Y desde luego, no faltaron como siempre en el debate entre los candidatos al Senado en el estado de Puebla, sacarse los trapos al sol. Todos ellos son provenientes del mismo partido: EL PRI y por eso, los pleitos internos de ese instituto político salieron a relucir sin respeto a la ciudadanía que esperaba más propuestas. Las hubo, pero parecería que estaban debatiendo sólo sobre los errores del gobierno federal y no de las alternativas para el estado de Puebla, que es al que representarían en el Senado de la República.
La mayor parte del tiempo que tuvieron fue para sacar a relucir los errores del pasado. Desde luego, las acusaciones de corrupción estuvieron a la orden del día.
Los ánimos se calentaron y la personalización jugó un papel importante, y es que las flechas tenían destinatarios. Las pancartas y los papeles lo demostraron, iban preparados, no cabe duda.
Nos parece que el formato del debate debería cambiarse para permitir que los candidatos nos sólo dieran a conocer sus propuestas, sino también debatirlas y lograr de esta manera mejores planteamientos para el estado. Hay que aprender de otros países que hacen debates en los que los candidatos confrontan sus ideas las argumentan y discuten, lo que permite que el electorado tome una decisión al escuchar sus puntos.
Los mexicanos deberíamos exigir un verdadero debate en el que el intercambio de ideas y propuestas fuera real. Que los candidatos plantearan los temas que deben legislarse en favor del estado para mejorar la seguridad social, la educación, el combate a la pobreza, el empleo, es decir, los temas que inciden en la vida diaria de los ciudadanos. Y las descalificaciones, que las dejen para la cena.
EL PEPO