[dropcap type=»1″]D[/dropcap]e acuerdo con Diana E. H. Russell y Jill Radford, teóricas feministas, en su explicación más breve, el feminicidio es “el asesinato misógino de mujeres cometido por hombres”. Estas autoras sostienen que la meta del ejercicio de la violencia por parte de los hombres, deliberada o no, es preservar la supremacía masculina: «Se trata de un concepto político que permite visibilizar la posición de subordinación, desigualdad, marginalidad y riesgo en la que se encuentran las mujeres por el simple hecho de ser mujeres» (Atesto, Graciela 2011).
En México, Marcela Lagarde, antropóloga, ex diputada federal y académica feminista, agrega a la discusión sobre este concepto que se trata de “el conjunto de delitos de lesa humanidad que contiene los crímenes, los secuestros y las desapariciones de niñas en un cuadro de colapso institucional. Se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado.”
Las propuestas de Russell, Radford y Lagarde apuntan a que el feminicidio es una problemática que se ha invisibilizado durante cientos de años, al grado de normalizarse. Es decir, al grado de que, para la historia de la humanidad es normal y común que los hombres asesinen a las mujeres porque se les da la gana. Rusell enfatiza que éste es un tipo de violencia que ha estado presente desde los inicios de la sociedad.
Lo conceptos anteriores, revisados de manera breve, sirven para explicar cuáles son los referentes que construyen el discurso y la lucha feminista en contra del feminicidio. Utilizando este marco teórico, conceptual y de lucha política, es que me atrevo a hacer un llamado y, de paso, a recordar a las y los funcionarios e instituciones que el feminicidio “no es un tema de moda”:
Así que, antes de deslegitimar el tema; antes de colocar al feminicidio en el ámbito de sus “conflictos políticos y económicos”; antes de hacer gala de su ignorancia explicando que los feminicidios “están a la alza” como si las vidas de las mujeres fueran objetos; antes de recurrir a actos desesperados para invisibilizar los crímenes contra mujeres; de subestimar el trabajo de años de lucha que anteceden el reconocimiento de los feminicidios; de creer que el mundo conspira a través de los feminicidios contra sus próximas aspiraciones electorales; antes de declarar que hay “otros temas prioritarios”, les recordamos que lo que está de fondo, no sólo es el reconocimiento del feminicidio como una problemática grave. Se trata de la necesidad de emprender acciones eficaces pero, sobre todo, de cada historia de cada mujer que ha sido arrebatada, de cada proyecto de vida, de cada familia exigiendo justicia, de hermanas, madres, hijas, esposas, amigas, primas, sobrinas, novias, compañeras de trabajo, se trata de la protección de la vida de todas las mujeres, en todos los rincones.
EL PEPO