Lado B
Un año después, ya no es la misma pandemia
Si hay una lección aprendida es la resiliencia: nos estallaron los problemas de salud mental, nos tuvimos que reconocer vulnerables, superamos miedos y finalmente estamos aprendiendo a adaptarnos y existir
Por Ray Ricardez @RayRicardez
21 de marzo, 2021
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La pandemia no es la misma que hace un año, las personas también hemos cambiado: tenemos otra percepción y maneras de convivir —coexistir— con esta crisis sanitaria. Expertas en salud mental opinan que, al reconocernos vulnerables, logramos adaptarnos y, con ello, generar nuevas dinámicas que han nacido desde nuestra resiliencia.

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“Hemos aprendido a sobrevivir”, sentencia Patricia Quindé, psicoterapeuta con maestría en Psicología clínica y Psicoterapia. A pesar de que no estábamos preparados y preparadas mentalmente para esta crisis, asegura, nos adaptamos. 

La psicóloga Karla Arellano considera que al inicio de la pandemia hubo psicosis y un miedo irracional por el desconocimiento al respecto; incluso en profesionales de la salud. Sin embargo, conforme más se sabía del virus, empezamos a adaptarnos y a tener una sensación de más control; pese a que seguimos sin conocerlo del todo. 

Ahora, a pesar de que con la llegada de las distintas vacunas hay una sensación de esperanza, Quindé comenta que estas nuevas circunstancias pueden generar nuevos miedos o incertidumbres, y que las recomendaciones de cuidado deben enfocarse en la convivencia con otras personas. 

El reconocimiento de los trastornos mentales

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Foto: master1305 | Freepik

Entretanto, el cuidado de nuestra salud mental comenzó a ser un tema cada vez más sonado. Arellano explica que de por sí teníamos problemas a nivel psicológico, pero  el cambio de vida y rutinas hicieron más notorios algunos síntomas, como la desesperación y miedo excesivo. 

Al respecto, Quindé considera que en el aislamiento tal vez fuimos más conscientes de que estábamos conviviendo con un trastorno mental (propio o de alguien con quien vivimos), como depresión, ansiedad, irritabilidad o fobias. De ahí que, desde su experiencia como terapeuta, para la gente ir a terapia se vio más como una necesidad. En consecuencia, más personas pudieron trabajar sus problemas y generar nuevas dinámicas desde la resiliencia.

Arellano explica que este término resiliencia es la capacidad de adaptarse a nuevas cosas, permitiéndonos sobrellevar los cambios de la vida. Sin embargo, advierte que cada persona tiene un nivel de resiliencia diferente. 

Somos vulnerables 

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Foto: Freepik

Por supuesto, antes de sabernos resilientes, de acuerdo con las expertas, vivimos momentos de vulnerabilidad, en los que cada persona reacciona de forma diferente. En muchos casos, por ejemplo, la pandemia no fue lo que ocasionó problemas como ansiedad o depresión, pero sí “la gota que derramó el vaso”, de acuerdo con Arellano. Y al llegar el momento de vivir en incertidumbre, estos problemas de salud mental pudieron salir a la luz.

Diana Rojas, estudiante y reportera, cuenta que, al tener diagnosticada manía (episodios con mucha energía), en pandemia generó ansiedad por no poder dormir. Su terapeuta le explicó que, antes del confinamiento, ella podía descargar su energía en sus actividades diarias, como ir a la escuela; pero con el encierro eso se modificó.

Quindé ha atendido constantemente a personas con ansiedad, irritabilidad y depresión durante este año de pandemia. Ella advierte que la ansiedad, por ejemplo, se presenta en todas las edades, y puede verse también en el miedo a morir, a salir o contagiarse. Había gente que no estaba preparada para estar en su casa, cuenta, otras se quedaron sin ingresos, lo que ocasionó un temor al futuro. Algunas personas, además, no eran buenas utilizando las tecnologías, por lo que sufrieron afectaciones en su salud mental debido a la desesperación de no poder trabajar o relacionarse desde casa.

Para muchas personas el miedo ha rebasado el límite que les permite estar bien”, señala Arellano. La psicóloga explica que este puede verse en personas que no pueden ni abrir las ventanas, ni comprar cosas, e incluso dejan de hacer ejercicio en casa por el miedo de transpirar o respirar el virus o, en casos más extremos, personas que en sus manos presentan llagas por lavarse excesivamente.

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La culpa es otra de las emociones que más se vieron en este año, explica Arellano. Un caso común es cuando una persona, tras contagiarse del virus y, a su vez, contagiar a alguien en casa, queda “marcada” y se culpa de los sucedido. Otro tipo de culpa está relacionada con la idea de la productividad que se generó en las personas, enfocada a “aprovechar el tiempo” en casa y, quien percibía que no lo hacía, se sentía mal.

Pero también somos resilientes

“Ya no estamos como cuando comenzamos la pandemia”, dice Quindé. La crisis que ocasionó pérdida de trabajo, no movilidad y trastornos en las personas también generó otra cosa en nosotras y nosotros: la resiliencia

Esta sensación, a un año de coexistir con la pandemia, implicó en nuestras vidas buscar y encontrar estrategias que nos permitan seguir viviendo a pesar de los cambios abruptos, de acuerdo con Quindé. Entendemos, además, que estamos entrando a una nueva etapa, misma que implica que el ser humano siga adaptándose, menciona.

Tuvimos que “reprogramarnos”: nos cuestionamos el “cómo puedo salir adelante” o el “cómo vamos a salir adelante”, explica la psicoterapeuta. Por ejemplo, personas que buscaron poner un negocio o generar ingresos de otra forma tras perder sus empleos, o las personas que, por ejemplo, buscaron hacer nuevas actividades en casa o en espacios al aire libre para enfrentar el confinamiento. 

Usar doble cubrebocas o hacerse a un lado cuando pasa gente, dice Quindé, son ejemplos de esta resiliencia. Mientras tanto, en casa, dice, se han adecuado nuevos roles que, en ocasiones, han permitido repartir de manera más equitativa las labores del hogar. Además, aprendimos a relacionarnos más con quienes vivimos, adaptándonos y generando nuevas dinámicas como jugar juegos de mesa u organizar paseos.

Poco a poco, las personas han salido con las precauciones que conocen y adaptan sus vidas a estas. De ahí que, ante esta flexibilidad, vengan nuevos miedos, detalla, tales como las nuevas olas de contagio que vienen en determinados periodos. Ella explica que esto, a nivel mental, genera inestabilidad a la nueva vida que estamos haciendo. 

La vida siguió y se ha adecuado a la nueva realidad. “Hemos probado que, a pesar de esta pandemia, hemos sobrevivido, con altas y bajas”, sentencia Quindé. Y esto se da porque el ser humano es resiliente y busca nuevas estrategias para poder sobrevivir siempre. 

Recomendaciones

Patricia Quindé recomienda socializar con más personas y estar en contacto mediante los medios posibles. “Las recomendaciones tienen que ser diferentes [en este nuevo año]”, asegura, y pueden enfocarse en la convivencia con las personas con las que convivimos día a día.

Otro factor, de acuerdo con Quindé, es pensar en que no basta con cuidar la salud mental de un solo miembro de la familia, sino de todas las personas que integran el núcleo del hogar. 

Diana Rojas aprendió en terapia a cambiar sus dinámicas, por lo que pudo coexistir en nueva realidad y aceptarla. “La pandemia se trata de eso: de adaptarse a un nuevo estilo de vida”, reconoce. 

Rojas cuenta que, por su salud mental, no puede aplicar plenamente el confinamiento en casa, por lo que ha adecuado su vida a ello, visitando con distancia a amigas o yendo a espacios poco concurridos. 

Patricia Quindé recuerda que siempre podemos hacer actividades para cuidar nuestra salud mental en pandemia y adecuarla a la realidad, tales como:

  • Hablar en familia de manera directa y clara
  • Cumplir con las horas de sueño vitales (ocho)
  • No olvidar socializar más en casa y a distancia (por Internet o llamada)
  • Organizar una vida con la naturaleza
  • Utilizar los fines de semana para renovarse con nuevas dinámicas; no olvidar los paseos o juegos de mesa, por ejemplo
  • Cuidar nuestra salud física y mental haciendo ejercicio o meditando
  • Tener apertura con las y los demás, y agradecer lo que tenemos


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*Foto de portada: rawpixel.com | Freepik

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Autor Lado B
Ray Ricardez
Licenciado en Relaciones Internacionales por la UDLAP con Maestría en Medios, Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador, periodista en proceso y músico de corazón. Coordinador de la revista digital Libertad de Réplica. Interesado en la movilización, el periodismo y el cambio social. Soñando con hacer un mundo mejor ayudado por las palabras.
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