Pavol Stracansky | IPS
Kiev. Aunque se supere la persistente ola de violencia en Ucrania, el profundo descontento social que la generó no desaparecerá de un día para otro.
Las protestas contra el gobierno comenzaron en noviembre como respuesta generalizada a la decisión del presidente Viktor Yanukovych de dar la espalda a la primera fase de adhesión a la Unión Europea (UE).
Sin embargo, pronto se convirtieron en expresión más profunda de descontento y frustración con el gobierno.
“Todo comenzó con la decisión repentina de no firmar un acuerdo con la UE, pero se trataba de más que eso. La gente estaba cansada del gobierno de Yanukovych”, declaró Valerii Drotenko, una manifestante de 45 años, en entrevista con IPS.
Desde que Yanukovych asumió el poder en 2010, se han vulnerado las libertades civiles, los opositores han sufrido fuerte represión y la independencia e integridad de las fuerzas del orden han desaparecido, según denuncian grupos de derechos humanos locales e internacionales.
Al mismo tiempo, hay una creciente percepción pública de corrupción generalizada, amiguismo y nepotismo en el gobierno. Los detractores han denunciado que Yanukovych concentra el poder político en su propia oficina y, al mismo tiempo, está convirtiendo a su familia en un factor de riqueza y dominio social.
A todo esto se suma que la economía de Ucrania atraviesa un momento difícil desde la crisis financiera de 2008. Su moneda está al borde de la devaluación, los déficit comercial y presupuestario se han disparado y el país lleva 18 meses en recesión.
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