Alejandro Badillo
El género fantástico tiene cada vez más espacio en los medios literarios mexicanos. Es cierto que la tradición en México se mueve en los terrenos de la narrativa realista, sin embargo, autores del siglo pasado como Francisco Tario o Amparo Dávila dibujaron sus historias sobre un lienzo en el que son protagonistas lo surreal y la ensoñación. Alejandro Toledo en su antología El hilo del minotauro. Cuentistas mexicanos inclasificables esbozó un mapa de aquellos autores que decidieron ir a contracorriente de modas y experimentaron con temáticas y lenguajes. Destaca el caso de Jesús Gardea por la exploración cada vez más radical de su estilo o autores como Cristina Rivera Garza o Guillermo Samperio asociados a una narrativa más tradicional que, de vez en cuando, aborda lo fantástico.
- Editorial Samsara, 1era edición 2011.
Efímera de Miguel Antonio Lupián Soto (México D.F. 1977) se suma a la creciente ola de narrativa fantástica en México y lo hace, además, desde lo breve. Esta característica plantea un reto interesante para el escritor: lo fantástico necesita establecer los parámetros de su mundo, una lógica interna que mueva la historia y, para eso, necesita adentrar al lector de una forma gradual para que el texto no parezca una pirotecnia desbordada y gratuita. Lupián convence al lector en un terreno muy corto donde cualquier paso en falso puede llevar a la incredulidad. Por esta razón, los cuentos de Efímera están construidos con estampas, viñetas, secuencias en las que la realidad se transforma y los límites se expanden hasta lograr que la realidad se diluya. Otro punto interesante de Efímera es su heterogeneidad.
Si la narrativa breve a veces cae en la autocomplacencia y repite el molde de llevar al lector en una dirección aparente, sembrar pistas falsas y, en la última línea, descorrer el telón para conseguir la sorpresa, en la obra de Lupián Soto cada pieza tiene su propia respiración y experimenta distintos estilos: hay minificción, cuentos breves con finales sorpresivos, cuentos donde hay una anécdota más desarrollada o algunos en los que el final sólo redondea un estado de ánimo planteado desde el inicio. En las minificciones de Efímera, por ejemplo, podemos distinguir la influencia de una de las maestras del género, Ana María Shua, que aborda el texto desde lo plástico y crea mundos imposibles como los del grabador holandés Maurits Cornelis Escher.
Hay un sector de la literatura fantástica que se desborda en lo inverosímil y que llena las mentes de los lectores con gnomos, hadas, animales mitológicos, vampiros o ensoñaciones superficiales. Tenemos las famosas sagas que explotan una anécdota y acciones que adolecen de una reflexión y se enfocan en acciones que le deben mucho al cine de Hollywood. Efímera nos recuerda que la fantasía ha tenido exponentes notables como Ray Bradbury, Jorge Luis Borges, Stanislaw Lem o Julio Cortázar. En ellos lo fantástico sirve para remarcar la condición humana, para no olvidar que lo real es una sustancia maleable. En los cuentos de Lupián Soto se advierte la disolución de los límites entre lo cotidiano y lo desconocido. La fantasía es, como en “El tigre” uno de los cuentos iniciales del libro, una bestia que acecha al hombre en su aparente cotidianidad, mientras observa un aparador o viaja al trabajo. Sólo basta un chispazo, un detonante, para que nos demos cuenta que allá afuera suceden más cosas de las que creemos.
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