El sonido en silla de ruedas
Después de un tiempo de existir, varias luchas y una debilidad por las mujeres y los trancazos, Súper Órbita Junior desapareció. Su cuerpo de 18 años quedó aplastado en el Cavalier Z24 que se llevó a Veracruz con tres amigos a un evento de lucha libre. Después de fiestear toda la noche, de acabar de “comerse el mundo”, dice Javier, se quedó dormido mientras manejaba.
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
29 de enero, 2015
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Su sueño era ser luchador, pero la vida le dio a Súper Órbita Junior una segunda oportunidad de comerse el mundo a través del Sonido Discapacidad, haciendo la fiesta y llevando la música, en silla de ruedas. 

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Después de un tiempo de existir, varias luchas y una debilidad por las mujeres y los trancazos, Súper Órbita Junior desapareció. Su cuerpo de 18 años quedó aplastado en el Cavalier Z24 que se llevó a Veracruz con tres amigos a un evento de lucha libre. Después de fiestear toda la noche, de acabar de “comerse el mundo”, dice Javier, se quedó dormido mientras manejaba.

Le ganó el sueño. El carro quedó como acordeón. “Se acabó, se acabó”.

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El 10 de abril de hace 17 años fue la primera vez que Francisco Javier Tzompa Arana tomó el micrófono de un sonidero. Era la celebración del mercado Emiliano Zapata, cerca del centro de la Ciudad de Puebla, donde está el negocio de su papá. Ese día tocó don Armando Cuautle, el Sonido Máster, uno de los más reconocidos del estado. Y cuando le prestó el micrófono a Javier, “me comió”, se quedó mudo. Aunque ya había estado frente al micrófono en eventos de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de octubre, de la que su papá formaba parte, no fue lo mismo. “Es diferente hablarle al gobierno”.

Javier lo recuerda y es como si todavía le dieran nervios, mueve las manos y los ojos, su boca es una sonrisa permanente. Hablarle a las personas es una enorme responsabilidad, y un sonidero no es un simple DJ que pone discos de música tropical, es un locutor que le da voz a la gente leyendo sus saludos y palabras, que presenta los nuevos temas, que sube y baja los ánimos de la concurrencia, que puede controlar la pista de baile, que lleva el equipo, que monta y desmonta: el sonidero hace la fiesta.

El debut de Javier como sonidero fue en su pueblo, en la junta auxiliar de San Bernardino Tlaxcalancingo, en San Andrés Cholula, en el barrio de Xicotzingo, que también es el de su papá, en un bautizo.

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Un 4 de abril de hace casi dos décadas, Javier se casó. Al día siguiente se fue de luna de miel a Cancún y regresando viajó a Veracruz con tres amigos a un evento de lucha libre. Uno de ellos, dice, era padrote. Se fueron en el lujoso Cavalier, toda la noche de fiesta con mujeres. “Anduvimos comiéndonos el mundo. Y al acabar de comernos el mundo ahí se acabaron los sueños de Súper Órbita Junior”. La travesía posterior al accidente fue igual de trágica: desde Chachalacas lo llevaron “en una ambulancia del año del caldo” hasta el puerto de Veracruz. En el hospital no tenían collarín, lo improvisaron enrollando una toalla y así lo inmovilizaron.

De alguna manera Súper Órbita Junior tuvo que desaparecer para que naciera Sonido Discapacidad. Aunque desde su silla de ruedas Javier sigue luchando, mezcla la música y manda los saludos con su máscara puesta. Súper Órbita Junior vive en la música.

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Como discapacitado, dice, ha tenido que aprender muchas cosas. Ha visto que de los que se dicen amigos para la fiesta sobran, pero en reales son muy pocos.

Como sonidero ha ido creciendo lentamente, “como tortuga”, recordando cada paso, aprendiendo de él, pero antes era “como el pinche conejo” del cuento, que nada más corría y corría a lo loco, llegando sin saber a dónde o por qué.

Foto: Marlene Martínez

Foto: Marlene Martínez

Javier es corpulento y tiene las mejillas muy redondas, la piel morena y el cabello negro y muy liso, recogido en una pequeña coleta. Está sentado en su silla de ruedas entre los aparatos de pesas del gimnasio del Tarahumara, luchador profesional de la Triple A, con quien empezó a entrenar desde antes de tener 16 años.

El Tarahumara lo acompañaba al hospital San José donde Javier hacía ejercicios de rehabilitación, agarrando las muletas y brincando, moviéndose. Él creía que volvería a caminar, hasta que un día en consulta la doctora le dijo que “así de fácil: hay veces que van caminando, hay veces que no. La última palabra el que la da es Dios, nosotros ya hicimos lo que teníamos que hacer”.

Quizá ese día comenzó a aceptar que no volvería a utilizar sus piernas: le pegaba a la pared, le pegaba a sus piernas, fuerte, moviendo sus anchos brazos. Pero su última esperanza se le fue cuando el papá de su ex esposa lo llevó con un señor que utilizaba cuarzos. Cuando a la piedra amarrada con un hilo le preguntaron si Francisco Javier Tzompa Arana iba a volver a caminar, ésta se balanceó lateralmente, en señal de que no. Javier no creyó, así que tomó personalmente el cuarzo, volvió a preguntar y obtuvo la misma respuesta: no, “sin cotorrear”.

No le desea ningún mal a nadie y ha aprendido a controlar sus palabras. Le puso Sonido Discapacidad no para burlarse ni como sarcasmo, sino para aprender a vivir así, asumirlo. Y recuerda mucho las palabras que le dijo una vez su hermana, “tú eres débil de tus piernas pero tienes una voz para ser mejor”.

En su trayectoria como sonidero, Javier ha logrado compartir escenario con grandes como Sonido Samurai y Sonido Fantasma, ha tocado en Guerrero y Pachuca, ha recibido tres discos de oro de Titanio Récords, conoció a Los Temerarios y suena ya en Estados Unidos.

–El nombre ya está –dice en referencia a Sonido Discapacidad-. Francisco Javier Tzompa Arana volvió a revivir en el sonidero.

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Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”