Reflexión filosófica desde la cotidianidad para tender puentes
Corazón del Barrio ha iniciado con la práctica del café filosófico, un espacio para ampliar aspectos que nos atraviesan y nos tocan
Por Josué Cantorán @josuedcv
11 de mayo, 2016
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Fotografía tomada del perfil de Corazón de barrio

Fotografía tomada del perfil de Corazón de barrio

Josué Cantorán

@josuedcv

¿Qué le parecería un lugar donde un grupo de personas, conocidas o no, puedan reunirse una vez a la semana para tomar café y charlar sobre las cuestiones filosóficas más relevantes de la actualidad, no desde la especialidad académica sino desde la cotidianidad y la confianza? Un espacio así ya existe: se trata de los cafés filosóficos que desde la semana pasada se llevan a cabo en el Corazón del Barrio (18 Oriente esquina 2 Norte) los viernes a las 18 horas.

En cada sesión, una persona capacitada en filosofía práctica dirigirá actividades y rondas de preguntas clave que permitirán a los asistentes formular sus propias ideas sobre algunas de las cuestiones clave de la historia de la filosofía u otras que parecen más relevantes en la coyuntura actual.

En la primera reunión, por ejemplo, se contó con la participación del filósofo David Sumiacher, director del Centro Educativo para la Creación Autónoma de Prácticas Filosóficas (Cecapfi), quien a la manera de la mayéutica platónica fue formulando preguntas a los asistentes para dirigirlos hacia el cuestionamiento más profundo de sus ideas, abordando uno de los temas filosóficos más recurrentes en la historia: la relación entre el cuerpo y la mente.

“Normalmente las personas no tienen espacios donde puedan reflexionar sobre cuestiones fundamentales de su propia existencia, de su toma de decisiones, de las cosas que hacen, de la vida que viven. El café filosófico funciona como un espacio para ampliar aspectos que nos atraviesan en la cotidianidad”, explica el filósofo a Lado B.

Otro aspecto que permite la existencia de los cafés filosóficos es la oportunidad de crear comunidad, pues el mero hecho de compartir y dialogar sobre temas indispensables abre puentes entre las personas que normalmente no se lograrían de otros modos.

El café filosófico, continúa Sumiacher, “no es solamente un espacio donde se desarrolla el pensamiento individual, sino también es un lugar donde la gente puede compartir con otros. En la vida social, en el trabajo, en la familia, normalmente hay poco tiempo y poca costumbre de la comunicación”.

Por ello, dice, “el café filosófico funciona como un espacio que va autohabilitando la confianza de la gente en el otro. Puedo llegar por primera vez a un café filosófico y encuentro que alguien con quien nunca había hablado me está diciendo una idea que me da luz, que me toca”.

Para asistir a dichos encuentros, con una entrada de 50 pesos, no se requiere conocimiento previo en filosofía, pues su espíritu nace de la idea de que la cotidianidad provee de material suficiente para la reflexión filosófica.

“Las ideas que se hablan en el café filosófico no son teorías filosóficas abstractas ni mucho menos. En algunos casos es bueno mencionar referencias a un autor o concepto, pero en general lo más importante es estar tocando los conceptos que las personas buscan, que les interesan, que necesitan tocar por alguna razón”, dice.

El Corazón del Barrio, espacio autogestivo ubicado en el barrio de San José, alberga este tipo de prácticas filosóficas ante la idea de que “sólo el diálogo respetuoso, cuidadoso y franco puede brindar alternativas ante los fanatismos, los supremacismos, la intolerancia”, según indica el colectivo en un comunicado.

Para mayor información, puede visitar el perfil en Facebook del Corazón del Barrio.

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Josué Cantorán