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Mundo colibrí, un regalo para Puebla
El Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos presenta reproducciones en barro de más de cuarenta colibríes en tamaño real
Por Gene Cruz @
10 de octubre, 2021
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Detrás de unas pantallas forradas de gasa, la mirada curiosa descubre una serie de pequeños pájaros suspendidos en el aire que lucen atractivos plumajes pintados mientras los iluminan luces en el techo, los refleja un espejo colocado en la base de un peculiar aviario y los bañan los sonidos de sus propios cantos. 

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Se trata de Mundo colibrí, un regalo de las Américas, una exposición que llena cuatro salas del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos como parte del festival Alas sobre rieles. Construyendo comunidades de paz y gracias a la campaña #VolverAVerte, de la Secretaría de Cultura.

Bajo la curaduría de Ana Álvarez, se nos entregan 45 esculturas del artista Davit Nava, las cuales representan a diferentes especies de tan singular ave. Alrededor de estas, se leen sus nombres científicos en fichas circulares, que también contienen datos sobre sus respectivos hábitats, sus estados de conservación o sus aspectos físicos, estimulando aún más la curiosidad de quien desee identificar cada una de las esmeradas obras en barro, sin hornear, con detalles en material reciclado.

Las piezas centrales de la muestra son las peculiares instalaciones que evocan un entorno forestal, al leerse en conjunto con la suave iluminación —que mezcla fuentes naturales y artificiales— y la sonorización proporcionada por la Macaulay Library y The Cornell Lab of Ornithology que, con grabaciones en repetición del canto de los colibríes y sus ecosistemas, ambienta delicadamente la observación y el aprendizaje.

En la exposición, las temáticas están divididas por estancias. Primero, se parte de un mapa que muestra el dominio territorial de las más de mil 200 especies de colibríes a lo largo del continente americano, del que son endémicos.

Después podemos conocer más sobre sus ecosistemas, comportamientos y fisonomía. De hecho, en esta sección es sorprendente visualizar tanto el esqueleto de un colibrí, como el plumaje que rodea el ojo del zunzuncito, una especie cubana reconocida por ser la más diminuta del mundo.

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Los colibríes y su relación con los pueblos originarios

Mundo colibrí, un regalo para Puebla

Foto: @MundoColibri | Twitter

El impacto cultural del ave en las culturas autóctonas de Canadá y Latinoamérica (en México y Perú, por ejemplo) se hace patente más tarde, en la tercera sala, por medio de reflexiones en torno a los vocablos, leyendas y geoglifos (las líneas de Nazca) que los ocupan como referentes del sol, los guerreros, o la vida misma, y como augurio de buena suerte o de cosechas prósperas.

En este sentido, en una de las mesas bajas dispuestas en la exhibición, se encuentran fragmentos extraídos del Códice De la Cruz-Badiano (siglo XVI), considerado “el texto más antiguo de medicina escrito en América”. Aquí se ilustran las plantas que sirven como fuente alimenticia del colibrí, o que ejemplifican cómo el singular volador influyó en la manera de nombrarlas. Llama la atención el contraste que se hace entre pasado y presente, entre los usos antiguos y actuales de cada una de ellas. 

Por ejemplo, el Quauhhhuitzilxochil o Flor del colibrí del monte era efectiva “contra la fatiga del que administra la república y desempeña un cargo público”; en cambio, ahora aplaca las enfermedades respiratorias, la fiebre o la disentería.

Asimismo, podemos saber gracias a paneles informativos que, las lenguas prehispánicas asimilaron a estos pajarillos al integrarlos en los nombres de distintos lugares de México. Algunos de ellos se ubican en el estado de Morelos: Huitzililla (Abundancia de colibríes), Huitzilac (Entre los colibríes) —ambos denominados en náhuatl—; en tanto otros, como Huitzitzilan (En donde abundan los colibríes, náhuatl) y Tzintzunuata (Cerro de los colibríes, en purépecha) se hallan en Michoacán. 

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Mención especial merece la copia de una pieza prehispánica de Zaachila (Oaxaca), resguardada bajo una vitrina: la obra sobresale por el fino colibrí posado en el borde de una copa zapoteca que, de acuerdo con la curaduría, alude al cierre del ciclo vital en la Tierra. 

Exponer para preservar

Mundo colibrí, un regalo para Puebla

Foto: @MundoColibri | Twitter

En la cuarta sala, la crítica a las prácticas actuales que amenazan la supervivencia del colibrí se vuelve apremiante, pues los intentos de rescate se ven frustrados por la violencia del crimen organizado, que no solo atenta contra los ecosistemas que constituyen su hogar, sino que limita las acciones que buscan salvaguardar su vida.

No obstante, como un llamado esperanzado a las nuevas generaciones, los estantes informativos que cuentan con breves oraciones ilustradas —situadas a una menor altura para el alcance de los más pequeños—, instan a tomar acciones en la vida cotidiana que permitan al colibrí seguir existiendo. Entre ellas, destacan la recomendación de sembrar flores además de árboles y la de instalar bebedores con agua limpia, endulzada exclusivamente con azúcar de caña. 

Se puntualizan, a su vez, una serie de acciones sugeridas para el Estado, las comunidades, y los centros de investigación, no gubernamentales y académicos, entre las cuales resaltan: hacer frente al cambio climático, desarrollar e implementar medidas de conservación, así como un cuidado activo, tanto de los ejemplares de colibríes, como de los lugares en los que habitan o de los que extraen su alimento.

Actualmente, el territorio nacional alberga cerca de sesenta especies de colibríes; sin embargo, de nosotros depende que el número se mantenga y que el mundo colibrí sea una realidad y no sólo el título de una exhibición. 

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Mundo colibrí, un regalo de las Américas estará disponible hasta finales de abril del próximo año en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (Calle 11 Norte 1005, Puebla).

*Foto de portada: @MundoColibri | Twitter
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Gene Cruz
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