Lado B
Nobody, ¡la fórmula John Wick en su máxima potencia!
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
10 de junio, 2021
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Es bien sabido —por todo fanático que se respeta— que el estreno de John Wick, dirigida por Chad Stahelski y protagonizada por el mismísimo Keanu Reeves en 2014, (también conocida como Otro día para matar), no se trató simplemente de una película más de acción del montón. Fue, de hecho, todo un acontecimiento. 

Aunque sus proezas no fueron producto del peso del argumento —una cinta sobre venganza cuya historia se arranca tras el asesinato de un simple perro y que ha dado muchas bromas y memes al respecto— sí que lo fueron sus incontables coreografías e impactantes movimientos de cámara que nos regalaron, a su vez, un nuevo personaje en el género. Un ‘Action Man’ tan duro y “tan roto” como no habíamos tenido desde la década de los 90s. 

Más temprano que tarde, el nombre de John Wick, nada menos que un excelso y terrorífico asesino profesional apodado por el bajo mundo como el “Baba Yaga” —o “el hombre del saco”, que una vez que te tiene en la mira, jamás escaparás de él— ya contaba con toda una trilogía, un legado respetable y una influencia más que evidente en las postreras cintas de acción. Todo un “clásico contemporáneo”.

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De pronto nos llegaba Liam Neeson en aquella Run All Night (2015) siguiendo la misma línea sobre venganzas “malogradas” en el mundo del crimen como clara inspiración de la cinta de Keanu Reeves. También tenemos a Charlize Theron en una cinta de espionaje y asuntos gubernamentales como Atomic Blonde (2017), apodada por muchos como ‘la John Wick femenina’ debido a esa rudeza de su personaje y a las épicas escenas de acción con planos secuencia. 

Y ahora, porque no podía faltar, nos llega también Nobody (2021) como una de las propuestas más impactantes y desafiantes del género como no habíamos visto desde la épica cinta de Chad Stahelski. Lo que ha derivado, por supuesto, en ciertos comentarios despectivos o fácilmente engañosos en la que es mejor no caer ni mucho menos creerse.   

Porque… seamos sinceros. Aunque la nueva película de acción del momento protagonizada por Bob Odenkirk tenga un espíritu bastante similar y esté siendo consagrada —quizá por el furor de los fanáticos— como nada menos que “la nueva y hasta mejorada John Wick”, déjame decirte que no todo en esta afirmación es correcto.

Dirigida por un entendido en el género, como el ruso Ilya Naishuller, autor intelectual detrás de Hardcore Henry —nada menos que esa innovadora cinta sobre emulación de videojuegos en primera persona que llamó mucho la atención tras su estreno en 2015—, Nobody (2021) es algo así como “la hermana de sangre”, más fiel y parecida a John Wick (2014) que hayamos tenido desde entonces. Tanto que incluso podríamos afirmar que transcurre dentro del mismo universo.

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No obstante, este parecido no se debe a que sea una copia barata o hasta descafeinada en pos de emular el mismo éxito de este último, sino que el guion, sorpresivamente, corrió a cargo de nada menos que el mismo sujeto que escribió John Wick (2014): Derek Kolstad.

He ahí la razón de por qué encontraremos grandes paralelismos una con otra. En la premisa: con una historia de venganza que se pone en marcha a causa de la pérdida de un “Macguffin” en apariencia pequeño, pero con un poderoso trasfondo. En el protagonista: con Hutch Mansell (Bob Odenkirk) —el nuevo “Action Man” en turno— como un típico padre de familia intentando huir de un pasado turbulento. Y con la misma mafia rusa persiguiéndole a causa de sus “pecados” como una suerte de “detonante antagónico”. 

Nobody (2021) es la fórmula John Wick (2014) en su máxima potencia. La premisa base que definió la cinta de Chad Stahelski y la que la llevó a la cima: una violenta, casi hambrienta cinta de venganza y crimen a la vieja escuela con un propósito sencillo, pero con un trasfondo complicado, donde los demonios del pasado buscan a toda costa que regreses a tu propio infierno. Porque el infierno no olvida, aunque tú creas que sí.

Uno de los grandes aciertos de esta película es que busca engañar a su público a base de absurdas apariencias. Ofrecer grandes giros en momentos insospechados. Y construir una historia lo suficientemente sólida —lo suficientemente “grande”— a través del desconocimiento de su público. Como abrir un libro a la mitad y comenzar a leerlo.  

Nobody, ¡la fórmula John Wick en su máxima potencia!

Fotograma de Nobody (2021) / Foto: Universal Pictures

Derek Kolstad, con una narrativa prácticamente en formato in media res, donde “la gran historia” ya fue contada en algún momento, te permite encontrar a sus personajes justo en el clímax de sus quebrantadas vidas. 

John Wick pretendía que observaras con lujo de detalle cómo un hombre temido y respetado volvía a su antigua naturaleza, luego de haber escapado de ella con tanto sacrificio, para desatar ahora un caos insoportable. Nobody es similar. Solo que se toma su tiempo para construir —o deconstruir— a su protagonista y que descubramos sus verdaderos motivos.

La monotonía de esta historia: la rutinaria y agobiante vida de un hombre común, a sus 58 años —la edad real del mismo Bob Odenkirk— nos permite apreciar un escenario tan apacible y extraño —como resulta la primera mitad de la película— que luego se contrarresta con un mar de tragedias, acción desenfrenada y una surrealista lluvia de balas al más puro estilo exploitation. Una combinación que destaca por su rareza y funciona por su habilidad de unir géneros. 

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Fotograma de Nobody (2021) / Foto: Universal Pictures

Ahora intenta definir lo que acabas de ver. Por un momento Ilya Naishuller pretende usar el elemento “venganza” a través del cine de home invasion para arrancar con la historia. Esta venganza malograda de pronto muta para volverse un conflicto del tipo noir, con mafia y crimen de por medio, para terminar convirtiéndose en una arrebatadora propuesta de acción que te levanta del asiento cada que parece que estamos llegando a su fin. Pero la película te repite que esta odisea no quiere tener un final. Que el clímax, de hecho, es su verdadera conclusión.  

A decir verdad, Nobody (2021) recuerda a la misma naturaleza de aquellas “épicas de acción exploitation de finales de los 80s y principios de los 90s, principalmente enfocadas en la búsqueda de la redención, donde lo absurdo y extremo de la violencia paradójicamente terminaban por construirte un retrato fidedigno —algo repugnante— de la verdadera naturaleza del hombre. Sobre todo, cuando este busca “justicia” bajo sus propias manos. 

Un poco de Raw Deal (1986) de John Irvin junto a Arnold Schwarzenegger y aquella historia de acción y espionaje en la búsqueda de la venganza de un ser querido a través de las balas y el entrenamiento. 

O la mismísima Death Wish (1974) de Michael Winner, por ese halo románticamente humanista, en donde se pone en tela de juicio la moral y la justicia para apologizar de manera silenciosa el recurso de la violencia como una herramienta más que efectiva cuando todo lo “correcto” nos ha fallado.

Y a todo esto súmenle el verdadero talento de quien protagoniza esta matanza. Bob Odenkirk, con esa cara dura y es habilidad monstruosa, te convence que cualquiera puede ser un verdadero ‘hombre de acción’ sin importar la edad. Es un puto genio que cumple a la hora de encarnar a Hutch Mansell. Casi que puedes entender su absurda vida llena de violencia solo con un simple gesto. Y reírte con ello sin temor de perder la seriedad. ¡Hutch es una dulce ironía! Y Bob hace lo posible para que lo percibas como un personaje tragicómico. Que sufre, pero que disfruta con ello. 

Aleksei Serebryakov como Yulian Kuznetsov, el jefe de la mafia rusa y “posible antagónico” —aunque resulta absurdo viniendo de una película que carece de héroes— es magnífico y poético. Un rival de pesadilla que en el momento justo de su confrontación llega alcanzar el término de “antihéroe” aunque solo termina siendo “el contrapeso perfecto”. El otro lado de la balanza. La representación de un destino inexplicable. Ese que llega en el momento inoportuno y que hace mover las piezas del tablero. Y Aleksei pretende que te creas todo ese poder. 

En resumen, una simple batalla de monstruos descarnados capaces de manejar tácticas de matanza tan profesionales como francamente surrealistas. Una película animal. Demasiado desquiciada. Demasiado maniática y destructiva. Es justo lo que saldría si colocaras en una licuadora de acero inoxidable a John Wick (2014) y Hardcore Henry (2015). Proteína para sociópatas. 

Tiene el encanto de los personajes de la primera, y la locura subversiva —verdaderamente innovadora— de la segunda. Pero he ahí su propósito.

Nobody (2021) tiene la magia de volver creíble lo increíble. Tomar lo absurdo del género, lleno de balas y personajes indestructibles, para luego devolvértelo con cierta pizca de humanidad. Convencerte de que la voluntad de un hombre no solo puede mover montañas; también hacer de “la famosa búsqueda de la justicia”, una nueva y hasta bellísima forma de redención más allá de la vida y la muerte… y no cuestionar en absoluto la lógica de su universo. 

Nobody, ¡la fórmula John Wick en su máxima potencia!

Fotograma de Nobody (2021) / Foto: Universal Pictures

Que jamás creas que lo que estás viendo carece de sentido común. Y en cambio, que la magia explosiva, casi desbordante y rocambolesca, sea de hecho, su verdadero encanto. John Wick (2014) lo hacía desde sus primeros minutos; Nobody (2021) solo lo perfecciona. Siendo consciente de su gracia y siguiendo su propio camino. 

Aquí no debe haber cabida a comentarios intelectualoides. Aquí ya no se debe decir: “este hombre no muere con nada” o quejarte de que a “ese otro nunca se le acaban las balas”. La grandeza de este guionista es que cuando quiere que le creas, le vas a creer. Y cuando busca que te emociones, aún por más absurdo que resulten las circunstancias, créeme, querido padawan… te vas a emocionar. 

Es justo lo que todo espectador busca al ver una película sea del género que sea: emoción. Nada más que eso. Genuina y potente emoción. ¡Pues aquí tienes un plato entero de emoción en estado bruto para que no vayas a quejarte! Y es justo lo que se necesita también para comenzar una saga con poderosos cojones. 

Nobody (2021) abre las puertas a un universo de acción desenfrenado. Puede haber más secuelas si se lo proponen. ¡Va a funcionar! Puede haber un crossover con John Wick (2014) si así les apetece. ¡Va a funcionar! Pueden hacer precuelas y contarte todo lo que había antes… ¡porque va a fucking funcionar!

Nobody (2021) es el ejemplo perfecto para notar el encanto del género de acción. De las buenas películas de acción quiero decir. ¡El poema necesario para reconocerlo! ¡Una nueva exponente en la materia y la fórmula John Wick en su máxima potencia! ¡Ahí madre!

Sinopsis:

“Un transeúnte interviene para ayudar a una mujer que está siendo acosada por un grupo de hombres y se convierte en el objetivo de un vengativo narcotraficante.”

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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