Catalin Chereches, es el alcalde de Baia Mare, una población al norte de Rumanía, quien ha querido confinar a las pocas personas que viven en esa comunidad y que pertenecen a la etnia romaní o gitanos a vivir en el edificio que albergaba una fábrica en la que existían sustancias tóxicas, para separarlos de la ciudad y de los demás ciudadanos. No fue suficiente con el muro de dos metros que había construido anteriormente para confinarlos.
Cerca de dos mil personas fueron trasladadas a ese lugar y el resultado fue que diez personas, algunas de ella niños, que se intoxicaron y tuvieron que ser atendidas en hospitales del lugar.
Organizaciones no gubernamentales han alzado la voz y afirman que es inadmisible que la campaña electoral para la reelección del ahora alcalde, se base en la discriminación hacia una etnia minoritaria y desprotegida.
La fábrica en la que todavía se encuentran los romanís a quienes se les ha prohibido regresar a sus casas, es conocida como la “fabrica de la muerte”