Transforman en la BUAP desechos contaminantes en fertilizantes
El proyecto, que entre 2010 y 2012 recibió financiamiento del Conacyt brinda solución a dos problemáticas no relacionadas
Por Josué Cantorán @josuedcv
26 de marzo, 2015
Comparte
Foto: cortesía

Foto: cortesía

Josué Cantorán

@josuedcv

Cuando las aguas residuales de uso doméstico son tratadas en plantas para descontaminarlas, se produce una enorme cantidad de un material similar al lodo que contiene un alto número de agentes patógenos y densidad de metales. La disposición de este material puede resultar peligrosa porque llevarlo a rellenos sanitarios ocasionaría impactos severos en el medio ambiente. Sin embargo, hay una solución: darles uso forestal o agrícola.

Justamente de esto trata el proyecto “Restauración de suelos degradados mediante la utilización de biosólidos”, encabezado por el investigador José Víctor Tamariz Flores del Departamento de Investigación en Ciencias Agrícolas (DICA) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

El proyecto, iniciado en 2002 y que entre 2010 y 2012 recibió financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), consiste justamente en elaborar estudios de estos desechos de las plantas tratadoras de aguas residuales del municipio de Puebla, para luego ser utilizados como mejoradores del suelo en zonas agrícolas cuyos terrenos están sumamente erosionados o degradados.

De acuerdo con el Tamariz Flores, este proyecto brinda una solución a dos problemáticas no relacionadas. Se podría decir que mata dos pájaros de un tiro, pues por un lado ofrece un uso al material sólido que se produce tras tratar las aguas residuales, y por el otro ayuda a incrementar la producción de maíz de temporal en algunas zonas del municipio donde se practica la agricultura con bajos recursos, ayudando a mejorar la calidad de vida de los campesinos.

Los académicos del DICA realizan sus estudios en las plantas tratadoras de aguas residuales del municipio de Puebla ubicadas en los ríos Atoyac y Alseseca Sur, donde, de acuerdo al investigador, se producen hasta 140 toneladas diarias de este material. Ante la necesidad de hacer algo con éstas, pues su disposición final resulta no sólo perjudicial para el medio ambiente sino también cara, se inicio con el proyecto hace más de 10 años.

–Afortunadamente ya se tenían antecedentes en otros países y en otras partes de México –explica el académico en entrevista con Lado B– de que este lodo, después de que se estabiliza, se le puede dar un uso en diferentes actividades: la forestal, parques y jardines y la agricultura. Nos solicitaron hacer los estudios previos para ver en qué tipo de suelos estos sólidos pudieran ser depositados.

Una vez que estos lodos contaminantes son estabilizados reciben el nombre de “biosólidos” y su uso está regulado por la Norma Oficial Mexicana NOM-004-SEMARNAT-2002, documento que los define como aquellos “lodos que han sido sometidos a procesos de estabilización y que por su contenido de materia orgánica, nutrientes y características adquiridas después de su estabilización, puedan ser susceptibles de aprovechamiento”.

El aprovechamiento del que habla esta norma oficial se refiere a su uso como “mejoradores o acondicionadores de los suelos por su contenido de materia orgánica y nutrientes, o en cualquier actividad que represente un beneficio”.

[quote_box_right]Aunque una buena parte de esta producción se destina al autoconsumo, José Victor Tamariz considera que su investigación también ha brindado un impacto social en las zonas estudiadas, pues los biosólidos han aumentado la producción de maíz y ha disminuido los costos, pues ya no es necesario gastar en fertilizantes.[/quote_box_right]

Esto quiere decir que por contener una buena proporción de material orgánico, los biosólidos pueden ayudar a mejorar las condiciones de tierras de cultivo, pues mejoran su textura, su estructura, disminuyendo los estragos de la erosión, e incluso pueden servir como fertilizantes si en ellos contienen materiales como nitrógeno y fósforo.

–En cuanto a sus propiedades físicas –explica José Victor Tamariz–, los suelos mejoran su textura, le da una textura mas friable que no sea tan acidosa y que no se pierdan nutrientes y agua, mejora su estructura, incrementa su capacidad de intercambio catiónico y eso hace que los micronutrientes esenciales para los cultivos los tome la planta, igual que el calcio y el magnesio.

En el caso de Puebla, los investigadores del CIDA localizaron que al sur del municipio, un poco lejos de la mancha urbana, donde se ubican las juntas auxiliares San Andrés Azumiatla, Guadalupe Tecola, La Paz Tlaxcolpan, San Francisco Totimehuacán, San Pedro Zacachimalpa y San Baltazar Tetela, existían extensos terrenos de cultivo de maíz que, sin embargo, eran estériles, degradados y por lo tanto tenían un nivel de producción muy bajo.

Foto: cortesía

Foto: cortesía

–Entonces –explica el investigador–, nosotros hicimos la caracterización de estos suelos para ver qué cantidad de biosólidos pudiera ser incorporada. Esto se inició en 2002 y a partir de ahí hemos continuado los trabajos viendo cuál es el efecto de estos biosólidos en los suelos, en los cultivos y cómo impactan para el medio ambiente.

La investigación no resultó sencilla pues, al tratarse de material peligroso que contiene microorganismos patógenos y metales pesados, debía cuidarse que estos no resultasen perjudiciales para el uso agrícola, siguiendo además las regulaciones estipuladas por la norma oficial antes mencionada.

Sin embargo, asegura el investigador, la investigación ha dado buenos resultados en estos años, pues se ha visto que las tierras donde se han colocados los biosólidos han modificado sus propiedades fisicas, químicas y micribiológicas y ello, en consecuencia, ha impactado en los cultivos.

De hecho, la producción de estas zonas ha mejorado hasta en 40 por ciento, pues si bien en promedio se lograban producir entre 600 y 800 kilogramos de maíz por hectárea, después de la colocación de biosólidos se ha llegado hasta 1100 kilos. Además, las plantas pueden verse más vigorosas y se genera mas biomasa vegetal, la cual es después utilizada por los campesinos como fertilizante.

Aunque una buena parte de esta producción se destina al autoconsumo, José Victor Tamariz considera que su investigación también ha brindado un impacto social en las zonas estudiadas, pues los biosólidos han aumentado la producción de maíz y ha disminuido los costos, pues ya no es necesario gastar en fertilizantes.

El académico, no obstante, reconoce que esto no es suficiente, pues la cantidad de aguas tratadas en el municipio no es toda la que se contamina por uso urbano. Además, aunque se ha buscado regular el uso de aguas residuales de origen industrial, el uso doméstico continúa prácticamente sin ningún tipo de regulación.

–Yo creo que no hay todavía una conciencia ambiental para que desde nuestras casas evitemos la contaminación –finaliza el investigador de la BUAP–. Seguimos usando el mismo tipo de detergente, se mezclan las aguas de bañar y sanitarios y todo se va al drenaje, que va a parar a las plantas.

Comparte
Josué Cantorán