Lado B
A Quiet Place Part II, de vuelta al horror silencioso
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
01 de julio, 2021
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Cuando A Quiet Place del actor, escritor y director estadounidense John Krasinski se estrenó allá por el 2018, no solo tomó desprevenidos a propios y extraños, también hizo que la crítica y la taquilla —rara vez esto sucede— estuviera de acuerdo en que no se trataba de otra tonta película más de “invasiones alienígenas”, sino, más bien, de todo un clásico en su tipo. Un clásico contemporáneo, quiero decir.

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Nada menos que una historia postapocalíptica de horror y ciencia ficción sobre una familia haciendo frente a un futuro desolado en donde la humanidad habría sido desplazada a lo más bajo de la cadena alimenticia luego de que unas extrañas criaturas de otro mundo, aparentemente ciegas, pero con un instinto depredador a base del sonido, invadieran la Tierra hasta orillar a los pocos sobrevivientes a un silencio rotundo. A un silencio desbordante.  

Y de ahí la grandeza de la película. La verdadera gracia que convirtió a la cinta de Krasinski en algo más que una trama patatera. 

A Quiet Place se volvió toda una experiencia cinematográfica de alto impacto ya que nos llevaba a vivir en carne propia la dimensión de un miedo ya no a base de sonidos estridentes o molestos screamers —algo bastante usado hoy en día en cintas comerciales de horror— y en cambio, nos hizo comprender la grandeza del silencio —aún mucho más allá de la música y el ruido— dentro de una producción cinematográfica. 

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O en otras palabras: nos hizo volver, casi por obligación, a la época en donde lo filmes silentes eran capaces de infundir un miedo más allá de la imaginación. A recordar por qué diablos Nosferatu (1922) de F. W. Murnau o The Cabinet of Dr. Caligari (1920) de Robert Wiene se habían convertido en piezas fundamentales del género desde su estreno… pero ahora, en una época donde el “ruido” se ha vuelto un elemento indispensable para aterrorizar a la audiencia. 

Krasinski arriesgó todo y lo ganó todo por igual. Había conquistado la taquilla y generó, dentro de las propias salas del cine, la magia de confundir lo real con lo ficticio introduciéndonos a su propio universo.

Porque la gente ni siquiera se atrevía a hablar por temor a hacer ruido. Ni un mísero estornudo o un sorbo de refresco. El silencio ganó mucho más que los screamers aquella vez y pasó a convertirse, de manera azotadora, en toda una cátedra en la materia. Una cátedra que por supuesto, muchas cintas intentarían emular a su manera.

Como la descafeinada y aburrida The Silence (2019) de John R. Leonetti sobre una familia que huye de una invasión de misteriosos seres alados guiados por el ruido. O Bird Box (2018) de Susanne Bier junto a John Malkovich y Sandra Bullock, solo que en lugar del “silencio” como principal premisa dentro de una trama de ciencia ficción sobre seres de otro planeta, era la necesidad de taparse los ojos lo que evitaría que la humanidad llegara a su extinción. Pero ninguna como la cinta de Krasinski. 

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¡Pues bien, queridos padawans! A tres años de su estreno y con un éxito arrollador, nos llega la segunda parte.  Una secuela que, a diferencia de muchas otras, sí que resultaba necesaria porque todos pedían a gritos un poco más. Más respuestas, más historia, más silencio. Y así fue. A Quiet Place Part II estrenada en salas de cine este 2021, luego de un enorme retraso a causa de la pandemia, surge de la necesidad de contestar grandes preguntas que surgieron de la primera parte. 

Como, por ejemplo, ¿de dónde llegaron las criaturas? ¿Cómo es que comenzó la invasión? O más importante todavía: ¿cuál sería el destino de nuestros desdichados protagonistas luego de ese emocionante final? 

Las posibilidades eran tan ricas que Krasinki tanto podía llevarnos a una precuela que intentara explicar el origen de todo lo que no pudimos ver, como por supuesto a una secuela que continuara con los acontecimientos de la primera entrega. 

Sin embargo, A Quiet Place Part II parece que no ha querido defraudar a nadie y por ello ha intentado ser un híbrido de ambas cosas, que resuelva los misterios y las lagunas argumentales, pero también, que no nos deje pasmados a la espera de lo que viene después. 

Un híbrido, claro que sí, que funciona y que lo hace de maravilla, pero que, a opinión personal —repito: netamente personal—, hubiera preferido mil veces que se concentrara en una sola dirección.

Vamos a ver. Tampoco vayan a malinterpretarme. Amé esta película. No obstante, la historia que intenta contarnos su director no es la gran cosa tampoco. Prácticamente es una cinta de supervivencia como la primera, con la misma familia, una que otra cara nueva, y un montón de situaciones que, si bien pueden resultar algo predecibles y hasta recicladas, generan la suficiente tensión argumentativa como para volverla una digna secuela.

Pero ya sabes lo que dicen: lo cortés no quita lo valiente. He de admitir que los primeros 15 minutos, narrándonos de manera esporádica y casi subjetiva el origen y la invasión de las criaturas, me ha parecido lo más estupendo que tiene la cinta con diferencia. Es tan épico. Tan aterrador. Tan magníficamente bien conseguido. ¡Lo que hubiera dado porque esta secuela en realidad fuera una precuela!

Había tanto material interesante en el arranque, con todos esos flashbacks repentinos, de verdad emocionantes, que una vez volvemos al presente, toda la “magia apocalíptica se pierde.” ¿Y para qué? ¡Bueno, yo les diré para qué! Para seguir con la misma travesía silenciosa de siempre. Donde la madre, esta vez de manera solitaria, lidia con la supervivencia de sus hijos. Y donde mostrar hechos del pasado solo son excusas para colarnos un nuevo personaje como sustituto del que interpretó el propio John Krasinski. 

Además, claro que se plasmará un “nuevo destino” a manera de narrativa, donde todos nuestros personajes deberán huir, pero de una forma bastante particular. Por medio de un recurso ya muy efectivo. 

Quizá sea el único crítico de cine que diga esto, pero… ¿recuerdan aquel épico desenlace de Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring (2001) donde la comunidad del anillo inesperadamente se separa luego de ciertos acontecimientos —como la muerte de Boromir— para contarnos justo en el arranque de su secuela, The Two Towers (2002), dos o más aventuras en una sola película? 

Bueno, aunque de una forma menos elaborada y un tanto decepcionante, A Quiet Place Part II logra este mismo cometido. La familia que tanto habíamos visto unida en la primera parte, repleta de coraje e instinto de supervivencia, contra todo un mundo que aparentemente se había ido al carajo, se separa en esta secuela para dirigir nuestra atención a dos tramas diferentes. Aunque eso sí, una más interesante que la otra.

Por un lado, tenemos que el personaje de Regan Abbot —interpretada por la talentosísima actriz juvenil Millicent Simmonds— se embarca junto a un viejo conocido de la familia de nombre Emmet —nada menos que el nuevo en el elenco, Cillian Murphy, de la cinta 28 Days Later (2002)— a una suerte de refugio apartado de la civilización luego de que descifrara unas extrañas coordenadas de una transmisión de radio. 

Mientras que la madre de los chicos, Evelyn Abbot —de nueva cuenta, Emily Blunt en su máxima potencia— junto al pequeño Marcus —Noah Jupe— aguardan en un solo lugar, debido a lo complicado de su situación, en la espera de que estos regresen.

Es ahí cuando A Quiet Place Part II llega a tornarse bastante… “irregular”. Mientras la travesía de los primeros tiende a ofrecernos una serie de acontecimientos de lo más entretenidos, que van desde encuentros con supervivientes lunáticos no deseados hasta enfrentamientos con las propias criaturas de pesadilla, lo que les depara a los segundos, aunque no está tan mal, tampoco llega a ser tan relevante para la trama.

La falta de un equilibrio, ya sea de emoción y aventura entre estas dos líneas argumentales, es el principal problema que le veo a toda la película. De hecho, hasta me hace pensar que John Krasinski no supo qué demonios hacer con todos estos personajes reunidos y, para evitarse de problemas, se le ocurrió la vieja confiable entre los guionistas: separarlos. 

Luego, el asunto de un “refugio utópico” en donde los personajes tienen que llegar porque no hay nada más interesante ni revelador que contar en este universo, aunque sirve como detonante narrativo para cualquier historia apocalíptica habida y por haber, tampoco termina siendo un peso tan justificado. No hay nada trascendente cuando se llega hasta allá.  

Discúlpenme por ser tan quisquilloso al respecto, pero al ser un amante casi declarado de la primera entrega es inevitable sentir que esta segunda se queda sin ideas en ocasiones. Sin intención de desacreditar su universo ni mucho menos. Pero refuerza más la tesis de que los elementos emocionantes y de pura relevancia —eso que en verdad hacía falta contar— no se encontraban después de lo que vimos en la primera parte sino mucho antes… en una posible precuela.

Pero entiendo las razones. Entiendo que Krasinski, como todos los involucrados, han optado por el viejo dicho que reza “menos es más”. Y generar “suspenso” a través del desconocimiento. De no saber y apenas conocer. De no ser parte del origen sino de las consecuencias. Que los monstruos sean apenas las excusas para el verdadero propósito de la cinta. El viejo recurso de George A. Romero con sus zombis o de Ridley Scott con sus aliens —o al menos en su primera parte donde no sabíamos de los Ingenieros—. 

Pero, así como va la franquicia, con esta exitosa secuela que al igual que la primera ya conquistó la crítica y la taquilla, eventualmente se tendrá que ahondar mucho más en los detalles. Y la idea de contar todo aquello que no vimos, sin duda será la clave para hacer más rico e interesante este universo que si bien ya funciona por sí solo, puede mejorar.   

En cambio, lo único que nos queda es una película netamente entretenida. Realmente funcional. O hasta palomera diría yo. Que no se cae tanto como suelen hacer a veces las secuelas, pero sin ser capaz de superar a su primera. NI CAGANDO. La fuerza de la película radica en sus poderosas actuaciones, en los magníficos efectos CGI que han mejorado desde entonces y por supuesto, a sus interesantes maniobras para generar suspenso. 

¿Lo peor con que podemos toparnos en esta secuela? Su falta de determinación a no ser tan atrevida como para contarnos lo suficiente, a no pretender que se puede ir más allá sin perder el misterio o la emoción dependiendo de la maestría de sus guionistas.  

¿Y lo mejor? Millicent Simmonds sin ninguna duda. Una actriz juvenil prometedora que logra hacerse de un personaje fuerte e interesante. Que se roba la película y que recupera los mejores momentos para enmarcar en la pared.  

Pero más importante todavía: a seguir probando que el silencio, lejos de todo sonido estridente que hace saltar a la audiencia de sus butacas, de todo maldito screamer barato sacado de internet para “generar miedo”; es mucho más efectivo y hasta interesante cuando tienes una buena historia entre manos. O al menos mucho más efectivo que cualquier cinta del universo de The Conjuring

Porque eso es A Quiet Place Part II queridos padawans. ¡De vuelta al horror silencioso!

 

 

Sinopsis: 

“La familia Abbott ahora se enfrenta a los terrores del mundo exterior. Forzados a aventurarse en lo desconocido, se dan cuenta de que las criaturas que cazan por el sonido no son las únicas amenazas que acechan más allá del camino de arena.”

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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