Lado B
Relatos capacitistas en mole poblano en tiempo de la 4T
"¡Sí, al fin se abrió la convocatoria para personas en situación de discapacidad!, ve mañana, yo te preparo los papeles que piden, lo hemos estado esperando…" le dijo la Regina al Ángel, su marido. 
Por Juan Daniel Flores @
26 de febrero, 2025
Comparte

RELATOS CAPACITISTAS

I

Mostrar la discapacidad, formarla, alienarla.

El lunes 17 de este febrero loco del 2025 por la tarde noche, después de que Ángel cruzara la puerta llegando del trabajo, Regina le mostró en el celular una publicación que decía entre otras cosas: 

“Registro para el apoyo del bienestar para personas con discapacidad…lunes 17 de febrero de 2025 letras de la “A” a la “D”. Así consecutivamente del 17 al 28 de febrero. 

-¡Al fin! ¡Después de esperar más de dos años a que se abriera el registro!- dijo Regina con cierta tranquilidad, 

Ella recordó los días que pasó formada en San Francisco Totimehuacán desde las 3 de la mañana hasta las 9 de ese mismo día. Todo para que los funcionarios del CREE (Centro de Rehabilitación y Educación Especial) salieran con una mueca institucional a decir que ya no quedaban más fichas para iniciar el trámite del certificado de discapacidad que expide el gobierno poblano. 

También puedes leer: Denuncian malos tratos a personas en situación de discapacidad en Puebla

Y es que ni Luis Miguel Barbosa (+), ni el ahora desempleado, el auto vitoreado Sergio Salomón Céspedes quisieron liberar el recurso o abrir nuevas inscripciones para cuerpos paralizados, chuecos, ciegos, sordos, minusválidos, carentes de entendimiento, mongoles, angelitos, especiales, guerreros, con capacidades diferentes; así, como los mira la gente normal, como los miran los políticos, los letrados o médicos con todo y sus eufemismos, o como decía un conocido e ilustre editor poblano cuando le mostré hace años mi torcedura del pie en un cafecito, allá en Reforma: Ah, es que estas deformaciones del pie ya son de nacimiento y son más propensas a torceduras. 

Deformes pues.

“¡Sí, al fin se abrió la convocatoria para personas en situación de discapacidad!, ve mañana, yo te preparo los papeles que piden, lo hemos estado esperando…” le dijo la Regina al Ángel, su marido. 

Él sintió una hueva tremenda, además de que como comerciante apenas vende para sacar para las combis. La tan anhelada transformación tampoco llega para los comerciantes como él. 

“¡Chingaos! ¿Quién va a abrir mañana mi negocio si voy a formarme? Además ya nuestra letra fue hoy, ya pasamos, ya no nos van a dar chance” El comerciante sintió una enorme hueva del tamaño de la inflación que recorre los mercados populares mexicanos desde hace más de cinco años. A pesar de ello, Ángel fue al otro día al sitio de Remetería de la Colonia Villa Verde, allá en la Diagonal. 

No había más que una persona atendiendo en una mesita. Solo una persona y con una fila de “pediches” entre cojos, autistas y en silla de ruedas, como los miran los “normales”, pues. Eran no más de doce. La funcionaria con chaleco guinda bateaba uno a uno, una a una de los formados deformados diciéndoles: “Hoy solo es para revisar los papeles…mañana vengan a las nueve nuevamente… o si gustan el sábado 22 pasaran todas las letras, ya no le hagan mucho caso a la convocatoria, je, je. Traigan a sus discapacitados”.

Discapacitados pues.

El Ángel esperó casi dos horas para que le dijeran eso. Solo que a diferencia de los demás otroras,  a él la funcionaria le dijo: “Ah, sí su pacientito no puede venir por alguna razón, debe tomarle foto o video de frente, donde constate su discapacidad. Nos muestra su celular en el momento y ahí aparecerá que es en fecha reciente la foto. Con eso nos basta”.

El Ángel no lo podía creer. Yo menos. Cuando me lo contó, me hizo recordar que en ciertas fábricas de la zona de la Beneficencia Española de Puebla o allá por Tehuacán, les pedían hace un tiempo a las trabajadoras que llevaran una prueba de embarazo del último mes, como requisito para poder darles el trabajo. También me acordé del Ale Aguilar, un académico que en entrevistas con alumnos de nuevo ingreso para el codiciado mundo de las C.S., en la universidad pública, le recomendaba a un novato de primer semestre mejor dejar de trabajar, que esa carrera no era para trabajadores, que ya estaba muy grande para la universidad y que mejor se dedicara a servir mesas como lo hacía por la tarde después de ir a su primer semestre de Bourdieu en la CUAC. Yo tenía entonces unos 27 años.

El poder siempre te dice lo que debes y como debes de hacerlo. Tú solo obedece.

Al otro día, Ángel volvió a dejar su negocio para ir a formarse. Solo que esta vez no había 12 formados, sino unas 600 personas y cinco funcionarios de chalequito guinda. Uno de los cinco, desquiciado, no hallaba forma de contener a los que lo interrogaban en la entrada:

“…Oiga, es que me mandaron de Tres Cruces para acá” 

“…Vea, acá en la página de Facebook de “Por amor a la inclusión” decía que era desde el lunes 12 aquí, pero no había nadie cuando vine”

“Por favor, ayúdeme. Hemos llamado varias veces a la Secretaria del Bienestar… de allá de Huexotitla con una tal Teresita. Ella nos dice que no sabe, que le llamemos en 15 días para ver si somos los primeros…ayúdenos, venimos desde la Clotilde Torres”. 

“Oigan, no la muelen, ¿Qué de plano no había otro lugar para llamar a tanta gente que venimos de tan lejos? Pudieron haberlo hecho en el Recinto Ferial o en Gimnasio Miguel Hidalgo o ya de a perdis en la Arena de C.U.”

“¿Qué nos ven? Somos discapacitados, no limosneros”

Todo un caos. De suerte que hemos aprendido algunas cosas buenas de las compañeras feministas de por acá donde hay buen mole de guajolote; así que mientras el Ángel se aguantaba el pinche frío y la llovizna que hacía ese día en la capital poblana, yo iba por un tamal para apoyar su espera. 

Una de las del chalequito guinda, huía entre la gente con el celular en el oído. Alcance a escuchar que decía “…no nos damos abasto, hay demasiada gente…creo que el Abdalá ese, ni siquiera consultó los datos de cuánta gente iba a venir. Manden apoyo”.               

Eran las 12: 30 del día 19 de febrero, y la fila de “chuecos” llenaba casi un kilómetro entre la mesa de los escasos funcionarios que estaban dentro anotando y la última formada con prótesis de pierna, que casi llegaba a los contenedores de basura que reinan al final de la unidad habitacional Villa Verde.

El público era y no variopinto: gente adulta con muletas, señoras jóvenes con prótesis, señores de más de 50 en silla de ruedas, algunos niñxs en sillas adaptadas*, “gente normal” parada por horas, uno que otro menor de 5 años en carritos adaptados para jalar, personas con Síndrome de Down, entre otrxs. Todos esperando a ser atendidos por los no más de 10 de la mesita del fondo, que por cierto, eran los únicos privilegiados que tenían sillas. 

personas en situación de discapacidad

Foto: cortesía

Hubo un señor muy curioso, familiar de una persona en situación, “quesque” andaba diciendo que le había mandado mensaje a sus amigos de MORENA:

“Ya le mande un mensaje por whats a mi amiga Adriana, la del lenguaje de señas, la que sale con el gobernador, pa´que le hable de estas vejaciones. Verán como ella o la Diputada Marisol hacen algo para cambiarnos de lugar al menos”. 

Ángel ya estaba muy encabronado. La fila no avanzaba nada y el día se ponía cada vez más chillante. “¡Ni madres! Yo me lanzo, ya no voy a perder un día más de venta. Vengo como a las cinco cuando ya baje la gente, ojalá me quieran atender”. Eso sí, no sin antes tomar hartas fotos y un par de videos pa´l feis de este desmadre. No se vale lo que están haciendo”. 

Ni pedo, nos fuimos en medio de la brizna que ya caía sobre tanta diversidad de cuerpos.

Diversidad pues.

Ya no sé qué pasó a detalle por la tarde de ese día del miércoles lluvioso. Lo único que supe, es que al otro día, el jueves, había unas 20 sillas frente a los funcionarios, a estos ya les habían puesto una carpa. Además que por algún tipo de abracadabra o hechizo obradorista, no sé, el jueves ya eran unos 30 atendiendo con chalequito y toda la cosa.   La fila ya no la expusieron en la calle, sino los pasaron dentro del parque, dizque pa´que no se vieran por el enrejado hacia afuera por los transeúntes. Vaya, hasta el sol cooperó a eso de las 10 de la mañana y les sonreía igual a rojos que a cristianos. 

Incluso, dicen las buenas conciencias que había un güey de barba, con pants gris y toda la cosa, de la high, primo hermano del Abdala ese, quesque lo mando para que todo saliera bien. Hay que ganarse la tarjeta dorada, primo.

Y es que allá arriba les llegó el rumor de que un padre de familia, mitad encabronado, mitad activista, paso de la teoría a la práctica el muy revoltoso, y el mismo miércoles se fue a buscar a algunos periodistas para que documentaran el hecho de que tantas personas estuvieran allí de pie, sin baños, por más de seis horas en las inclemencias del tiempo, esperando un mendigo apoyo del gobierno en turno. No falta un ajonjolí crudo en el buen mole. 

El Ángel dice que si pasó pero hasta el otro día, ya que cuando regresó a eso de las 5 de la tarde, le negaron el acceso. “Los Siervos de la Nación me dijeron que no, pero yo mismo vi que acababan de dejar pasar a cuatro personas en silla de ruedas. Lo que pasó es que se dieron cuenta tome hartas fotos y videos y pienso se encabronaron de eso… tuve que volver al otro día. Total, tres días que no abrí mi negocio.”    

Fin del proceso del  bienestar para los cuerpos no normados. Ah, pero eso sí, “primero los pobres”.

***

Nunca escuche un pronunciamiento del Delegado del bienestar en Puebla o del Gobernador, menos de la diputada que abandera las causas de las personas en situación de discapacidad, Marisol Amieva. Los personajes del poder brillan por su capacidad

Olvidaba mencionar que tenemos el testimonio con todo y grabaciones de un padre de familia de esos que les pedían foto o video testimonial de la discapacidad, cuando en los documentos personales oficiales ya estaba probada su relación de parentesco y la situación de discapacidad de su menor hijo. 

Resulta que al otro día, cual selección de cebollas de mercado, los Siervos que estaban atendiendo dentro del Parque Biblioteca de Rentería, a “ojo de buen cubero” a discreción, le decían a una que otra gente, según como los veían: “… si no puede venir su familiar, entonces haga una video llamada para verlo…”

Ver el cuerpo. Ver la anormalidad. ¿Foucault comería palomitas o se moriría de miedo?


*Disculpe el lector, pero me niego a usar un término médico, como parálisis cerebral, donde al menos hasta mediado del siglo XX, la práctica médica en la mayor parte de los hospitales de antes de la 2ª Guerra Mundial usaban terminologías influenciadas o determinadas por la blanquitud , así como el racismo y la eugenesia. Tradición reproducida por muchos de nuestros médicos latinoamericanos solo como materia y no como reflexión crítica histórico-política. 

Comparte
Autor Lado B
Juan Daniel Flores
Cuidador, sociólogo y pedagógo en ciernes.