Enviado el 09/06/2021 El hedor

Hoy toca, de nuevo, hablar de corrupción.

 

 

“Media mañana del sábado 29 de mayo en las inmediaciones del Estadio Cuauhtémoc. Inspectores del gobierno estatal descubren infraganti al chofer de una pipa tráiler que descarga aguas verdes, espumosas y fétidas sobre un terreno que alberga cuatro campos de beisbol. La noticia corre pronto por las redes sociales con la identificación de un nombre, Río Sul, como la empresa textilera responsable del crimen”.

El párrafo anterior es la entrada del trabajo que publicó Sergio Mastretta en su portal Mundo Nuestro, y narra la manera impune en que la empresa textilera Río Sul descarga agua contaminada a la intemperie.

Sigue Mastretta dice: “La pipa que descarga en unos campos de beis aguas residuales de la textilera Río Sul expone, con una nitidez difícil de imaginar si se quiere construir un documental sobre la desgracia del  Atoyac, los procesos que confluyen con la misma fuerza de la corriente putrefacta del río: desgobierno (ausencia de rectoría de Estado), empresarios sin escrúpulos, y procesos de corrupción que involucran a todos los actores”.

El trabajo de Sergio no tiene desperdicio (es largo, pero narrado con mucha oralidad), y expone cómo la textilera afincada en el parque industrial de La Resurrección, que presume que cuenta con una planta de tratamiento para sus aguas residuales en realidad tiene años contaminando.

 

 

Continúa Sergio: “extracción ilegal y huachicoleo del agua, irregularidades y silencios en la administración de los pozos industriales, conexiones clandestinas a los colectores urbanos, opacidad e inoperancia en el manejo y supervisión de las plantas de tratamiento, descargas ilegales a cielo abierto, delitos ambientales que no se reconocen como tales, desgobierno y ausencia de rectoría de Estado, amparos y chicaneos legales en los juzgados, corrupción e impunidad”.

Los socios dueños detrás de la textilera Río Sul atrapan mi atención: Eduardo Abraham Kanan y Justo Olvera Caballero, nombres que ya habían aparecido antes en la trama Cola de Lagarto como parte del entramado de socios de las empresas que desarrollan esa zona habitacional de superlujo, con campo de golf incluido, en la Sierra del Tentzo, en Atlixco.

 

 

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