Sin preocuparse, ¿es como hay que vivir?

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Ma. Teresa Abirrached Fernández

[dropcap]S[/dropcap]in preocuparse por pequeñeces es, para algunos una forma de ser feliz haciendo las cosas al ahí se va, Alguna vez leí un letrero que decía: “No te preocupes por pequeñeces” colocado en la puerta de los empleados de un taller mecánico. Si ésta es parte de su cultura laboral, ¿qué se puede esperar de su trabajo? ¿Cómo iba a confiarle mi auto a un mecánico cuya filosofía se puede resumir en la máxima “no te preocupes por nada”?

El letrero completo decía: “Dos reglas para vivir: 1) No te preocupes por pequeñeces, y 2) Todas las cosas son pequeñeces”.

El mensaje del letrero, quizá en tono chusco, muestra la actitud de muchas personas hacia las cosas que “no tienen importancia”, como los robos menores en supermercados o el darse cuenta que se está cobrando de menos en un restaurante, argumentando que las tiendas ganan mucho dinero y no les afecta un lapicero o un refresco que no se pague.

Basta con observar la sección de comida preparada de un supermercado par ver cómo una o dos personas comen de aquí y de allá. Evidentemente hay quienes piensan que un trozo de melón o una rebanada de panqué son algo tan insignificante que comernos unos cuantos en realidad no es robar.

En una ocasión vi discutir a una compradora con un empleado de una tienda de autoservicio. Mientras la señora seleccionaba cuidadosamente las uvas, el niño se las comía. El dependiente le dijo amablemente al niño que las uvas eran para venderse, no para que las probara. La madre enseguida salió en defensa de su hijo. ¡Por el amor de Dios! –exclamó indignada- no tiene la menor importancia. El mensaje para el niño fue que no hay nada malo en robar “pequeñeces”, es decir, ni siquiera puede decirse que eso constituya un robo.

Como docente, encontramos alumnos que son muy responsables y cuidadosos de la calidad de sus trabajos, pero también a los que no les interesa el resultado y entregan trabajos que sólo cumplen con lo mínimo requerido. Si ese trabajo es individual, pues tendrán una baja calificación, pero si es en equipo, retrasan a los demás y siempre hay alguno del equipo que tiene que retrabajar o hacer la parte que el otro no realizó o que copió y pegó de internet.

¿Falta de conciencia de algunos alumnos o errores en su educación? Yo considero que ambos. Vivimos en una cultura de la inmediatez que nos lleva a querer tener lo que deseamos sin importar lo que tengamos que hacer. Muchas personas aprenden desde pequeñas que pueden alcanzar lo que quieren aprovechándose de los demás, plagiando o simplemente siendo irresponsables. Lo que hemos enseñado a las nuevas generaciones es que no importan los medios ni las personas y que los detalles no son lo más importante si al fin y al cabo consigo lo que quiero.

¿Hasta dónde podemos llegar por ocultar alguna negligencia u obtener lo que queremos? Ocultar información y errores, decir ya te mandé el archivo cuando no es verdad que lo hayamos hecho, son los pequeños pasos para llegar a ser una persona en la que no se puede confiar porque siempre queda mal o retrasa a los demás.

Lo más preocupante, es que estas pequeñeces van creciendo hasta convertirse en verdaderos actos de deshonestidad, como sustraer datos de clientes para utilizarlos en beneficio propio o incluso venderlos. Por ello, la protección de datos ha cobrado tanta importancia, para evitar actos de corrupción y proteger la confidencialidad de los datos.

[pull_quote_right]¿Hasta dónde podemos llegar por ocultar alguna negligencia u obtener lo que queremos? Ocultar información y errores, decir ya te mandé el archivo cuando no es verdad que lo hayamos hecho, son los pequeños pasos para llegar a ser una persona en la que no se puede confiar porque siempre queda mal o retrasa a los demás.[/pull_quote_right]

Sin duda, “No te preocupes por pequeñeces” puede ser un buen consejo si por ello entendemos que no hay que preocuparse excesivamente por las cosas, no ahogarse en un vaso de agua o evitar reacciones desproporcionadas ante ciertas circunstancias, pero si esta máxima se pone en práctica irreflexivamente, deja de ser una pauta para vivir de manera racional y se convierte en una justificación para vivir sin principios, total, a ver qué le invento mañana para justificar que no tengo el reporte.

“Una pequeña falta puede engendrar un gran mal”, decía Benjamín Franklin. Una mentira, omisión o falta de probidad podría costar un matrimonio, una amistad o la profesión si se basan en la creencia de que no tiene importancia.

Existen productos, por ejemplo el pan de caja, galletas, etc. que especifican en sus empaques que la máquina en la que se fabricaron puede contener restos de nuez u otro ingrediente que puede causar alergia en algunas personas. ¿Cuántas personas podrían morir o enfermar gravemente si omitieran esta pequeñez?

En mercadotecnia, la primera y más importante enmienda del Código es “no hacer daño a sabiendas”, no importa si se trata de un gran engaño o un pequeño detalle, como dar falsa información, exaltación exageradamente los beneficios de un producto, hasta la publicidad engañosa.

Actuar de manera honesta, consciente y responsable tiene su origen en cómo entendemos que las cosas que creemos que no tienen importancia demuestran que sí la tienen y que ahí, precisamente reside la integridad y congruencia de las personas.

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La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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