Se parece tanto al PRI (o “el gobierno de los liberados”)
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador cambió de discurso y decidió rescatar a Salvador Cienfuegos de las cárceles de los Estados Unidos de América, y pasó de señalar la corrupción de Cienfuegos a defenderlo por su simbolismo para el Ejército mexicano
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
23 de noviembre, 2020
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El gobierno de Andrés Manuel López Obrador cambió de discurso y decidió rescatar a Salvador Cienfuegos de las cárceles de los Estados Unidos de América. La fiscalía estadounidense insiste en la fortaleza y veracidad de sus pruebas contra “El Padrino”, y sobre ello el gobierno calla y los militares también. En cambio, políticos de todos los partidos y periodistas del sistema aducen que todo era un juego macabro y sin sentido; que las pruebas contra Cienfuegos eran inverosímiles y no tienen empacho en celebrar la repatriación del militar. 

El gobierno de AMLO pasó de señalar la corrupción de Cienfuegos a defenderlo por su simbolismo para el Ejército mexicano, e incluso muchos políticos y periodistas afirman que le ganó una partida de ajedrez a Washington, porque el poderoso vecino había decidido actuar sin el conocimiento y consentimiento del gobierno mexicano. Según su narrativa, los mexicanos endurecieron su postura y Trump cedió. 

Un poco de cabeza fría y análisis serio muestra una situación complicadísima para el gobierno de López Obrador y para un Estado el mexicano que se resquebrajó con la detención de Cienfuegos y que sufre aún más con su liberación. 

El gobierno decidió rescatar al militar porque no le convenía que el general fuera juzgado como se hizo hace 25 años con Gutiérrez Rebollo. Y no convenía porque el grupo (político y militar) al que pertenece el general Cienfuegos sigue activo y en primera fila en el gobierno de López Obrador, y no querían que surgieran operaciones, conexiones, nombres y apellidos en un juicio en Manhattan. El presidente se vio en medio de dos fuegos: el de los militares que exigían salvar a Cienfuegos y el de muchos políticos de todos los partidos que presionaban y se sentían amenazados con la detención y el enjuiciamiento del general. 

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Es difícil encontrar una persona decente que meta las manos al fuego por Cienfuegos. En general, es una realidad que el Ejército coadyuva con el crimen organizado (no todos los militares, por supuesto). No puede entenderse de otra manera cuando se mira la realidad de sangre e impunidad del país. Las razones pueden ser múltiples: una clara desventaja armamentística, salarios precarios, la asunción de tareas que de nada sirven porque el mercado de las drogas es tan amplio y tan demandante que, de una u otra forma sacia las demandas de los consumidores de drogas. El Ejército está coludido con el crimen organizado y negarlo es simplemente una necedad. Por eso nadie se atreve a meter las manos al fuego por el general.

Afirmar que el gobierno estadounidense cedió porque lo amenazaron con expulsar a agentes de la DEA y de otras agencias que operan en México es un mal chiste. El sartén por el mango lo tenía y lo tiene Washington no había pez más gordo que hubiera tenido en la mano para negociar con un debilitado gobierno mexicano. Solo los esbirros de Ebrard creen que esto es un triunfo diplomático. La diplomacia no se mide porque otro país termine cediendo a las peticiones del gobierno que exige, sino también por los fines que se persiguen. Muchas veces los gobiernos creen ganar cuando en realidad están perdiendo. Y en la liberación de Cienfuegos, el gobierno de López Obrador perdió en todos los sentidos. Tendríamos que ser muy ingenuos para pensar que el gobierno estadounidense cedió sin ganar algo. Y este es un punto que solo los meses por venir aclararán.

Ahora bien, para López Obrador el problema de la liberación es triple: negoció con Washington para no enjuiciar a una persona acusada de lavado de dinero y tráfico de drogas. Este es un aspecto que no pasará por alto el gobierno estadounidense, sobre todo si se concreta el triunfo de Joe Biden. El caso no se cierra aquí: quienes liberaron a Cienfuegos -a pesar de las pruebas en su contra- pueden ser investigados por obstrucción a la justicia. Lo saben los políticos norteamericanos, y por eso puede afirmarse que las acusaciones contra Cienfuegos y lo que se negoció no quedará en el baúl de los recuerdos. Alguien, en algún momento, abrirá la caja de pandora, y seguramente pondrá nervioso a Marcelo Ebrard y a López Obrador.

Por otra parte, ha puesto al presidente contra las cuerdas: quienes lo obligaron a negociar con Washington para liberar a Cienfuegos saben ahora cómo lidiar con AMLO y que los pecados del presidente empiezan a cobrar nombres y apellidos: Ovidio Guzmán y Salvador Cienfuegos. El Waterloo de la 4T está en las negociaciones para la liberación de los presuntos criminales (tan inocentes ellos, según ha defendido el gobierno en los últimos días, aunque tan señalados uno y otro).

Y por último, en el terreno de la impunidad el mensaje es devastador: la milicia es intocable; es impune. El barco del discurso de AMLO ha sufrido la segunda gran abolladura: la 4T no tolerará la corrupción, salvo si se trata de militares, porque entonces, bien vale una negociación con Washington para liberar a un presunto traficante de drogas y lavador de dinero. El alegato de que aquí valen los simbolismos y la parafernalia de la soberanía no hacen sino reforzar la idea que sus adversarios le endilgan a la 4T una y otra vez, parafraseando al ídolo de Juárez: la 4T “se parece tanto al PRI”.

*Foto de portada: AMLO, Presidente de la República Mexicana/ Foto: Gobierno de México | Facebook  

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Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.