Mucho antes de ser el número 202 entre los más ricos del planeta, Jan Koum era sólo otro chico curioso con una afición por las computadoras.
Koum, cuya fortuna saltó repentinamente hasta los 6,800 millones de dólares (mdd) el mes pasado, cuando su startup WhatsApp fue adquirida por Facebook, comenzó su carrera en la tecnología cuando era un inmigrante adolescente de Ucrania y fan de la película Hackers de 1995. Desde la privacidad de su dormitorio de Mountain View, California, usaba su wardialer —una máquina que marca números de teléfono consecutivos a través de un módem hasta encontrar conexiones abiertas para explorar la Internet global y las redes lejanas–.
“El Internet era muy inseguro en ese entonces”, le dijo a mi colega Parmy Olson durante la plática que tuvieron para el reportaje de portada de Forbes sobre la startup de los 19,000 mdd de Koum. “Los servidores no tenían contraseñas… La parte difícil era encontrarlos y descifrar su estructura. No había manuales.”
Koum dice que sus intenciones no eran maliciosas. Tuvo cuidado de no borrar nada y nunca participó en el ninguno de los ataques DOS que inundaron la red a finales de los 90. “Fue más por curiosidad, el reto era comprenderlo”, dice.
Una vez, admite, se abrió camino a la red del gigante de gráficos Silicon Graphics, una historia que el CEO de 38 años de edad tiene cuidado de dejar inconclusa. “En algún momento me conecté con el servidor”, dice. “Y eso es todo lo que voy a decir.”
Añadan el nombre de Koum a la creciente lista de empresarios ultra exitosos cuyo camino hacia fortunas de miles de millones comenzó en el lado más salvaje de la piratería informática. De hecho, los fundadores de Apple, Microsoft, Facebook y Twitter, todos coqueteaban con actividades que podrían hoy ser llamadas piratería ilegal antes de fundar empresas exitosas de Silicon Valley.
Seguir leyendo en el sitio electrónico de la revista Forbes.
EL PEPO