La confianza: un pilar para construir la educación que el país necesita

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Martín López Calva*

“La fuerza es confiada por naturaleza.

No existe un signo más patente de debilidad que

desconfiar instintivamente de todo y de todos”.

Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano.

Desde los resultados de las pruebas internacionales como PISA y las evaluaciones nacionales como ENLACE  o EXCALE  hasta el polémico documental “De panzazo” estrenado la semana pasada en los cines del país  pasando por nuestra experiencia directa, todas las evidencias nos muestran que el sistema educativo nacional está necesitando una reforma urgente y profunda.

Hemos tocado en este espacio algunos elementos que tendrían que contemplarse para el cambio de las prácticas educativas: la verdadera profesionalización de los profesores, una formación docente pertinente y efectiva, una verdadera cultura de la evaluación, etc.  Estos y otros cambios en el nivel particular de la educación son indudablemente muy necesarios y sin ellos no se logrará la reforma educativa pendiente.

Pero también se ha tocado aquí el tema de la evaluación y cambio educativo en su nivel estructural. Es necesario sin duda revisar la forma en que está cimentada la organización que constituye el proceso educativo a nivel sistémico: la legislación y normatividad de la educación, la manera en que se gastan los recursos asignados al sistema educativo, la lógica de funcionamiento institucional de nuestra educación desde el “gobierno educativo” en la Secretaría de Educación Pública (SEP) hasta el funcionamiento y la influencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la relación entre ambas instancias incluyendo el acuerdo  de 1946 que otorga indebidamente al SNTE la facultad para la contratación, promoción y remoción de los docentes y que está en la base de gran parte de los problemas de gestión del sistema educativo.

Existe además la urgente necesidad de iniciar un cambio en el nivel más profundo: el de nuestras creencias, significados y valoraciones sobre lo que es una buena educación, una buena escuela, un buen docente o director escolar. De lo que significan para la sociedad mexicana estos conceptos se deriva la forma en que cotidianamente se vive el hecho educativo y es debido a esta cultura necesitada de cambio que los estudios indican que los padres de familia en general están de acuerdo con la calidad de la educación que reciben sus hijos a pesar de las enormes carencias que muestran todos los resultados de evaluación e investigación.

Para que este triple nivel de transformación se pueda realizar en nuestro sistema educativo resulta indispensable construir lo que el pensador francés Edgar Morin llama un “sistema de alta complejidad”. No podremos tener una educación de calidad, pertinente para el mundo globalizado en que hoy vivimos si nuestro sistema educativo sigue siendo un sistema de bajísima complejidad, es decir, un sistema vertical, centrado en el control, sin márgenes para la participación democrática de sus actores y para la creatividad en su funcionamiento cotidiano, un sistema centrado en los programas (definición rígida de tareas y pasos para cumplirlas) y no en la estrategia (visión abierta sobre las metas a lograr con flexibilidad para innovar y construir).

La construcción de un sistema educativo de alta complejidad requiere de un elemento fundamental sin el cual no puede aspirarse a una organización dinámica, democrática, flexible, creativa, autocorrectiva, pertinente, policéntrica y horizontal como la que necesitamos. Este elemento fundamental es la confianza.

Un signo patente de debilidad de nuestro sistema educativo es que está basado en la desconfianza. Dos momentos importantes del documental “De panzazo” muestran esta debilidad. En el primero de ellos, Sylvia Schmelkes, investigadora de prestigio internacional afirma que un problema estructural grave de nuestra educación es que tenemos un sistema que “no confía en sus maestros como profesionales ni les concede autonomía en su trabajo sino que se limita a darles instrucciones que cumplir y a controlar que cumplan con estas instrucciones”.

Otro momento es el de la entrevista con la profesora Elba Esther Gordillo por parte de Carlos Loret en el que ella le dice: “¿Sabe por qué no cree que yo esté dispuesta a que todos los maestros se evalúen? Porque me tiene desconfianza”.

Desconfianza hacia los docentes por parte de las autoridades educativas y del sindicato que los representa, desconfianza hacia las autoridades por parte de los docentes, desconfianza de los profesores hacia el sindicato del que forman parte obligatoriamente, desconfianza de los padres de familia hacia los maestros y de los maestros hacia los padres de familia, desconfianza de la sociedad en general hacia los docentes, los directivos, el sindicato y la secretaría, etc. Esta es la base que parece regular la actuación de los actores y sobre la cual funciona el sistema.

¿Por dónde romper este círculo vicioso que está haciendo que nuestro sistema educativo degenere por no regenerarse? ¿Cómo empezar su regeneración? Resulta difícil responder a estas preguntas pero no es imposible encontrar la solución y empezar a construir la confianza necesaria para apuntar hacia un sistema educativo renovado y renovador. El cambio en el poder ejecutivo federal en este 2012 es un momento crucial para comenzar el cambio. Ojalá seamos capaces de dar los primeros pasos.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala y académico numerario en la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha hecho dos estancias postdoctorales por invitación del Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado diecisiete libros, cuarenta artículos y seis capítulos de libros. Actualmente es coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores (REDUVAL), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación (ALFE) y de la International Network of Philosophers of Education (INPE). Trabaja en las líneas de Filosofía humanista y Educación, Ética profesional y Pensamiento complejo y Educación. Ha trabajado como formador de docentes en diversos programas y universidades desde 1993.

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