mejor”, se esconde una sátira poderosa y una forma muy brillante de hacer cine. 

Es cierto, Psycho Goreman es una película que, como muchas otras cintas o productos de su tipo, busca el homenaje a la década ochentera que fungió —además de cuna de íconos irremplazables de la cultura pop— como la madre del cine fantástico. Con música retro, por un lado, personajes estrambóticos por el otro, y una cantidad de gore a la vieja escuela por todas partes. 

Pero no solo se queda ahí. No al menos como lo haría Stranger Things (2016 – ) o la propia Ready Player One (2018), con simples guiños atrapa bobos en pos de una nostalgia engañosa.  Además de darte referencias, busca ser un referente más. Además de enamorarte con premisas viejas, busca crear nuevas experiencias. Se esfuerza por ofrecerte todo un universo. Hace hasta lo imposible por inventarse sus propias reglas y su propia cosmogonía. Y lo mejor de todo, es que termina consiguiéndolo. Maldita sea, termina haciéndolo. 

Psycho Goreman o la última gran obra maestra de la serie B

Foto: RLJE Films | YouTube

Steven Kostanski parece crearse una suerte de “película de origen” en la misma tradición que dictaban aquellas franquicias de horror de los 80s, con antagónicos poderosos, sobrenaturales e indestructibles. El denominado “Psycho Goreman”, por ejemplo, es un personaje tan digno y carismático, que no me extrañaría que le hicieran una posterior secuela o hasta una saga entera a su nombre. 

Una suerte de entidad galáctica con poderes inimaginables, magníficamente explotados en la película. El horror del universo o la maldad hecha carne capaz de doblar las leyes físicas de la existencia. Una suerte de Pinhead de la saga de Clive Barker Hellraiser (1987), por ese lado infernal, amante fetichista de la tortura, pero combinado con el personaje de The Tall Man de los filmes de Phantasm (1979), de Don Coscarelli, por ese abstracto origen. En un cosmos más allá de nuestra comprensión.

¿Saben? Esto me recuerda a lo que hicieron Lloyd Kaufman y Michael Herz con el personaje de The Toxic Avenger en 1984. Con una premisa tan estúpida que nos contaba cómo un nerd se convertía en un ‘superhéroe mutante’ luego de caer en un contenedor de residuos tóxicos —una sátira más que clara a los típicos cómics estadounidenses— y bajo el sello de una casa independiente, como lo fue y sigue siendo la Troma Entertainment, terminaron por construir —casi de manera accidental— todo un ícono del cine underground.

Esta película, ahora sin el factor “accidental”, tiene todos los ingredientes para convertirse en un nuevo emblema del cine fantástico: además de un protagonista a la altura de viejos antagónicos de la talla Freddy Krueger y un humor casi tan negro como las pantis de tu abuela, una excelsa muestra de efectos especiales a la vieja escuela.

Es menester aclararlo: Psycho Goreman, además de otras cosas, resulta artística. Mirad, por un lado, el manejo de las maquetas o incluso de las botargas. Los diseños son asombrosos. Una puta pasada. Recordando abismalmente a joyas como The Dark Crystal (1982) e incluso la primera Star Wars (1977) con prostéticos o props —de Jim Henson, por supuesto— que cambiaban la forma de hacer cine. Algo de Gremlins (1984) o algo de Critters (1986) también. Todo un universo y personajes creados a partir de artistas plásticos.  

No obstante, en la ejecución, la película parece rendir un homenaje tendido a dos importantes vertientes niponas.

Primero, al género del Ultra Gore Japonés, con cintas tan alocadas como Meatball Machine (2005) de Yūdai Yamaguchi o la mismísima Tokyo Gore Police (2008) de Yoshihiro Nishimura por ese factor sangriento conjugado de ciencia ficción o cyberpunk al punto de lo extremo. Tanto así que incluso puede llegar a ser considerado hasta de surrealista. 

Y segundo, al romántico como estrambótico género del Tokusetsu —por su traducción, “filmación especial”— que engloba toda película o serie de televisión de acción real con uso obligatorio de efectos prácticos, acrobacias y por supuesto, coreografías perfectamente bien ensayadas. Como lo serían, por ejemplo, el Super Sentai (1975 – ) -la versión original de los conocidos Power Rangers– el Kamen Raider (1971 – ) e incluso la propia serie de Ultraman (1966 – 1967).

https://www.youtube.com/watch?v=VOfzKnZd4_s 

Les aseguro que toda escena de acción que posee esta película, conjugada con los elementos más puristas tanto del Ultra Gore Japonés como del mismísimo Tokusetsu será un despliegue de emociones y de orgasmos que hará que todo entendido del género —o quien sabe apreciar lo bueno de esta vida— quedará excesivamente complacido. ¡De eso no hay duda!

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Y en cuanto a reparto, esta odisea cinematográfica cumple como no se pueden imaginar. Empezando por los pequeños Nita-Josee Hanna y Owen Myre —Mimi y Luke respectivamente— ya que pese a tener una muy corta y casi desconocida carrera en el mundo del cine, logran unas actuaciones verdaderamente asombrosas en esta película. Tan emblemáticas como francamente divertidas. Su carrera está asegurada en el cine fantástico y es posible que los sigamos viendo en otras producciones. 

Mientras que, el encargado de interpretar al psicótico hombre sangriento, nada menos que el cineasta canadiense, Matthew Ninaber —responsable de cintas poco conocidas como Extraction Day (2014) y Transference: Escape the Dark (2020)— vuelve ahora, en una faceta poco desarrollada como actor, y que no habíamos visto desde 2017, con aquella modestita Death on Scenic Drive

Psycho Goreman o la última gran obra maestra de la serie B

Foto: RLJE Films | YouTube

Este personaje será para Matthew lo que Freddy Krueger para Robert Englund. Lo que Pinhead para Doug Bradley o lo que Jason Voorhees para Kane Hodder. 

Esa personalidad asombrosa de deidad caótica que recuerda a los personajes de Lovecraft o Clive Barker, con diálogos refinados y profundos, contrapuesta en un ambiente infantil donde deberá acoplarse a las órdenes de dos chiquillos insoportables, es una joda y todo un cague de risa que funciona por lo estúpido y sorprende por lo irónico.   

Un personaje que nació específicamente para él —sin que nadie pueda reemplazarlo— y que seguro lo acompañará hasta el día de su muerte. No saben cómo ansío seguir viendo más películas de esta franquicia con Matthew Ninaber encabezando el reparto.  

Un producto inventivo, transgresor e ingenioso. Tan lejano a las convencionalidades de hoy en día, pero tan consciente de sí misma, que se ha ganado ya un importante lugar en los estantes de lo mejor del cine fantástico. Aunque también, y si me permiten, de todo el cine universal. Tan malditamente espectacular que podemos empezar a hablar de ella como todo un referente del séptimo arte. 

¡Damas y caballeros! ¡Queridos padawans de todos los días! La última película de Steven Kostanski, creador de la cada vez más reconocible casa independiente Astron-6, es realmente la última gran obra maestra del cine de serie B. Que nadie te diga lo contrario. ¡Ahí madre!

Sinopsis: 

Los hermanos Mimi y Luke resucitan, sin saberlo, un antiguo jefe supremo de otro mundo. El uso de un amuleto mágico que encuentran en momento de la resurrección obliga al monstruo a obedecer sus deseos. Lo que no saben ellos es que otras criaturas lo están buscando”.

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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