ADN ambiental y cámaras trampa para mejorar planes de conservación del Jaguar
Además de cámaras trampa, los y las científicas utilizan el ADN ambiental para analizar la información genética que dejan los animales en un lugar específico
Por Mongabay Latam @
16 de febrero, 2021
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 Yvette Sierra Praeli

La imponente belleza de un jaguar (Panthera onca) sería difícil de apreciar si no fuese por las cámaras trampa. Esos equipos que las y los científicos llevan a los bosques de la Amazonía y los ubican en lugares estratégicos para conocer los secretos de la fauna silvestre.

Más allá de que permiten observar escenas nunca antes vistas de la vida animal, las cámaras trampa pueden ayudar a las y los investigadores a estimar la densidad de una población en un área determinada, descubrir patrones de comportamiento e incluso identificar a cada uno de los individuos en determinadas especies.

Pero no es la única herramienta que utilizan especialistas para conocer mejor a las poblaciones de jaguares. Además de estos sistemas para registrar imágenes, también es posible capturar sonidos mediante el monitoreo acústico, instalar equipos GPS para hacer el seguimiento de los animales y realizar estudios genéticos, entre otras herramientas que permiten recopilar información para definir planes de conservación.

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“La tecnología y los equipos utilizados en ciencia, como a muchos, me emocionan bastante, pero es importante precisar que las preguntas que queremos resolver trascienden a la tecnología. Tiene que haber una hipótesis antes de definir qué herramienta es la más apropiada para generar el análisis de los datos y tener respuestas contundentes y reveladoras”, señala José Luis Mena, jefe del departamento de Zoología del Museo de Historia Natural Vera Alleman Haeghebaert, de la Universidad Ricardo Palma, en Perú.

Las imágenes de la selva

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José Luis Mena en pleno trabajo de instalación de cámaras trampa/ Foto: WWF

Durante dos años, José Luis Mena lideró un equipo de investigación que le siguió la pista a los jaguares en la triple frontera entre Perú, Ecuador y Colombia. Entre los años 2017 y 2019 instalaron 129 cámaras trampa en 131 000 kilómetros cuadrados (13 100 000 hectáreas) que corresponde al denominado corredor Napo – Putumayo y comprende tres áreas protegidas.

La información recopilada en esta investigación permitió determinar la presencia de 1.5 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados, es decir, en este corredor de la triple frontera podría haber unos 2000 felinos.

La recopilación de datos a través de las cámaras trampa –explica Mena– permite estimar la abundancia de la población ya sea en áreas protegidas o en el espacio que se decida investigar. “Como yo me enfoco en el tema de las poblaciones, un aspecto clave es usar una técnica que me permita identificar la mayor cantidad posible de individuos o de sus evidencias. La tecnología va en esa línea y las cámaras trampa son perfectas para eso”, explica Mena.

En el caso de los jaguares –continúa Mena– es clave colocar las cámaras trampa en caminos o trochas para “maximizar su detección”, justamente lo que se hizo en el caso de la investigación en la triple frontera.

“Colocando cámaras a ambos lados del camino se logra fotografiar ambos lados de los jaguares, identificar sus marcas y saber qué individuo es. Entonces, si tu interrogante es estimar la abundancia de los jaguares, es importante identificar a cada individuo”, explica Mena sobre la forma de utilizar esta herramienta. Las manchas de los jaguares son importantes en el proceso de identificación, básicamente porque son como las huellas dactilares, distinguen a cada individuo.

En cambio, si la interrogante se centra en el parámetro de ocupación, es decir, el área que utiliza una población de jaguar u otra especie para desplazarse, lo importante es determinar si está o no en una zona. “Las cámaras ayudan en ambos casos y son clave para mejorar la detección».

Otra herramienta que el científico utiliza actualmente es el ADN ambiental. Esta técnica consiste en analizar los restos de ADN dejados por los animales en un lugar específico. Para ello se extraen muestras de agua de lagos, ríos, océanos, tierra -entre otros elementos del ambiente- para recoger información genética.

Actualmente, Mena lleva adelante un estudio basado en ADN ambiental en Madre de Dios que servirá para identificar a los mamíferos que habitan en una determinada área. Se trata de la primera investigación con ADN ambiental que se está haciendo en la Amazonía, explica el experto.

“Mi área de estudio es la ecología de las poblaciones y las comunidades, por ello, determinar la abundancia es importante, así como la ocupación, porque ambos parámetros te ayudan a describir la dinámica poblacional en espacio y tiempo”, dice Mena sobre el uso que se le da a las tecnologías aplicadas al monitoreo y conservación de la fauna silvestre.

Determinar que existe una población en un determinado lugar, qué área ocupa y cuántos individuos hay es importante – comenta Mena– pero para mantener esta población viable se requiere conectividad. En su investigación con los jaguares en la frontera de Perú con Ecuador y Colombia, se determinó la importancia de las áreas naturales protegidas para la conservación de esta especie.

“Se sabe cuántos jaguares habitan en el Parque Nacional Gueppí-Sekime, pero además conocemos la importancia de las zonas transfronterizas para la conservación de una especie como el jaguar cuyo espacio trasciende los límites de los países. Con los datos resaltas la importancia de las áreas protegidas y de trabajar en las fronteras”, precisa Mena sobre los resultados de la investigación en la triple frontera.

La genética de los jaguares

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Las muestras recogidas por Paola Nogales en su mayoría provienen de pieles de jaguar/ Foto: Paola Nogales

La bióloga boliviana Paola Nogales utiliza la genética como una herramienta de conservación. Y por primera vez se realizará un estudio para secuenciar el genoma del jaguar en Bolivia. «Es el primer proyecto basado en la genómica que será usado en conservación en Bolivia».

La investigación que lidera Nogales tiene como punto de partida la secuencia completa del genoma del jaguar realizado por la Universidad Pontificia Católica Rio Grande do Sul (PUCRS) en Brasil, que data del año 2017. Se trata de información de acceso público y que se convirtió en la referencia para la investigación que ahora realizan en Bolivia.

La investigación genómica que realizarán en los jaguares de Bolivia consiste en conocer todos los genes que se encuentran en las muestras recogidas de 40 individuos.

Las y los investigadores recolectaron durante cinco años muestras principalmente de la piel de jaguar que se encuentran en museos, también de partes que iban a ser traficadas, así como de aquellas que fueron decomisadas. Además tomaron muestras de jaguares que fueron cazados por poblaciones locales debido al conflicto que existe entre esta especie y el ganado.

 

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*Foto de portada: Se calcula que el 85 % de la población de jaguares vive en la Amazonía/ Foto:  Richard Barrett | WWF-UK

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