Lado B
El fonógrafo de Scott
“El gringo viejo” de Radio BUAP heredó de su abuelo el amor por México, y de un amigo un montón de discos y ese aparato con manubrio que lo han hecho famoso
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
09 de noviembre, 2014
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Foto: Marlene Martínez

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Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Un verano de hace 27 años Scott Hadley vino a México. Al año siguiente regresó para quedarse, quizás convencido por un amor hacia Latinoamérica que heredó de su abuelo, quien fue operador de radio para la United Fruit Company (UFC). De hecho, él y su abuela se conocieron en uno de los barcos de la compañía Chiquita Banana, emblemática por todo el continente, y ahí mismo tuvieron su luna de miel. “Así ya va cobrando sentido”, explica Scott, con el rostro blanco, algo sonrosado, y la barba blanca, riéndose.

Su primera vez en a México fue en 1985, después regresó en 1986 para hacer su tesis en literatura hispánica. “Y en el 87 me quedé”.

Durante casi la mitad del tiempo que lleva viviendo en este país, su voz ha encarnado a un personaje emblemático y famoso en la ciudad de Puebla: “El gringo viejo”, que con sus cápsulas en Radio Buap comparte, desde un fonógrafo, música de la primera mitad del siglo XX.

¿Y cómo nació “El gringo viejo”? Fue en el año 2000, cuando Scott se reencontró con un amigo que tenía años de no ver.

–Él era como muy de colecciones y de cosas raras y de todo, y él tenía un fonógrafo como de tipo maleta que tiene un manubrio, y me lo regaló, con unos discos.

Ese amigo fue el culpable: a pesar de no haberse visto en 20 años su reencuentro significó el génesis de “El gringo viejo”, un personaje que no es tan personaje, sino el propio Scott en su faceta de coleccionista y melómano.

La última vez que había visto a su amigo, el primero en regalarle un fonógrafo –gracias al que, junto con su voz, se ha vuelto un ícono de las cápsulas radiofónicas que hace en Radio BUAP desde hace más de 10 años–, ninguno de los dos estaba interesado en coleccionar vinilos ni acetatos, una actividad que, además, en México es todavía difícil, a diferencia de Estados Unidos, su país de origen, donde hay gente que junta de todo, desde muñecos ventrílocuos hasta estatuas y por supuesto discos antiguos que sólo suenan en fonógrafos.

[pull_quote_right]–Y yo pensé, “ah, qué interesante que se puede poner eso en un fonógrafo y escucharlo”, y tiene como 70 años de aquel entonces. Y entonces empecé a coleccionarlos.[/pull_quote_right]

Ese pasatiempo inesperado hizo que en 2001, apenas un año después de empezar su colección de discos, cuando su esposa se encontró con un amigo suyo que trabajaba en Radio BUAP, éste le propusiera que el gringo tuviera un espacio radiofónico. Así, siguiendo los pasos de su abuelo, Scott empezó -y se le ocurrió después de la propuesta del espacio en la radio- a dar a conocer artistas viejos, no sólo mexicanos y estadounidenses sino de varias partes de Latinoamérica. En cada cápsula, que se tarda alrededor de dos horas en preparar aunque no duran más que 10 minutos, da a conocer sólo dos o tres canciones de un disco. Hay algunos que ahora digitaliza: él prepara todo en su casa primero porque viajar con el fonógrafo, que es prácticamente una reliquia antiquísima, es un problema por el peso y a veces por la delicadeza de los discos.

La primera vez que Scott tuvo un disco fue cuando su papá le regaló uno, después de irse de viaje.

–Y yo pensé, “ah, qué interesante que se puede poner eso en un fonógrafo y escucharlo”, y tiene como 70 años de aquel entonces. Y entonces empecé a coleccionarlos.

Scott trata con cuidado y cariño a los discos, habla de ellos como si fueran sus sobrinos, como si fueran figuras únicas de porcelana irremplazables. Entre sus rarezas tiene uno que le recuerda mucho a su abuelo: un disco de comerciales de la United Fruit Company, de Chiquita Banana, que es prácticamente la misma letra una y otra vez, pero con pistas musicales diferentes, que pasan por todos los ritmos latinoamericanos, desde tango hasta samba brasileña. Otra de las joyas extrañísimas que han caído en manos de “El gringo viejo” es un disco de 16 pulgadas, de la legendaria estación Radio Netherlands, que por su formato no se puede tocar ni reproducir.

La búsqueda de Scott nunca de detiene. Siempre está a la espera de que alguien le recomiende o le done un disco, de conseguir nueva música, de hacer que “El gringo viejo” revele nuevos secretos de la música antigua. Como cuando ha tocado canciones de cantantes de antes de la Revolución Mexicana, que después de 1910 se desvanecieron en la historia.

Hacer cada cápsula es un trabajo de horas, de esfuerzo y sobre todo de dedicación, porque hay muchos artistas y compositores de los que no se sabe nada, y a veces buscar en internet se vuelve un arma de doble filo porque hay demasiada información, pero no se sabe cuál sea cierta.

Las viñetas radiofónicas de “El gringo viejo” –un nombre obviamente inspirado en la novela homónima de Carlos Fuentes, que relata la historia del periodista estadounidense Ambrose Bierce-  ya son una leyenda, y lo es un poco también el personaje creado por Scott,  tanto que hay quienes no creen que de verdad se trate de un estadounidense. De hecho en una ocasión, recuerda Scott, llevaron a un grupo de estudiantes universitarios para que confirmaran que en verdad él era gringo, “El gringo viejo” de Radio BUAP.

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Autor Lado B
Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”