Dos mujeres frente al público
Emblema, ambas, una local, la otra de alcances internacionales, del mítico 68 el año que cambió al país
Por Lado B @ladobemx
29 de noviembre, 2013
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La viuda de Arriaga, una vez que los discursos han finalizado (los discursos en la izquierda o en la derecha, pomposos, grandilocuentes pensados para el carnaval de la historia), alza la voz, hace un impetuoso llamado a no dejar en el olvido, forma de impunidad del Estado y la clase política, los asesinatos de luchadores sociales y activistas. Elena, la novelista posee tantos fans como lectores. Instalada en la franja del activismo y de la militancia, combina su reconocimiento literario con sus posturas políticas

Mario Martell

@laultima

Dos mujeres, militantes de izquierda se encuentran en el parque 2 de octubre de 1968. En la plazuela, seguidores de la escritora Elena Poniatowska copan a la periodista carismática.

Pero la viuda del profesor universitario, Joel Arriaga, asesinado en la década de los 70´s, Judith García, toma la voz entre la multitud de groupies de Elena Poniatowska.

Garcia, mujer emblemática, deja entrever su fragilidad pero su entusiasmo muestra una energía juvenil. La viuda de Arriaga, una vez que los discursos habían finalizado (los discursos en la izquierda o en la derecha, pomposos, grandilocuentes pensados para el carnaval de la historia), alza la voz, hace un impetuoso llamado a no dejar en el olvido, forma de impunidad del Estado y la clase política, los asesinatos  de luchadores sociales y activistas.

Las palabras emotivas de García, viuda del profesor universitario Arriaga, calaron fuerte en la audiencia dominical que iniciaba la retirada con el souvenir del libro autografiado por la novelista Poniatowska.

Foto tomada de La Jornada de Oriente

Foto tomada de La Jornada de Oriente

Un hondo silencio se hizo ante el llamado de la espigada mujer. Su hija, Argelia, tomaba de la cintura a su madre, conteniéndola ante la tentación de que irrumpiera su pesar y su llanto ante el micrófono.

Con sus setenta años a cuestas, García, practicante de yoga y de tai-chi, relató los pesares de visitar a su esposo, el profesor universitario, Joel Arriaga en la cárcel de Lecumbérri, prisión donde Arriaga estuvo encarcelado por su pensamiento y acciones políticas, la cárcel que concentró en los 60´s a activistas y militantes de la izquierda.

“Los hombres presos sin poder hacer nada. Quiero que cada uno en su memoria lleve el dolor de lo que no se debe permitir”, recuerda la mujer.

La viuda de Joel Arriaga convocó a no olvidar el genocidio de 1968, en una Puebla donde todavía hace algunos años la clase política celebraba a Gustavo Díaz Ordaz.

La sigue con atención, Rafael Jacobo García, sosteniéndose sobre su  bastón; otrora preso de Lecumbérri por la causa de los estudiantes en el siglo pasado.

“Creo en las palabras de Joel Arriaga. Que no vengamos a calentar un lugar, que esta lucha debe seguir.”

La viuda recordó que durante 3 años y 90 días, sufrió el encarcelamiento de Joel Arriaga, profesor  a la postre asesinado, sin que el asesinato político del militante izquierdista haya sido esclarecido.

“Jamás he oído que se haga justicia. El 68 es el día de dolor de las mujeres”.

La voz profunda de la viuda de Joel Arriaga impacta al auditorio y le quita al acto ese acartonamiento cliché propio de groupies.

***

Ante un auditorio compacto, en lo ideológico y en lo generacional, la escritora Elena Poniatowska no quiere que en Puebla los niños recuerden a Gustavo Díaz Ordaz, originario de Chalchicomula de Sesma, como un hombre que construyó autopistas.

Recién desempacada de Barcelona, donde recibió el premio de Novela Breve, la escritora pernoctó el fin de semana en Puebla, y el domingo apareció ante sus lectores para develar una placa conmemorativa en el parque 2 de octubre:

“Los niños tendrían que saber esto – se refiere al genocidio del 68 en Tlatelolco-. Una vez que les preguntaron a los niños en una escuela de Alemania quién era Adolfo Hitler, respondieron:

-Era un señor que hacía autopistas.”

Entre expresiones de afecto y mantas recordando a Gustavo Díaz Ordaz como un genocida, la novelista pidió que los niños de Puebla no olviden a Díaz Ordaz, un hombre, dijo, que perdió el control de sí mismo como un padre enloquecido.

A Ordaz en Puebla los políticos lo rememoran con devoción. Una avenida se nombró en su honor y las autoridades celebran su natalicio con guardias de honor en Ciudad Serdán.

Periodistas en la instancia de la mezclilla y los tenis nike, adolescentes con las uñas de los pies pintadas de rosa y lentes verdes; postadolescentes con sus hula hula; perredistas difusos, lópezobraodaristas de refugio sexenal, calados con algún sombrero negro de vistosas estrellas rojas y águilas republicanas; profesores de la UAP y exmilitantes del Partido Comunista atienden la voz de la novelista.

«No estamos viviendo los mejores momentos del país», dice Poniatowska y celebra a las mujeres madres de familia de los niños que murieron quemados en Hermosillo.

La novelista  recuerda a las mujeres indígenas zapatistas de Chiapas que han tomado sus vidas en sus manos.

La escritora celebra que el Parque 2 de octubre sea un monumento contra el olvido. La novelista posee tantos fans como lectores. Instalada en la franja del activismo y de la militancia, combina su reconocimiento literario con sus posturas políticas.

De traje gris, collar aperlado, vistiendo una blusa roja la novelista atiende a sus lectores, sentada en una banca, en esa suerte del vampirismo esperanzador de sus seguidores, que le piden a la escritora, algo más de lo que sus textos dicen.

La exigencia radical del lector que se apropia del yo de la activista:

-Elena, Elena, una foto, ¿sí?

No faltaron los fans de la novelista. Novelas en mano, ediciones casi príncipe, como la edición de Lecturas Mexicanas de Hasta no verte Jesús Mío se disputaban a la paciente escritora para la fotografía con la facilidad del celular.

-Ella no tiene la culpa de ser tan famosa- se escucha una voz.

-Cóbrales, cóbrales que nos pose para la foto.

***

La escritora y periodista, Elena Poniatowska, recibió el premio Cervantes de Literatura 2013, máximo galardón para un escritor en lengua española. Poniatowska se suma a los nombres de Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005) y José Emilio Pacheco (2009, ganadores del Cervantes.

El domingo 13 de febrero del 2011, la escritora, Elena Poniatowska depositó una ofrenda en el parque 2 de Octubre de 1968 en la ciudad de Puebla.Lado B. Periodismo 3.0

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Lado B
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