Mariangela Paone | Frontera D
Al otro lado de la calle, en las proximidades del Mercado Central, la gran lonja que es el corazón de la zona, hay un trajín de gente vendiendo lo que puede. Ajos, CD, ropa usada. Pero si hay un lugar en la calle Athinas donde se puede olvidar la crisis durante unos segundos, es este mercado. Lo primero que se escucha es el griterío constante de los pescaderos, con sus puestos ordenados uno detrás de otro e iluminados por lamparitas colgantes como si fueran árboles de navidad. Más allá están las carnicerías, muchas en manos de inmigrantes albaneses que gritan tan fuerte como sus colegas y no escatiman en piropos para atraer a la clientela. Y luego están los puestos de aceitunas, de quesos, de especias, de frutos secos.
Cuando se sale del embrujo de olores, la crisis reaparece en los detalles. Los cortes de carne expuestos no son los más preciados, hay mesas llenas de huesos y casquería, y en hora punta de un día normal no hay ninguna cola delante de ningún puesto. En las salidas del mercado, tanto en las que dan a la calle Athinas como a las vías aledañas, hay alguien pidiendo limosna en cada esquina.
En una de esas calles, un grupo de hombres gesticula y habla animadamente. El objeto de la pelea es la multa que le acaban de poner a un motorista por aparcar en la acera. “Le han sancionado con 80 euros por haberse parado cinco minutos”, dice un señor que contempla la escena. Otro agente de la policía municipal ordena a una mujer en moto que se detenga y la multa con otros 80 euros. “La culpa no es de los agentes, es del alcalde. Quieren recaudar dinero”, dice el mismo hombre. “Pero ¿si hay una ley que impide aparcar?”. No deja que termine la pregunta y contesta: “Con todos los problemas que tenemos en Grecia, este no es el principal”. El señor trabaja en una perfumería a pocos metros del lugar de la escena. Las ventas han bajado un 80% desde 2009. A él no le han rebajado el sueldo, pero da igual. “Vamos a ser los siguientes en cerrar”, espeta.
En uno de los muros de la calle hay pegado un dibujo, que aparece también en otras vías del centro. Es una parodia del cartel que anunciaba el espectáculo Alegría del Circo del Sol, que actuó en Atenas en septiembre de 2012. El dibujante retrató al primer ministro Samarás en la misma postura que la mujer vestida de ángel que aparece en el original. Debajo, una palabra: anergia. Desempleo, en griego.
En la acera, hay gente vendiendo ropa de segunda mano y todo tipo de baratijas. El señor de la perfumería no se descompone.
—Es normal. Pasaba también antes de la crisis. ¿Vosotros en España o en Italia no tenéis a gente en la calle? ¿No veis que la crisis es global? Lo que ha pasado es que mucho dinero se ha concentrado en muy pocas manos.
Lo que ha dejado de ser normal es la crispación que se respira en las calles, donde la rabia parece ser la única herramienta para enfrentarse a la resignación. Y la tensión, en una situación de nervios al límite, se transforma en violencia. Así, sucede que en una mañana cualquiera de otoño, a plena luz del sol, una mujer aparece, blandiendo un bate de béisbol, persiguiendo a un hombre al que acusa de haberle robado. Lo más impactante es que los que asisten a la riña parecen casi indiferentes.
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