Thomas Scior, un farmacéutico sin fronteras

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BUAP

A través de la mirada de Thomas R. F. Scior, doctor en Farmacia e investigador de la Facultad de Ciencias Químicas de la BUAP, la ciencia sólo puede ser vista como humanismo. Cuando en 2009 emergió un nuevo virus de influenza A (H1N1) aceptó el reto de contribuir en la atención de la contingencia médica y tres años más tarde obtuvo dos moléculas para desarrollar un nuevo antiviral contra la influenza humana y animal, de bajo costo y menor complejidad que los existentes.

Frente a los antivirales de alto costo, cuya síntesis representa un largo proceso que en contingencias médicas puede ser un freno en el abastecimiento, con un grupo de colaboradores Thomas Scior se dio a la tarea de descubrir un nuevo fármaco contra ese mal, en un campo que no era el suyo: la virología.

De iniciar con millones de sustancias químicas como candidatas, en dos años de simulaciones moleculares computacionales la búsqueda virtual se redujo a sólo dos como un éxito fulminante, gracias a su intuición científica. Hoy el descubrimiento de ambas moléculas está en vías de lograr la patente ante Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

“Para desarrollar un nuevo fármaco en forma de medicamento registrado a nivel internacional, la industria farmacéutica transnacional necesita normalmente de diez a quince años y de uno a 2 mil millones de dólares de inversión. Tenemos las moléculas candidatas antivirales para seguir adelante, allí surgió la idea de la BUAP de patentar su uso. Ambas sustancias se caracterizan por una simple síntesis para obtener antivirales orales a gran escala industrial y no existen elementos para temer grandes problemas de toxicidad. La esperada inocuidad se debe a que todas las partes de las dos sustancias son fragmentos sintéticos conocidos o del cuerpo humano. Estos son los valores agregados”, comenta el científico de origen alemán.

Para él, los problemas son retos y la ciencia el camino. “No cerremos los ojos, seamos pilares que sí ven, sí observan, sí critican, y así estaremos abonando por una mejor sociedad”, expresa.

Como científico y como persona, su pasión son los retos, y México, en plena reestructuración y desarrollo, se abre como un amplio horizonte en la búsqueda de nuevos paradigmas.

En su modesto laboratorio de la Facultad de Ciencias Químicas de la BUAP, donde empezó a trabajar como académico en 1998, transcurre la entrevista. Sus largas y delgadas manos se mueven y entrelazan en una conversación paralela. Tras las gafas, los ojos azules se hunden en dos oquedades.

Su natal Alemania es punto de referencia en su filosofía en torno a la Farmacia. Originario de Heidelberg, al sur de Alemania y una de las pocas ciudades que se salvó de la destrucción durante la Segunda Guerra Mundial, dotada de una universidad de origen medieval y centros de alta tecnología e investigación de punta, Thomas Scior nació en el seno de una familia de farmacéuticos, heredero de una cultura ancestral en esa disciplina.

Sus antepasados fueron propietarios de una farmacia; en sus orígenes, una bodega con mostrador y salas de preparación galénica de los remedios de entonces. Ésta, de estilo medieval, se legó de generación en generación hasta su padre, también farmacéutico, quien la donó al Museo de la Historia de la Farmacia ubicado en el castillo de Heidelberg.

“En la BUAP hay dos carteles grandes con una foto de dicha farmacia. Cuando yo visito los sitios donde están colgados, siempre me veo en la fila de la herencia y las generaciones”, expresa. Por sus pequeños y azules ojos se refleja la nostalgia.

Como profesor investigador se incorporó a la BUAP en 1998. Cuatro años antes, durante sus estudios de doctorado en Tubinga, participó con otros universitarios alemanes en la traducción del plan de estudios de la nueva Licenciatura en Farmacia que se abría en la Institución. Sus conocimientos del francés, italiano, latín y griego le facilitaron la traducción de los términos científicos. El proyecto iniciado por el doctor Hermann J. Roth, de la Universidad de Tubinga, Alemania -quien recibió el grado de Doctor Honoris Causa por la BUAP en 1999-, fue apoyado por agencias gubernamentales de desarrollo e intercambio académico, mediante la embajada alemana.

En 2009 fue invitado por la Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado de la Institución para participar en el diseño y obtención de nuevos antivirales contra la influenza cuando estaba en pleno apogeo.

“El reto fue muy grande ya que no soy microbiólogo o virólogo; tuve que posponer algunos proyectos con perspectiva de éxito y arriesgarme con algo totalmente desconocido. Entonces dije con prudencia de investigador ‘necesito tres años para contar con algo concreto’. Así, en 2012, junto con un equipo de colaboradores, logramos resultados”, refiere.

El primer paso fue la lectura para conocer a fondo los mecanismos de acción de los antivirales existentes y las opciones para atacar un blanco molecular en el virus. Después de hacer simulaciones moleculares computacionales, para definir un nuevo antiviral ideal contra la influenza humana, se hizo la búsqueda en computadoras para filtrar candidatos similares al modelo ideal diseñado entre millones de sustancias químicas conocidas, por ejemplo reactivos químicos en catálogos industriales.

El segundo paso fue la síntesis de candidatos, y el tercero las pruebas biológicas. Este último, en colaboración con el centro de virología, CIBIOR, IMSS, Metepec. Los participantes en el proyecto fueron una estudiante de maestría, la QFB Karina Cuanalo Contreras, y el doctor Ygnacio Martínez Laguna, por parte de la BUAP; así como el doctor Gerardo Santos López, los maestros en Ciencias Luis Márquez Domínguez y Juan Carlos Flores Alonso, así como el doctor Julio Roberto Reyes Leyva, del IMSS.

“Una de las dos antivirales es una sustancia clásica que tiene todas las características de un fármaco ‘normal’, tal como se reconoce, estable, administrado de forma oral; la otra molécula existe en forma endógena en el cuerpo, es parte de muchísimas moléculas del cuerpo, y con alteración química se da la propiedad antiviral. Ya que constituye una sustancia natural artificialmente modificada, permite ser patentada. Este descubrimiento reduce enormemente los costos, su forma de obtención a escala industrial representa quizá una mínima parte de los costos de fármacos como el Tamiflu®. Por eso yo le llamaría a los dos futuros medicamentos Tomiflu N y Tomiflu AA”, sonríe.

De ser un joven introvertido, aislado, formó una familia con raíces mexicanas y germanas: “nunca pensé convertirme en papá, hoy es un hecho y esta parte de mi vida, de ver el desarrollo de un bebé, luego un bebé más grande y después un pequeño niño que crece y sigue creciendo, me provoca mucha emoción. Estar con él es un viaje a mi propio pasado, con su sonrisa, sus enojos, sus dudas y juegos, uno puede cerrar los ojos y ver cómo era uno antes”.

Thomas Scior forma parte de “Farmacéuticos Sin Fronteras”. El humanismo es una directriz en su vida, y como parte de su responsabilidad social participa en programas sociales y ecológicos. La naturaleza, su hábitat por donde realiza largas caminatas; correr, nadar, acampar en las alturas de una montaña. La ciencia, reitera, sólo puede ser vista como humanismo.

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