Jaime López Blanco
[dropcap]C[/dropcap]hica conoce a chico. Se enamora de él y le entrega su intimidad. Ella se siente en plena confianza a su lado. Se siente, por así decirlo, “en las nubes”, como un ave libre. Los dos pasan mucho tiempo juntos. Ella es apenas una adolescente que asiste a la secundaria con su uniforme escolar. Tiene 14 años, pero se muestra más desenvuelta y madura que él.
El chico posee un carácter taciturno, misterioso. Esto último a ella no le importa, lo deja pasar de largo. Él la invita a conocer su mundo. La chica acepta sintiéndose privilegiada, “elegida”, única. La naturaleza silente del chico esconde un secreto, un oscuro secreto.
Esta no es una típica historia de amor. La familia del chico se dedica a la trata de mujeres. El chico tiene la encomienda de reclutar a la chica como la nueva prostituta del burdel de su padre. Las alas de la inocente ave enamorada han sido trozadas, y la chica privada de su libertad. El uniforme escolar es sustituido por el “traje” de esclava sexual.
En su segundo largometraje, titulado Las elegidas, el realizador David Pablos nos adentra -basado en una idea original de Jorge Volpi– en el modus operandi de un grupo de criminales organizados ubicados en Tijuana que secuestran a menores y las explotan sexualmente. Victimarios que hacen del enamoramiento su táctica para atrapar a jovencitas vulnerables, provenientes de familias humildes, monoparentales y disfuncinales.
El director opta por un relato bifurcado para redondear su historia. Por un lado, exhibe la transformación moral de una de las víctimas, mediante la prodigiosa actuación de Nancy Talamontes (actualmente nominada al premio Ariel, en la categoría de Mejor Revelación Femenina), quien con su postura corporal, gestos y miradas transmite una profunda desilusión. Por otra parte, excava en la psique “enlodada” de “Ulises”, el más joven de los tratantes, interpretado apropiadamente por Óscar Torres, al que no se trata de justificar pero tampoco se pretende satanizar. El “Ulises” de Torres es una especie de conflictuado aprendiz de depredador, quien siente apego por una de sus presas.
Nota: Lástima que en los créditos finales haya un agradecimiento al consorcio televisivo de Chapultepec 18, el cual poco realmente ha hecho por contribuir a la solución del problema en cuestión, ya que muestra una doble moral al respecto, porque es conocida su objetivización de las mujeres y la adultización sexuada de varias de sus estrellas infantiles.