Lado B
(No) solo de performance vive el hombre
Una de las expresiones del arte contemporáneo que más me cautivan es el performance. El definir sus límites es algo que rebasa a muchos. El justificarlo, por otro lado, es motivo de apoyo y franco repudio, según sea el caso. Desde esta última trinchera escribe la crítica mexicana Avelina Lesper -“La Furiosa”, como la apoda el artista Felipe Ehrenberg-: “Hay un esfuerzo descomunal por justificar y explicar la existencia del performance, por establecer que es el arte de nuestro tiempo, que todas las acciones tienen sentido y que si alguien camina o se resbala por un tobogán está haciendo una reflexión filosófica sobre el cuerpo y el espacio”.
Por Lado B @ladobemx
27 de abril, 2014
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Alonso Pérez Fragua

@fraguando | #LaEternaIncomprendida

Una de las expresiones del arte contemporáneo que más me cautivan es el performance. El definir sus límites es algo que rebasa a muchos. El justificarlo, por otro lado, es motivo de apoyo y franco repudio, según sea el caso. Desde esta última trinchera escribe la crítica mexicana Avelina Lesper -“La Furiosa”, como la apoda el artista Felipe Ehrenberg-: “Hay un esfuerzo descomunal por justificar y explicar la existencia del performance, por establecer que es el arte de nuestro tiempo, que todas las acciones tienen sentido y que si alguien camina o se resbala por un tobogán está haciendo una reflexión filosófica sobre el cuerpo y el espacio”.

Surgido en la segunda mitad del siglo XX con influencia de Antonin Artaud, los dadaístas, los situacionistas, del movimiento Fluxus y del arte conceptual en general, toda pieza de performance pone en tela de juicio las posiciones tradicionalmente claras y bien definidas que ocupan el artista, la obra, el espectador, así como las instituciones y el mercado del arte, dice Adrian Parr en The Deleuze Dictionary.

Todo hombre es un artista. Documental

Es precisamente esta ruptura de barreras entre observador/público y observado/artista que más llama mi atención; esa posibilidad de cruzar la frontera y ser parte activa de una pieza de arte. También, la sencillez que muchas acciones performáticas tienen a nivel formal pero que contienen un mensaje poderoso, es un elemento más que me gusta destacar.

Veamos por ejemplo una de las más recientes obras de Marina Abramović (Serbia, 1946), una de las pioneras de esta disciplina. En la retrospectiva que le organizó el MoMA de Nueva York, su acción presentada en vivo y pensada para la ocasión, consistió en sentarse en una silla todos los días -desde poco antes del inicio de actividades del museo, hasta poco después del cierre cada noche-, inmóvil, con la mirada hacia la nada, esperando a que la pieza cobrara vida a través de la participación de los visitantes quienes eran “alentados a sentarse en silencio frente a la artista por un periodo que ellos mismos determinaban, volviéndose parte de la obra” al interactuar con Marina tan solo con ocupar el espacio vacío frente a ella y entablar una conexión “espiritual”, si se quiere ver así.

The artist is present se llevó a cabo entre el 14 de marzo y el 31 de mayo de 2010, teniendo como elementos un par de sillas y una mesa (a veces) –prescindibles, al fin y al cabo- y dos cuerpos, uno de ellos que mostraba fuerza, entereza y un alma a disposición de la mirada ajena. Ese cuerpo, además, era  prueba de disciplina y preparación para ganar todos y cada uno de los “concursos de miradas”, para controlar esfínteres y suprimir su necesidad de alimento y bebida. Y ante estas características, aquellos que estaban a punto de exclamar “ay, qué fácil: mi hijo de 5 años lo puede hacer”, piensan dos veces antes de proferir su frase en voz alta.

Lo más difícil es hacer algo que sea cercano a nada pues eso te pide todo”.

Experiencias como las de Abramović ponen sobre la mesa el uso del cuerpo como herramienta principal del artista. Hay otras, sin embargo, que se enfocan sobre todo en romper las barreras de las que escribía líneas arriba y proponer nuevas formas en más de un sentido. De una de estas experiencias quiero platicarles ahora. Se trata de la serie (No) solo de pan vive el hombre de Santiago Pérez, estudiante de Artes Plásticas de la UDLAP.

A través de sus hasta ahora siete acciones, la serie de Santiago busca, según sus palabras, introducir “prácticas marginales al mundo del arte contemporáneo”, así como (re) pensar las formas en las que se establecen relaciones humanas a partir del dinero. En su segunda pieza, el joven analizó el territorio más propicio en Puebla y el DF para pedir limosna en “nombre del arte contemporáneo”, en monedas de un peso exclusivamente: del 1° de octubre al 11 de noviembre de 2012, “trabajando” de una a cuatro horas por día, logró cerca de 10 mil pesos, libres de impuestos. El dinero que luego usó en otras piezas no fue lo único que obtuvo. Lo más importante fue el contacto con la gente que, extrañada por ver a un mendigo de tez blanca y bien vestido, entablaba conversaciones sobre los motivos de estar ahí y descubrir a qué se refería con “dinero para el arte contemporáneo”.

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Limosnero y con garrote: solo monedas de a peso. Foto: José Fernando Pérez García

Aunque en un inicio la idea era usar el dinero para adquirir el material para sus obra –pintura, lienzo, etcétera-, Santiago se dio cuenta que la serie debía tratarse sobre el uso de esas monedas de un peso como materia prima de su trabajo. Así, al llegar a la número seis, presentada en la Muestra de trabajos AD/OPTA & ADAPTA Quinta edición de Capilla del Arte UDLAP, mil de esas monedas sirvieron como base para una reinterpretación de Hago regalos, de la artista alemana Christin Lahr, parte de la exposición Ejemplos a seguir: Exploraciones en estética y sustentabilidad.

La pieza consistió en un proceso de intercambio que duró diez días: cada mañana, asistía con mil monedas de un peso para cambiarlas por un billete de mil para luego, por la tarde, hacer el proceso inverso, en el mismo banco. “El proyecto se basa en la reflexión sobre el intercambio de dinero desde factores como la escala, el ritmo y la velocidad. Después del cambio, se contará el dinero para ver si hay una falta o excedente con referencia a los mil pesos iniciales; todo se registrará en una bitácora”, explicaba Santiago en su propuesta.

“La pieza busca reflexionar, en parte, sobre la incapacidad biológica por acumular determinada cantidad de información, tanto matérica como abstracta. Busca señalar puntualmente los errores que suceden en el intercambio de bienes, las fugas y olvidos, la desatención generada por el cambio de intensidad en juegos representacionales legalizados, en este caso, el intercambio de capital”.

Para conocer más sobre este experiencia y cómo la presentó en la galería de Capilla del Arte, en el blog de AD/OPTA & ADAPTA se puede leer al respecto, además de acceder a la bitácora que Santiago elaboró con sus reflexiones y archivos de sonido de lo registrado de manera subrepticia en sus visitas al banco. Basta adelantar que tras la última transacción, hubo un balance negativo de más de cien pesos.

Luego de ese vínculo con el espacio cultural UDLAP, el joven se acercó de nuevo para proponer una nueva acción, la número siete de la serie, la cual continuó usando el dinero de las “limosnas” para el arte contemporáneo, pero ahora con una participación directa del público y un resultado plástico: un cuadro hecho con monedas de un peso.

Los 14 participantes involucrados en (No) solo de pan vive el hombre VII llegaron al foro de Capilla del Arte el 15 de marzo de 2014, durante Noche de Museos. Invitados por Santiago y por el propio espacio, el público fue el protagonista del performance al entablar un concurso de “volados” donde el artista fungió como coordinador y “banco” pues para iniciar las acciones, cada participante debía determinar con cuánto dinero entraría y cambiar esa cantidad por las monedas de un peso que el banco le proporcionaba. El premio: la propia obra que se construiría de manera colectiva.

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Preparativos para (No) solo de pan vive el hombre VII. Foto: @CapilladelArte

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Preparativos para (No) solo de pan vive el hombre VII. Foto: @CapilladelArte

Relojeros, encargados de prensa de embajadas en México y profesores universitarios convivieron así con estudiantes de preparatoria, de Artes Plásticas, de Negocios Internacionales y de Comunicación en este peculiar concurso que duró cuatro horas y media y que les requirió de entre 100 y 200 pesos como monto de entrada. En cada turno, la persona “cantaba” su volado y, si erraba, la moneda era pegada sobre el lienzo en blanco. Al final, la obra se construyó gracias al azar y a mil 44 monedas de las 2 mil 700 que el lienzo podía albergar y que constituían el “capital” inicial de la acción[1].

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Materiales: lienzo en blanco, pegamento y monedas de un peso. Foto: @CapilladelArte

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Materiales: lienzo en blanco, pegamento y monedas de un peso. Foto: @CapilladelArte

La acción de aventar una moneda al aire es, ciertamente, repetitiva y en extremo mecánica; algo que de inicio no tiene nada de artístico o creativo. Sin embargo, como se ha planteado desde el inicio, este performance buscó romper las barreras entre artista y público e invitar a una reflexión sobre los otros usos que se le puede dar al dinero. En ese sentido, cabe destacar que, con el pretexto de esta acción, las 14 personas que, en su mayoría no se conocían, acabaron conviviendo y charlando sobre la pieza misma pero sobre gran cantidad de temas, amén de que contribuyeron a dar vida a una pieza plástica que hace un comentario sobre la pintura y la relación del dinero y el mercado del arte.

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El dinero como detonante de relaciones humanas. Foto: @CapilladelArte

Tras concluir el experimento artístico-social que tuvo como ganador a Pato, estudiante de Comunicación de la Ibero del DF, Santiago sigue pensando en variaciones de este mismo “concurso de volados” que arrojen obras plásticas, además de buscar el ingreso de (No) solo de pan vive el hombre VII a la Bienal de Pintura Rufino Tamayo.

“Aunque sigue teniendo el trasfondo simbólico que el dinero implica, la pieza trata principalmente de la utilización de las monedas como elemento matérico para la construcción de un objeto que es, finalmente, un producto pictórico”, dice el estudiante de Artes.

“Mirando en retrospectiva la pieza, me parece que se cumple el acometido de la serie: provocar distintas aproximaciones y relaciones entorno al dinero, posibilitar distintas reconfiguraciones simbólicas de intercambio y comprensión del capital.

“También, con el resultado obtenido, he pensado que se pueden dislocar las reglas del juego con un grado de arbitrariedad flexible, es decir, uno puede elegir que el ganador sea el que más dinero acumule, sin embargo, también podría recompensarse al que más volados en serie fueron adivinados, o su contrario, por ejemplo.

Me parece que sería interesante, a nivel de relaciones sociales, probar la pieza en distintos contextos. Pienso que el tipo de relaciones, roces y concepciones sobre la obra podrían variar y enriquecerla”, concluye Santiago.

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El azar, la pintura y las nuevas prácticas del arte contemporáneo: NSPVH VII. Foto: @CapilladelArte

 


[1] Aunque comúnmente se habla del volado como una acción con las mismas probabilidades de sacar águila o sol (probabilidad 50-50), la realidad es que factores como la fuerza al arrojar la moneda, el viento y otros crean una proporción distinta; algunas fuentes hablan de 49-51. Sin embargo, en el caso del performance de Santiago, los mil 44 volados errados representan casi 39 por ciento del total (39-61). Esto pudo deberse a distracciones diversas al realizar el concurso, a monedas que no siempre caían en la mano del que la arrojaba, y a la distracción y agotamiento general luego de 4 horas de emprender el inicio de la acción. Consciente de todo esto, para sus siguientes performance Santiago busca modificar las reglas y dinámica para obtener mejores resultados.

Changaplana PunketaAlonso Pérez Fragua es gestor y periodista cultural. Desde 2012 coordina Capilla del Arte, espacio cultural de la UDLAP. Actualmente estudia el Posgrado Virtual en Política y Cultura en América Latina de la UAM-Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs en Puebla.

Imagen: La Changaplana Punketa, de Ángel Vázquez. Aerosol. 2012.

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