La física y la química es especialmente prolífica en este tipo de premios cuestionables. Por ejemplo, existen una serie de premios marcados por la guerra y los intereses políticos. Este probablemente sea el caso de F. Haber, quién recibió el premio Nobel por su elocuente trabajo sobre el amoniaco y su uso agronómico. Un trabajo muy relacionado con los letales gases que él mismo diseñó, produjo y supervisó durante la I Guera Mundial. Gases que acaban con las personas entre estertores y agónicos espasmos. Según el propio Haber, ni si quiera él mismo esperaba recibir ningún tipo de galardón por su trabajo, y mucho menos el Premio Nobel. Por supuesto, hay quién ve un claro gesto germanófilo en este asunto. Por cierto, curiosamente otro químico que también trabajaba en gases de uso bélico, V. Grignard, también recibió un premio Nobel.