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Migración indígena: llegar a la frontera y ser invisible para el sistema migratorio de EEUU
Las barreras lingüísticas y culturales son desafíos adicionales para los migrantes indígenas en la frontera con Estados Unidos, donde tratan con las autoridades de inmigración que desconocen la dimensión total del intento de personas indígenas por ingresar a territorio estadounidense
Por La Verdad de Juárez @
11 de mayo, 2021
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Verónica Martínez | La Verdad/ María Ramos Pacheco y René Kladzyk | El Paso Matters

Cuando Melinda y su familia llegaron a la frontera entre la Ciudad Juárez y El Paso, Texas, a finales de octubre de 2020, el clima amenazaba con una tormenta hasta altas horas de la noche, y el suelo estaba cubierto de nieve.

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La familia guatemalteca había viajado casi dos mil millas ( unos 3 mil 200 kilómetros) desde la municipalidad de Joyabaj, y en aquel momento, sabía hablar solo el idioma indígena de k’iche’.

Al llegar al puerto internacional de entrada a Estados Unidos (EEUU) , Melinda, de 26 años, nunca habló directamente con un agente de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés). No llegó a la cima del puente donde dos agentes de CPB custodiaban la frontera con México, ni tampoco intentó entregarse con su familia a la Patrulla Fronteriza en el cauce del Río Grande.

“No sabíamos nada con respecto a pedir asilo cuando vinimos. Pensamos que nos llevarían adentro, pero vimos que no era así”, dijo Melinda, todavía confundida. “Cuando llegamos (al puente) nos dijeron que estaban cerradas las fronteras por la pandemia, y que no aceptaban más gente”.

Cuando los y las migrantes indígenas como Melinda llegan a la frontera de EEUU después de hacer un largo recorrido para atravesar México, la falta de familiaridad con el proceso para pedir asilo se agrava por las barreras lingüísticas y culturales, causando desafíos y angustias añadidas.

Melinda podía entender algo de español, pero hablarlo le era más difícil. Dependía de otra guatemalteca que se había unido a ellos durante el trayecto por México que servía de intérprete y ayudaba con explicarles el proceso para buscar asilo en Estados Unidos.

“Cuando (nos bajaron) del puente, había unos soldados y mi amiga habló con ellos”, dijo Melinda.

El “soldado” que describió Melinda era probablemente un oficial del Instituto Nacional de Migración (INM) o empleado del Fideicomiso de Puentes Fronterizos en Chihuahua. El hombre llamó al Grupo Beta, una agencia gubernamental que ofrece servicios de protección a las personas migrantes en la frontera de México.

“No sabíamos qué hacer. Yo tenía mucho miedo y no sabía qué hacer con mis hijos. No sabíamos a dónde ir con nuestros hijos que tenían frío. Gracias a Dios que llegaron estas personas aquí y nos ayudaron”, comentó Melinda referente al Grupo Beta.

Un agente del Grupo Beta ayudó a Melinda y a su familia, juntándolos con otras personas migrantes que se habían acercado al puente esa noche.

Dos personas migrantes indígenas más de Guatemala, Alma y su hijo Salvador, estaban en este grupo. Tenían hambre y frío: sus zapatos y el dobladillo de sus pantalones estaban empapados de la nieve apilada al pie del puente internacional.

Alma y Salvador pasaron la noche en un almacén en Juárez y no habían comido nada desde las ocho de la mañana, salvo unas galletas y yogur que compraron con 200 pesos mexicanos que les dio una señora.

Aunque recibieron apoyo de Grupo Beta, Alma dijo que “nadie se acercó” para ayudarles a entender el proceso para buscar asilo en Estados Unidos.

Los desafíos en la frontera

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Melinda relata el viaje de su familia de Guatemala a la frontera entre Estados Unidos y México mientras su esposo, que es mudo, juega con su hijo, Samuel. Foto: Corrie Boudreaux | El Paso Matters

Para los y las migrantes indígenas, pueden ser especialmente confusos y traumatizantes los encuentros con agentes mexicanos y estadounidenses de inmigración. Melinda, en realidad, nunca tuvo ningún intercambio con agentes de CBP ni la patrulla fronteriza, y tampoco sabía que debía presentarse a uno de ellos para iniciar el proceso de asilo. Pero para los que sí se presentan, hay una amplia gama de cosas que pueden ocurrir.

Bajo el Título 42, los agentes de inmigración de EEUU pueden expulsar de inmediato a las personas migrantes a ciudades del norte de México tales como la Ciudad Juárez. Si es un niño no acompañado, es posible que lo detengan en una instalación temporal de CBP antes de ser transferido a un albergue del Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHS, por sus siglas en inglés). También es posible que los pongan en un centro de detención de Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

De no haberse suspendido los Protocolos de Protección al Migrante (MPP, por sus siglas en inglés) –política controvertida de la era de Trump también conocida como ‘Quédate en México’–  pudieron haberse visto obligados a esperara en México hasta la fecha indicada para comparecer ante el tribunal de inmigración de los EEUU. Se calcula que hasta 25 mil personas inscritas en este programa siguen sin poder salir de México, en espera de su audiencia.

Los protocolos comenzaron en 2019 y se cancelaron el 21 de enero de 2021. Esto implica que Melinda y su familia, junto con Alma, quien llegó a la frontera en octubre del 2020, habrían tenido la oportunidad de inscribirse en el programa, pero por alguna razón, no lo hicieron.

Con la comprensión limitada de Melinda del español, y su confusión al llegar a la frontera, no es claro si les negaron la posibilidad de buscar asilo o si los migrantes no pudieron expresar su deseo de inscribirse en los protocolos.

El Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM), administrado por el Consejo Estatal de Población (COESPO) de Chihuahua, es la primera parada que hacen muchos migrantes al llegar a Juárez.

Pero CAIM no tiene la responsabilidad de informar a los migrantes sobre el proceso de asilo, porque eso lo maneja el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, dijo el coordinador de COESPO, Enrique Valenzuela.

El acceso para indígenas a EEUU

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Diego, hijo de Melinda, elige un juguete de una caja en el refugio El Buen Samaritano en Juárez. Melinda está aprendiendo español, pero quiere que sus hijos conserven su lengua nativa K’iche. Foto: Corrie Boudreaux | El Paso Matters

Unas 100.000 personas de origen guatemalteco han sido encontrados por Aduanas y Protección Fronteriza en las fronteras terrestres de Estados Unidos entre octubre y marzo, los primeros seis meses del año fiscal 2021 del gobierno federal de EEUU. Como el 44 por ciento de los guatemaltecos es indígena, es lógico que van llegado muchos miles de hablantes de lenguas indígenas, como Melinda y Alma, de Guatemala, uno de varios países emisores con importantes poblaciones indígenas.

Además, dos estudios recientes encontraron que una de cada cinco personas detenidas en Estados Unidos es indígena.

Pero como ni el CBP ni ICE dan seguimiento del número de inmigrantes indígenas, ni tampoco rastrea el número de hablantes de lenguas indígenas con el que se encuentra, no se conoce la dimensión total del intento por inmigrar de personas indígenas a los Estados Unidos.

Los defensores de las y los migrantes aseveran que no es la norma que los agentes de CBP ofrezcan servicios de interpretación contundentes a los que hablan lenguas indígenas.

Si bien el vocero del CBP del oeste de Texas, Roger Maier, confirmó que los agentes utilizan un servicio de interpretación por teléfono cuando se encuentran con hablantes de lenguas indígenas, indicó que no había estadísticas en cuanto a la frecuencia del uso de dicho servicio.

“Me parece que actualmente hay 22 lenguas mayas que reconoce el gobierno guatemalteco, así como lenguas que no son maya como garífuna y xinca, y el gobierno de México reconoce 68 lenguas nacionales, entonces claramente no es correcto suponer que alguien de Guatemala o alguien de México habla y comprende el español”, dijo Leah Rodríguez, de Texas Rio Grande Legal Aid.

 

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*Foto de portada: Corrie Boudreaux | El Paso Matters

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Autor Lado B
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