Javier Barrios | PijamaSurf
En todo contexto cultural, desde las grandes civilizaciones hasta las más pequeñas y prístinas tribus, los sueños han desempeñado un papel importante, y en este sentido parece que ambos, ellos y nosotros, estamos condenados a coexistir interminablemente. El mundo de los sueños es esencialmente misterioso, y por más que llevamos siglos reflexionando alrededor de esta ‘realidad’ alterna, tal vez una porción considerable de su naturaleza se mantendrá siempre a salvo de nuestro entendimiento.
Soñar nos remite a resquicios de la mente, desprende filamentos asociados a lo trascendental, quizá a lo místico y proyecta patrones arraigados en lo más profundo del universo humano —los sueños como bits arquetípicos. Pero por ahora nos concentraremos en uno de los aspectos más apasionantes de la actividad onírica, en su relación con lo que sucede en la realidad convencional. Como si fuese una narrativa entretejida a partir de un intercambio epistolar, lo que ocurre en la realidad “vivida” influye directamente en la realidad “soñada” y, hasta cierto punto, viceversa.
Si bien podemos imaginar una especie de red de influencia bilateral, en la que todo lo que vivimos influye, potencialmente, en lo que soñamos, la experiencia colectiva y la investigación científica han permitido delinear una relación entre estímulos específicos y efectos similares. Gracias a esto, podemos proceder a nuestro listado de agentes oníricos, que incluye posturas, alimentos o circunstancias particulares que podrían determinar ciertos aspectos de lo que sueñas.
El campo magnético de la Tierra
La actividad geomagnética ha probado tener injerencia en múltiples aspectos de la dinámica terrestre. Distintos animales, sobretodo aquellos que practican la migración cíclica, como los delfines y los pichones, la resienten —algo similar ocurre con los sistemas de navegación, por ejemplo el GPS. Los radares, satélites, el espectro de radio-tv, y los campos eléctricos, también son influenciados por esta actividad. Algo similar ocurre con los sueños, al menos según una investigación de Darren Lipnicki, quien, tras analizar sus sueños durante ocho años, concluyó que entre menor era la intensidad de actividades geomagnéticas, los sueños adquirían mayor extravagancia.
Sobre sueños y flores
Científicos alemanes de la Universidad de Mannheim descubrieron que olores placenteros, por ejemplo el de una flor, captados por una persona mientras dormía, aumentaban la probabilidad de que experimentara emociones agradables durante el sueño. Lo anterior podría ser utilizado con fines terapéuticos, por ejemplo para disminuir ansiedad o depresión.
Dormir boca abajo erotiza el flujo onírico
De acuerdo con un estudio de encabezado por Calvin Kai-Ching Yu, de la Universidad Shue Yan, en Hong Kong, las personas que duermen boca abajo, sobre su estómago, son mucho más propensas a tener sueños eróticos. Y a pesar de que aún falta profundizar en la investigación de este fenómeno, el autor sugiere que este peculiar fenómeno podría deberse a que en esa postura la persona recibe menos aire del estómago, lo cual podría generar una sensación de apretujamiento que, a veces, asociamos con el acto sexual.
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