Aranzazú Ayala Martínez
Osvaldo llevaba como mes y medio trabajando de gerente en un bar. A sus 32 años había regresado a vivir con sus papás desde hacía aproximadamente dos años, cuando dejó a su ex pareja y mamá de sus dos hijos. Aunque su turno era de noche, siempre llegaba a dormir y su papá tenía la costumbre de ir por él a su trabajo, a la una o dos de la madrugada, aunque vivieran lejos.
A Osvaldo Báez Hernández le iba bien en el nuevo trabajo. Había organizado la fiesta del 15 de septiembre, cuentan sus papás José y Olga, y estaba levantando el bar. Se llevaba bien con todos los trabajadores, estaba contento aunque no era lo suyo porque él había estudiado Computación pero después de un tiempo sin trabajo, y de manejar un taxi, fue su mejor opción.
El sábado 8 de noviembre de 2014 salió para su trabajo, todavía esa noche habló por teléfono con su mamá y le dijo que lo esperara, que estaba ocupado y que le devolvía la llamada para que su papá fuera por él. Pero la madrugada avanzó y no regresó. Nada de Osvaldo. De ahí fueron llamadas que nadie respondía, “todavía un poquito de esperanza”, dice la señora Olga. Pero en la tarde del domingo el celular se apagó, o lo apagaron.
El lunes 10 de noviembre empezó el peregrinar del señor José Báez y de la señora Olga Hernández, quienes no tenían idea de dónde podía estar su hijo.
Don José habló con el dueño del bar, quien le dijo que había dejado a Osvaldo comiendo unos tacos en la esquina porque le habían dicho que iban a pasar por él, pero nada. Le preguntaron a amigos, familiares y a personas cercanas a Osvaldo. Nada. Aunque se hubiera ido de fiesta, dice don José, no es normal, ya es demasiado tiempo. Además, el joven de 32 años tiene dos hijas pequeñas con su ex pareja y dicen sus padres que trabajaba para ellas. No tienen idea de qué pudo haberle pasado.
A la fecha no han recibido llamadas ni mensajes, ni tienen pista alguna del paradero de su hijo. En la desesperación, dice el señor José, fueron hasta con un vidente que les dijo que a Osvaldo se lo habían llevado a la fuerza, pero nada más. Tampoco saben qué creer.
La historia de Olga y José es la misma que se repite en otras familias. Como si siguieran un manual –el protocolo para investigar desapariciones se aprobó apenas en marzo del 2015–, las autoridades actúan igual y las quejas constantes se repiten: los familiares denuncian las mismas omisiones, la burocracia, la falta de interés y de atención, el que se justifican diciendo que no hay recursos, el que les piden dinero si quieren seguir con las investigaciones, el que no les dicen realmente si hay avances ni en qué consisten.
Al señor José no les consta si de verdad están investigando o no, pero ha esperado más de cuatro horas en la Unidad Especializada en Desaparición de Personas de la PGJ esperando a que llegue alguien a atenderlo y saber los avances del caso. Ninguna autoridad le llama a la familia de Osvaldo, ellos son quienes tienen que estar insistiendo y haciendo visitas constantes que siempre terminan en lo mismo: nada.
La señora Olga habla pausada. Al cabo de una hora, un poco más, dice que ahora finalmente puede hablar de la desaparición de su hijo. Porque antes las entrevistas las daba su esposo, que es quien ha estado yendo constantemente a la Procuraduría y a todas las instancias donde podrían darle informes de su hijo. Ella antes no podía ni hablar, dice, porque la atravesaba el llanto.
En 2014, de acuerdo con datos de la PGJ obtenidos vía Infomex, desaparecieron en el municipio de Puebla 285 mujeres y 148 hombres, de los cuales 60 seguían sin ser encontrados hasta marzo de 2015. Uno de ellos es Osvaldo. Si bien los varones fueron poco menos de la mitad de las mujeres, las desapariciones de hombres van también en aumento: en 2013 la PGJ registró 76 casos y en 2012 fueron 32 los reportes.
Del 1o de enero al 22 de julio de 2015, fueron reportadas como desaparecidas/ no localizadas 420 personas en el estado de Puebla. Del total, hasta la fecha de respuesta a la solicitud de información 00231115 de la PGJ, 209 seguían sin ser localizadas, lo que representa a la mitad de las personas extraviadas. En tan sólo siete meses la cifra supera a los datos de todo el 2014, que registró un total de 433 personas desaparecidas, de las cuales a marzo de este año 270 habían sido ya encontradas mientras que 162 todavía seguían desaparecidas.
De hecho, Puebla forma parte de un corredor de municipios donde más desaparecen personas en el estado.
Aunque en Puebla no se habla públicamente de desaparecidos, el fenómeno se ha extendido y ha ido poco a poco ocupando los reflectores de la opinión pública, en tímidos pero consistentes intentos de la sociedad civil de unirse y visibilizar a los que faltan. El sábado 25 de julio alrededor de 80 personas salieron a marchar del Paseo Bravo al zócalo de la ciudad de Puebla, pidiendo justicia y que sus familiares fueran encontrados. Una de las tres familias que lo hicieron fue la de Osvaldo.
Ver comentarios (0)