Alexa Yathana Joaquin Solis | Girl Up México
México está pasando por un momento histórico, la elección de la primera presidenta de nuestro país. No obstante, ante este magno acontecimiento, surgen varias incógnitas: ¿esto tiene algún efecto en la creación de un ícono de representación? ¿Una mujer en una posición de poder, históricamente dominada por hombres, realmente puede abrir las puertas para que otras mujeres tomen el poder? ¿Qué nos depara el futuro en términos de feminismo y derechos humanos?
En las últimas semanas, los movimientos feministas se han encontrado en una encrucijada: la alegría y esperanza de ver a una mujer en el máximo puesto de poder político frente a la cruda realidad de la política mexicana que, a menudo, nos deja escépticas. Sin embargo, esta reflexión no busca ser una crítica hacia el gobierno entrante, sino analizar dos posibles escenarios y, al final, invitar a los lectores a formar su propia opinión.
Un estudio realizado por Johnson y Mathur-Helm (2011) en Sudáfrica mostró que un número significativo de mujeres ejecutivas tenían comportamientos competitivos, relacionados con el síndrome de la abeja reina, en entornos laborales dominados por hombres. En contraste, otra variedad de estudios propone que las mujeres adoptan una postura más solidaria y colaborativa, buscando crear redes de apoyo para facilitar el acceso de otras mujeres al liderazgo. Esto plantea una cuestión importante: ¿cómo pueden las mujeres en el poder impactar el desarrollo de otras mujeres en roles similares?
El síndrome de la abeja reina, investigado por M. L. Derks, A. Fischer y A. van Laar en su estudio “The Queen Bee Syndrome: Why Women Are Less Likely to Help Other Women” (2011) analiza cómo algunas mujeres en posiciones de poder actúan de manera competitiva hacia otras mujeres y crean barreras adicionales para aquellas que buscan avanzar en su carrera. Este estudio provocó críticas mixtas dentro de los feminismos, abriendo el debate sobre la naturaleza de las dinámicas de competencia entre mujeres en el entorno laboral.
Por otro lado, existen alternativas al comportamiento competitivo que promueve el síndrome de la abeja reina. Conceptos como el liderazgo transformacional y la sororidad en el liderazgo muestran que muchas mujeres optan por ser mentoras y apoyar a otras; estos estilos de liderazgo inclusivo promueven el desarrollo colectivo. Investigaciones como las de Michelle Ryan y S. Alexander Haslam sobre el “Glass Cliff” y el libro Women and Leadership: Real Lives, Real Lessons de George Goethals y Crystal Hoyt revelan que, especialmente en situaciones críticas, muchas mujeres adoptan un liderazgo más empático y transformacional. Crean espacios seguros donde otras mujeres puedan prosperar, mientras rompen las barreras que el síndrome de la abeja reina refuerza.
Entonces surge una pregunta clave: ¿es una decisión individual adoptar uno de estos dos caminos en el liderazgo? Si bien existen factores personales, también hay elementos externos que influyen, como el aislamiento en entornos dominados por hombres, la discriminación de género, la falta de redes de apoyo y el sacrificio personal, pueden inclinar la balanza hacia un estilo más competitivo o más solidario, según el contexto de cada mujer.
Sin embargo, este dilema no es únicamente un asunto personal, está profundamente vinculado con las estructuras sociales que rodean a las mujeres en su camino hacia el poder. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de evaluar si los espacios que creamos son lo suficientemente seguros e inclusivos para permitir un liderazgo basado en la sororidad y el apoyo mutuo.
De hecho, según la ONU, la igualdad de género en el liderazgo político y económico a nivel mundial podría tardar entre 100 y 150 años Por lo tanto, preguntarnos qué impacto tendría este segmento con tendencias competitivas para ocupar roles clave en la toma de decisiones es fundamental. ¿Podrían estas mujeres reforzar estructuras que limitan el acceso de otras al poder? Incluso aunque parezca pequeño frente al restante que opta por el liderazgo solidario, su influencia podría tener consecuencias en un mundo donde el poder está concentrado en pocas manos.
No obstante, la solución no puede ser excluir a estas mujeres o vigilarlas en su ascenso. La respuesta no radica en juzgar a las mujeres que, debido a las circunstancias, han adoptado un enfoque más competitivo. En lugar de esto, debemos centrarnos en cambiar el contexto en el que estas dinámicas emergen. Si las causas del síndrome de la abeja reina son estructurales, las soluciones también deben serlo.
Todo esto nos lleva a la necesidad de crear espacios seguros, donde las mujeres no solo puedan crecer profesionalmente, también apoyarse mutuamente sin miedo a ser vistas como competidoras. Es fundamental que en estos espacios se promueva la colaboración, la inclusión y la sororidad. Aunque los espacios exclusivos para mujeres puedan parecer una solución efectiva a corto plazo, en algunos casos, también pueden generar estigmatización o competitividad entre las propias participantes. La verdadera solución no está en la exclusión, sino en la creación de espacios inclusivos y colaborativos donde personas de todas las identidades trabajen juntas pero con un enfoque claro en visibilizar las problemáticas estructurales que nos mantienen como una minoría.
Un ejemplo de esta colaboración se encuentra en los programas de liderazgo juvenil. Según el estudio «Youth Leadership Development: Lessons from the Field», estos programas han demostrado ser efectivos en fomentar el liderazgo colaborativo y empático, habilidades cada vez más valoradas en el mundo laboral. Crear redes de apoyo y promover la inclusión desde etapas tempranas es crucial para desarrollar liderazgos más saludables en el futuro. Pero, aunque estos modelos parecen funcionar en teoría, ¿serán realmente efectivos al implementarse o solo llevarán problemas como el acoso, la discriminación y la misoginia en espacios “seguros”?
La realidad es que no lo sabremos hasta que lo intentemos. A modo de conclusión, quien escribe recuerda que el reto no es solo generar equidad en el acceso al poder, sino también asegurarse de que los espacios donde estas mujeres lideran sean inclusivos y colaborativos. De esta forma, podemos evitar que el síndrome de la abeja reina se reproduzca y fomentar un liderazgo que refleje el avance hacia un futuro más justo y equitativo. La pregunta final es, ¿realmente estamos creando los entornos adecuados para el desarrollo de liderazgos sanos? ¿O estamos condenados a ver un retroceso en la lucha por la equidad?
Alexa Yathana Joaquin Solis es parte de la comunidad de Girl Up México, una organización liderada por juventudes que capacitan, inspiran y conectan con otras activistas por la igualdad de género. Haz clic aquí para leer más sobre Girl Up México y su trabajo impulsando a jóvenes agentes de cambio.