¿Quién es Pancho Perico?
Aranzazú Ayala Martínez
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
28 de mayo, 2015
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Antonio nació para darle vida a Pancho Perico, a Max Camote y prácticamente a todo tipo de botarga, aunque quizás más que darles vida les inyecta pasión, y así, más que un trabajo o un oficio se ha convertido en un particular modo de vida 

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Pancho Perico nació de un milagro.

En noviembre de 2011, Antonio Coca Roura era la botarga de los Venados de Mazatlán. Ese año, una caída de una altura de 4 metros lo dejó cuadrapléjico. Una astilla le cortó la médula y le pusieron una suerte de prótesis de titanio en el cuello. Contra todos los pronósticos, volvió a caminar para convertirse no sólo en Pancho Perico, sino también en Max Camote, mascotas de los equipos de béisbol y fútbol de Puebla, sin menospreciar la posibilidad de ser botargas infantiles como Dora la exploradora, o un Minion y hasta “Chente” Fernández.

Antonio es un hombre joven y ahora está sentado en medio de su taller, rodeado de estantes con caras gigantes de animales y personajes, hechas de un material espumoso y ligero. Ahí está Max Camote, “Chente” y Goyo el puma, mascota de los Pumas de la UNAM. Arriba está Dora la exploradora y a su lado un león. También hay un gigantesco “minion”, una estructura a la que el botarguero debe meterse agachado.

La historia empieza hace 18 años con un concurso de disfraces en un antro: a Antonio y a un amigo suyo se les ocurrió hacer a Batman. Su amigo sabía hacer los disfraces de espuma y Antonio dibujaba, entonces armaron al personaje y ganaron el concurso. De ahí lo invitaron a ser Loreto, el loro que era la mascota de la Feria de Puebla en ese entonces, y dijo que sí. “Pues está uno chavo, pues se avienta a todo”, dice.

Aunque muchos piensan que estar dentro de la botarga es un castigo, por el calor y el cansancio físico, para él, dentro del disfraz el tiempo vuela: cuando lleva tres horas dentro del personaje, le parece que apenas ha pasado una.

Pancho Perico Foto: Marlene Martínez

Pancho Perico
Foto: Marlene Martínez

El rey del diamante

Un hombre delgado y sonriente, de cabello chino y ojos oscuros llega al estadio de béisbol Hermanos Serdán en su Cabrío azul oscuro. Baja del coche y saluda a todos, a los porteros, los de los boletos, las señoras de las cemitas, al de la cerveza: a todos. Es martes, el inicio del clásico Pericos vs Tigres.

“¡Buenas tardes!”, grita Antonio mientras sonríe. Si algún policía no lo reconoce, le dice en tono de broma “qué pasooooo”, el policía se disculpa “N’ombre mi joven”, y los dos ríen.

Luego de las primeras entradas salen las porristas y de repente, a mitad del espectáculo, aparece el perico gigante con los pectorales marcados y el uniforme del equipo. Los silbidos lo reciben. Pancho Perico baila, mueve la cadera, hace pasos sexis. También imita los movimientos de los jugadores. Luego se acerca a la gente, le piden tomarse fotos con él, Pancho se deja querer, posa, saluda.

Pareciera que durante sus apariciones, el partido es más suyo que de los jugadores. Luego el tiempo retoma su ritmo, hasta que sale de nuevo y baila, se tira, se mueve, imita. El Perico gigante y musculoso es el dueño del diamante.

El público poblano, el más exigente

Antonio dice que si a un payaso le cuesta trabajo ganarse la risa y aceptación del público, para una botarga el trabajo es doble, porque todo se tiene que hacer con pura expresión corporal. Los movimientos deben ser exagerados, deben poder verse y entenderse de lejos para generar una conexión con la gente. El botarguero que creó al famoso Pancho Perico y encarna a Max Camote dice que uno se tiene que sentir el muñeco.

Aunque esa conexión también depende del público. El poblano es muy exigente. Lo dice sin dudar. Si en Mazatlán con un gesto sacaba las carcajadas del público, en Puebla apenas arranca una risita.

Además cada deporte tiene su particularidad. En el béisbol es un poco más el acercamiento porque el botarguero tiene sus tiempos específicos para el show, para interactuar con el público. En el basquetbol incluso se está físicamente más cerca de la gente, y el más complicado es el futbol, por la lejanía y el poco tiempo que hay para hacer el espectáculo. En el fútbol americano es otra cosa, porque el ambiente es mayormente universitario, con jóvenes de distintos lugares del país, y es el público “que más se revienta, donde más se prende la gente”. A cada lugar, dice Antonio, hay que acoplarse y ser espontáneo, no hay que ofender a las personas, hay que asegurarse que sepan que las bromas son parte del espectáculo.

Cuando llegó a la UNAM para convertirse en Goyo el Puma, la famosa porra de la Rebel le dio la espalda, hasta que Goyo se subió la camiseta y vieron que debajo traía una playera de la Rebel algunos se voltearon a verlo, le mentaron la madre. Él se las mentó de vuelta y así se los ganó. “Tienes que agarrar el modo de la gente”, explica, y el trabajo “depende mucho del alma del muñeco”. Si no sabes mover a la botarga, “no pega”, y el público sí nota la diferencia cuando otra persona se pone el disfraz.

Foto: Marlene Martínez

Foto: Marlene Martínez

Una forma de vida

Dentro de la botarga los accidentes pueden ser terribles; aparte de su propia experiencia en Mazatlán, Antonio dice que hace falta una cultura de respeto. En ocasiones incluso los propios papás les dicen a sus hijos que le peguen a los muñecos, sin saber lo delicado que puede ser. Hay disfraces tan pesados que las personas que los llevan pueden romperse el cuello con una tacleada.

Aunque lo de las botargas empezó como un hobby, terminó por convertirse en una forma de vida, en su trabajo y en un negocio familiar que poco a poco va creciendo. Ahora también confecciona botargas y el plan a mediano plazo es capacitar a quienes las utilicen, pues no es cualquier cosa. Desde su accidente ya no carga cabezas tan pesadas para los disfraces, y ha creado su técnica propia con materiales más ligeros y otros acabados, para que pesen menos, duren más y se limpien fácilmente.

Para estar dentro de un personaje hay que saber cómo moverse, cuánto tiempo usarla, cada cuánto hidratarse y ser cuidadosos. Se necesita mucha condición física por el desplazamiento y el agotamiento que implica.

Antonio recuerda que en una ocasión, cuando fue el debut de Pancho Perico, hizo la entrada más espectacular de toda su carrera: en paracaídas. Por no sujetarse bien la cabeza se le estaba cayendo y tuvo que decidir si la cabeza o los pies. Para salvar al personaje fueron los pies, y consiguió un esguince.

Vivir al personaje

Antonio es, dentro y fuera de la botarga, Pancho Perico. Y Max Camote. Y cualquier personaje que encarne: se vuelve él, le entrega todo. Aun con cuello biónico y esguinces sigue siendo poniendo el alma. Y la entrega tiene sus satisfacciones, muchas personas van al juego también por él.

Antonio no es un actor. Antonio es sus personajes y sus botargas. Para esto nació la primera vez, y la segunda… de milagro.

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Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”