Lado B
Being John Carlos
¿Quieres ser John Carlos? En tu próxima manifestación pública porta un libro y ponlo en tu cara. Algún fotoperiodista o camarógrafo lo tomará y pasaremos a la historia.
Por Lado B @ladobemx
21 de mayo, 2012
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Hugo León Zenteno*

@hugoleonz

Surrealista, posmoderna y de culto, la película Being John Malkovich (Spike Jonze, 1999) nos muestra la improbable adopción de una personalidad ajena, en este caso la del actor que da nombre a la cinta, por parte de varios individuos, siendo un titiritero quien permanece por mayor tiempo en la cabeza del citado personaje. Traducida al español como ¿Quieres ser John Malkovich? hoy nos vale como analogía del deseo de convertirnos en alguien más, no con los intrincados fines que retrata el filme, sino con la idea de trascender a nuestra circunstancia.

Los Juegos Olímpicos de México, en el mítico año de 1968 representaron un parteaguas en diversos ámbitos y por diversos motivos y contextos. El rubro deportivo es desde luego el más obvio, pero esa cita ecuménica también es recordada por cuestiones mediáticas (dados los grandes adelantos en términos de la transmisión televisiva); por sentar las bases del diseño de imagen integral de la justa; por romper con mitos relativos a factores geopolíticos (en tanto el país sede estaba -está aún- en vías de desarrollo y la ciudad se localiza a más de 2 mil metros de altura); y también, por haberse erigido en un escenario altamente simbólico a partir del contexto social y civil de la época.

La imagen más representativa en este último sentido fue la de Tommie Smith y John Carlos, ganadores de las medallas de oro y bronce, respectivamente, de los 200 mts. planos, quienes portaron en la ceremonia de premiación un guante negro como símbolo del Black power, movimiento solidario con la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en los Estados Unidos. Al ser una transmisión en vivo, las cámaras y los reflectores del mundo no pudieron sino dar cuenta de la protesta silenciosa de los atletas, convirtiendo a la imagen en una de las más polémicas en los anales de los Juegos y, a la postre, en una de las más decisivas en la pugna histórica por la equidad racial, civil y social tanto en territorio estadounidense como en el resto del mundo.

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Peter Norman (Australia), Tommie Smith y John Carlos

La clave para comprender la controversia, pero también el alcance y la trascendencia del gesto de Smith y Carlos es su simbólico guante: sencilla y poderosa síntesis de un genuino reclamo y de sus argumentos. Así, a final de cuentas y más allá de los nombres, el negro mitón fue lo que se quedó en la memoria de los millones de individuos quienes presenciaron el hecho o se enteraron posteriormente del mismo.

La semana pasada, en este mismo espacio, planteé la necesidad de retomar el espíritu de las protestas estudiantiles del 68 -que desembocaron en los vergonzosos hechos de Tlatelolco- en aras de que, finalmente, las demandas de entonces y de ahora sean escuchadas y resueltas. La primavera de Santa Fe, dije, está en marcha y creciendo. Los hechos de la semana pasada así lo avalan: 131 alumnos de la Ibero reivindicando su autenticidad (como estudiantes y como librepensadores), centenares de colegas suyos protestando ante las deficiencias y manipulaciones informativas del Goliat televisivo y sus secuaces, miles de jóvenes en todo el país marchando ante la amenaza que significa que despierte el dinosaurio…

Pues bien, querido lector, hoy siguen los mitines, las protestas, las marchas, las congregaciones, los hashtags, las caricaturas, los fotomontajes, los likes, los comentarios, los retweets y los videos virales tomados desde un celular. Por ello, tal como lo hizo John Carlos con su lucha, hay que representar la intención de un nuevo y mejor México en un sencillo pero significativo símbolo: un libro. Un libro en nuestra cara (#libromexico, en un afán de síntesis twittera); un libro que es el último argumento de Carlos Fuentes; un libro que nos recuerda a un candidato despeñado en la Feria de Guadalajara; un libro como los tantos que se leen en la Ibero; un libro como sinónimo de la lectura que se opone a la dictadura televisiva; un libro que nos recuerde que la imaginación es posible y que lo mejor está aún por venir.

¿Quieres ser John Carlos? En tu próxima manifestación pública porta un libro y ponlo en tu cara. Algún fotoperiodista o camarógrafo lo tomará y pasaremos a la historia.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y consultor en Media literacy, en Infonomía para cibermedios y en Calidad académica. Editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Otras de sus áreas de interés profesional son: hemerografía comparada, ciberperiodismo y arte moderno. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia. Correo Electrónico: [email protected]

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