Las chichis caídas que Mancera no quiere ver

Liz Ruiz

Para las madres mediocres, las malas madres, las mujeres feas y las guapas superficiales. Porque ninguna mujer alcanzamos a ser la sexy virgen María que nos exige el machismo.

Desde el lanzamiento de la campaña prolactancia del GDF, ha habido una avalancha virtual de críticas hacia esta, y también una serie de contra-críticas hacia las críticas.

El primer bando está conformado por diversas asociaciones feministas (involucradas o no en la observación y monitoreo de sexismo en los medios de información masiva) que argumentan que es una campaña machista, ingenua, mal calculada, moralista, clasista e incongruente. El segundo grupo, disperso y compuesto principalmente en forma de masa (es decir, que no son un grupo conformado realmente, solo son muchas personas), comentan cosas como “no le veo nada de discriminatoria, por lo menos está dando de qué hablar”, “todas se ven hermosas, no veo el mal gusto por ningún lado”, un desafortunadísimo “a las feministas nada les parece” y, por supuesto, la infaltable finura de la creativa picardía mexicana: “a mí que me amamante Maribel Guardia”. Y yo, de argüendera, por supuesto apoyo al primer grupo.

Ahora, a analizar por qué.

Lo primero que me impresiona es la facilidad con la que las personas juzgamos a las mujeres que están en circunstancias ajenas a las nuestras: según cualquier Juan Carabinas, las mujeres que trabajan en el sexo comercial deberían buscarse otra alternativa (aunque ni conozcamos a una, ni estemos dispuestxs a facilitarle  esa “otra alternativa”). Las mujeres que se practican alguna cirugía estética, o pasan horas en el gimnasio, son superficiales y tontas. Aquellas cuyo cuerpo tiene obesidad, pues que le baje a las garnachas. Las mujeres que abortan son irresponsables, putas y pecadoras. Las que no abortan, por calientes y por pend… ejem, por desinformadas, que se aguanten y que apechuguen. A las lesbianas les hace falta un hombre que las satisfaga, las sumisas se merecen las golpizas de sus maridos y las feministas cómo se atreven a no luchar por los derechos del hombre y las crueles consecuencias de la heterofobia.

Y el jefe capitalino no pudo haber hecho mejor alusión a esta situación, ya que tuvo el desatino de contratar a Oscar Ortiz de Pinedo para que ideara una campaña aspiracional que de paso culpabilizara a las mujeres por los bajos índices de lactancia. Este último, dejó al descubierto no solo su machismo, sino su absoluta ignorancia de las condiciones económicas, socioculturales y laborales en las que estamos miles de mexicanas, cuando anotó en su cuenta de Twitter “las mujeres no quieren lactar por egoísmo” y “los pechos no necesariamente se caen al amamantar si la mujer se ejercita y se alimenta correctamente”.

Veamos poco a poco estos simples ejemplos: “las mujeres no quieren lactar por egoísmo.” Solo un 0.01% de las mujeres no lactan por estética. Hay otras muchas razones para no amamantar: biológicas (no hay suficiente leche en el cuerpo de la madre, la leche no sale, los pezones se agrietan y sangran, soy una mujer luchando contra el cáncer o tengo los pezones invertidos, entre otras), idiosincráticas (me corren del Vip´s por sacarme la teta en público, la gente me ve feo en el camión, tengo que darle de lactar a mi bebé en un baño público). Qué fácil es para nosotrxs juzgar a una mujer y ahora quererla obligar a amamantar sin preocuparme si es o no viable, cómodo o con su libre voluntad.

Pero hay dos razones posibles que me parecen sumamente trascendentes: la primera, en la que Mancera y el resto del gobierno podrían influir de mucha mejor manera que restregándonos en la cara el abdomen musculoso de Maribel Guardia es en el ámbito laboral. Si la lactancia materna debe ser exclusiva los primeros seis meses de vida ¿por qué el permiso de maternidad es de 8 semanas? En eso nos puede apoyar mejor cualquier patriarca poderoso. Guarderías, trabajos dignos, permisos de maternidad más largos, empatía y genuino interés. Suena mejor que cuatro fotos retocadas.

La otra razón para no amamantar también es digna de discusión: si no quisiera darle pecho a mi criatura por estética ¿no respondería mi actitud a la cosificación sexual de la mujer y la implacable exigencia de belleza inalcanzable que reside sobre nosotras cruelmente desde que tenemos uso de razón? ¿No es acaso “la belleza” el primer, principal y único atributo valioso en las mujeres? ¿No desde niñas nos dicen “bonita”, “princesa”, “guapa” y demás “halagos” aludiendo a nuestro físico? No comprendo, en esta sociedad donde lo más importante de mí siempre será mi físico y que soy prácticamente un maniquí parlante para el hombre común, ¿por qué ahora tendría que ser juzgada por preocuparme por mi figura? ¡Ah, caray! ¡Pero si solo estoy cumpliendo con el deber que el sistema machista me encomendó! Ah, pos no señor. Ahora resulta que tampoco. O sea, debo de ser bella, pero no superficial (el superficial nomás es el espectador, por lo que entiendo). Y hablando de esta belleza, ¿hemos considerado que también es una situación por demás clasista? Porque como bien dice el ideólogo de la maravillosa campaña que estoy discutiendo: las mujeres solo tenemos que alimentarnos correctamente y hacer ejercicio para que no se nos caigan los pechos. ¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido que yo tengo la culpa de tener las chichis caídas después de amamantar? Si tan solo tuviera la pericia de haber elegido ser una mujer de clase alta, comería lo que mi nutrióloga me manda, pasaría dos horas en el gym y una de masaje profesional mientras la nana cuida a la cría recién nacida y cuando ya esté súper sabrosa otra vez, regreso a dirigir mi macro empresa que dejé en manos de mi administradora de Harvard. Y en eso me caigo de mi catre y despierto. Con ese ignominioso comentario, Ortiz de Pinedo me sonó a Javi Noble: “Ya sé we, que Camila Sodi se encuere y ¡Pum! Todas las viejas van a amamantar”. Y encima de todo, les tapamos los pezones para que los pechos sigan siendo objeto de sexualización, y no parte de la cotidianeidad del proceso natural de lactancia. Así, enloquezcamos con nuestros mensajes contradictorios.

Con este embrollo me quedó claro que si las mujeres estamos invisibilizadas, nuestras circunstancias lo están mucho más.

Y a todo esto… si quiero tener las chichis caídas ¿qué?

No me queda más que agradecer su atención al leerme. Mil gracias, de verdad. Nos leemos en quince.

Lado B: Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx

Ver comentarios (2)

  • Te felicito Liz por tu atinada opinión me encuentro también en el primer grupo y me gustaría compartir algunos puntos al respecto:
    1. Si hay razones biológicas para dejar de amamantar, sin embargo cabe mencionar que la producción de leche es proporcional a la demanda, es decir entre más mame el bebé más leche se producirá, si salen grietas y sangran pero dura poco tiempo y la solución es agua y ajo (aguantarse y a joderse) jeje no es tan malo como suena, por lo que sé las únicas causas de no lactar son algunos (muy pocos) medicamentos que pueden pasar en gran cantidad y provocar algo al bebé.
    2. Estoy completamente de acuerdo en que las condiciones de las mujeres trabajadoras debe cambiar, algunas empresas cuentan con espacios especiales para que las madres se saquen la leche o lactar a sus bebés cómodamente y de esas 3 o 4 en México por su puesto son empresas enormes y extranjeras y ese tipo de adaptaciones incluyendo el tiempo de ausencia por maternidad que es necesaria para el conocimiento madre-hijo que es fundamental.
    3. Es incómodo amamantar en el camión y rn lugares públicos sin embargo debemos como mujeres ordenar nuestras prioridades y con la pena sacarnos la teta.
    4. Hay centros comerciales que cuentan con área de maternidad con cómodos sillones para lactar y cambiadores de pañal y sanitarios familiares, ese tipo de mejoras deberían tener todas las plazas comerciales y en general la mayoría de lugares públicos, si hacemos caso a la OMS pasaremos aproximadamente 2 años por hijo lactando y en lugar de ser una experiencia desagradable deberíamos poder disfrutarlo a plenitud.
    La lactancia no es el fin del mundo ni para la mujer ni para sus tetas y si es de alas cosas fundamentales para el bebé biologicamente y para ambos en su relación, hay que promoverla por medio de campañas como el ejemplo que pones del cartel del baño, eso es insalubre si nosotros no comemos en un baño mucho menos vamos a obligar a un bebé a hacerlo, un abrazo!

    • Hola Daniela. Muchas gracias por leer el artículo y tomarte el tiempo de comentarlo. Estoy de acuerdo contigo, quisiera aclarar también sobre tu punto número uno que hay algunas mujeres que pasan por verdaderos calvarios biológicos para amamantar y finalmente no lo logran, o lo logran en una cantidad insuficiente. Y mi interés de hacer hincapié en el tema de la biología es que hay situaciones físicas que escapan de nuestro control y que por ello no debemos ser juzgadas.
      Pero tampoco debemos ser juzgadas por nuestras decisiones. Si bien, estoy totalmente de acuerdo contigo en que la leche materna es excelente para la salud de la criatura y que se forma un vínculo afectivo muy fuerte (si la criatura es deseada, si el embarazo y el parto han sido en total respeto de los derechos de la madre y la criatura, si las circunstancias no son lo suficientemente adversas para opacar la alegría de un/a nuevo/a bebé deseado/a), las mujeres tenemos el derecho de decidir con total libertad sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad. Considero que es muy importante este punto: independientemente de qué tan positiva o negativa sea una situación, la decisión informada y libre la toma la mujer protagonista de dicha vivencia. Incluso si decide, en este ejemplo, no amamantar "por pura vanidad", ps muy su rollo y su decisión merece todo el respeto del mundo.
      Muchas gracias otra vez por tu interés y tu amabilidad al leer y comentar :)