Lado B
Sonideros, amantes del baile y la música
“Si volviera a nacer pues sí seguiría siendo sonidero, me encanta el ambiente”
Por Lado B @ladobemx
30 de agosto, 2013
Comparte

NoficcionBanner600-2.png

Un acercamiento, breve, un atisbo apenas al mundo de luz, sonido y sudor de aquellos que le dan vida a los bailazos populares. 

 

Eric David Montero*

@ericdmontero

Es domingo 7 de julio de 2013, día de elecciones en el estado de Puebla, la ley seca no importa. Hasta el municipio de Acajete llegó sonido “La Conga” de Pedro Perea. El evento se realiza en un terreno particular donde por 50 pesos accede todo mundo, algunos en grupos, otros solos, en familia o con su pareja. Caguamas, monas y mota son parte del ambiente.

De las bocinas sale un verso potente: “El sabor de mi cumbia es un ritmo caliente, quiero que todos bailen esta cumbia caliente”. Los asistentes escriben saludos en hojas y cartulinas. Se amontonan en la jaula donde está Pedro Perea, quien lee lo que le ponen a la vista.

Se escuchan menciones a “los niños sin amor de Apango”, “para la gente de Huamantla”, “Los Angelitos”, “El Pitufo de Tlaxcalancingo”. Pedro Perea detiene la canción, la regresa al inicio y dice: “vamos a bailar sabroso con cumbias de antaño”. El eco de la voz reverbera. Una vez. Otra vez. Otra vez.

***

“A lo mejor dicen que un baile público o sonidero es para gente que no tiene clase, gente humilde. En parte sí porque un baile sonidero te viene costando 20 o 30 pesos –explica Daniel García, de Sonido Destrucción Latina– cualquier persona puede acceder al evento y en cambio en otros géneros está arriba de 100 pesos”.

Daniel tiene menos de 25 años, habla seguro, sin titubeo. De hecho rompe con la imagen que existe del sonidero: moreno, gordo, tosco, que usa playera grande, pantalones aguados y tenis. En cambio, él es delgado, usa ropa entallada, lleva el cabello desparpajado y tiene perforaciones en ambos oídos.

Su trabajo es animar cada presentación que tienen en algún barrio o colonia de la ciudad de Puebla. Al inicio le costó el oficio, tiene demos que incluso le da pena enseñar, pero con el paso del tiempo ha mejorado y ahora tiene un considerable número de seguidores. “Luego me ponía a leer el periódico, porque los saludos son en fa, te llegan lonas, cartulinas, de todo. Si no lo haces rápido te chiflan. La voz cuenta mucho”.

La habitación donde descansa el equipo de Destrucción Latina es testigo de la pequeña fama que se ha hecho. Tiene carteles de presentaciones donde compartió escenario con pioneros del movimiento sonidero en Puebla como: Fantasma, Samurái y el Máster. Incluso con grupos musicales que hacen música para los sonideros. No faltan tampoco los saludos y versos que les dedican en cada presentación y fotografías de entrevistas con medios de comunicación. Es un sonido “chiquito pero sabroso”, como dice su slogan.

***

La música que usa Daniel García es ecuatoriana, colombiana y mexicana, en el caso de esta última es de grupos originarios de Puebla que emigraron a New York y que allá  han encontrado respaldo de paisanos. Ellos envían su música a los sonideros de México.

El fenómeno ha trascendido a ciudades como San Diego, Los Angeles, Las Vegas, Chicago, Atlanta y New York. Aunque en algunos casos de manera clandestina, “muy por debajo  del agua” explica Daniel García, porque no se permite este tipo de eventos.

Y aunque se podría pensar que existe una pugna entre los sonideros y los grupos musicales, porque los primeros son contratados en bailes populares y particulares por ser más económico, no es así, sin el sonidero el grupo de cumbias no sería conocido.

“Luego los grupos nos contactan porque quieren que seamos su puente para que tengan trabajo, nosotros damos a conocer su música tocándola y luego ya los contratan.”

***

El baile sonidero es para la gente de pocos recursos, a la que discriminan pero no le importa ni se victimiza. Se ve de todo. “Hay eventos donde a las chavas no las pelan y se quedan sentadas,  los que bailan son los gays”, cuenta Miguel García, otro integrante de Destrucción Latina.

La escena habla por sí sola: es media noche, un hombre de chamarra roja con estampado del sonido La Changa en la espalda y pantalones guangos color negro está bailando con un gay que viste ropa ajustada, lleva un suéter con Mickey Mouse al frente. Ambos acaparan la atención de gran parte de los asistentes al baile.  A los 5 minutos se les une una mujer morena, de rizos, ahora los tres bailan al son de la guacharaca que sale con estruendo de las bocinas.

Si alguien roba pista y miradas son los miembros de la comunidad lésbico gay. Integran clubs de baile que asisten a los eventos sonideros, donde son las personas más solicitadas como pareja, incluso más que las mujeres.

Pero de lo que se trata, en general, es de disfrutar la música, el movimiento. Así lo hace Miguel García: “si volviera a nacer pues sí seguiría siendo sonidero, me encanta el ambiente”.Lado B. Periodismo 3.0

*Reportero freelance y responsable de las redes sociales en Lado B, fue becario del programa Prensa y Democracia de la Universidad Iberoamericana.

Comparte
Autor Lado B
Lado B
Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : [email protected]
Suscripcion