Martín López Calva
@M_Lopezcalva
1.-Escepticismo y desmoralización.
“Nos aguardaba la escuela en pleno y una especie de angustia comenzó a correrme por la venas, pues la desconfianza me hizo suponer que lo que estaba a punto de presenciar las siguientes seis horas sería una especie de exhibición inmisericorde de obra municipal cumplida y entregada”.
Rubén Alvarez Mendiola. Contra la corriente. Escuelas ejemplares. Nexos, mayo 2014.
Vivimos en una sociedad desmoralizada. Este es el problema más profundo y difícil de resolver porque es el resultado de muchos años, décadas de un mal estructural que a fuerza de mantener una situación de injusticia, inequidad, impunidad y violencia que afecta a todos en lo individual y familiar ha permeado en la consciencia colectiva hasta matar el deseo de vivir humanamente y la esperanza en que es posible lograrlo.
La desmoralización social cada vez más profunda a fuerza de decepciones –“la mula no era arisca…” dice el refrán- se manifiesta en un escepticismo generalizado que nos hace dudar de cualquier propuesta de cambio y pensar que por más que las cosas se quieran mejorar en realidad seguirán como hasta ahora.
El caso de la reforma educativa y de las intenciones y discursos hacia el cambio y la mejora en la calidad y la equidad en nuestras escuelas y universidades no puede ser la excepción, de manera que el sentir en amplios sectores del sistema educativo es que se trata de un intento fallido más, como los que se han vivido muchas veces a lo largo de los distintos sexenios presidenciales o aún más, que estamos ante un simple engaño y que el gobierno en realidad no quiere que las cosas se transformen.
Los pésimos resultados de las pruebas nacionales e internacionales de evaluación del aprendizaje no hacen sino reforzar esta situación de escepticismo y nos hacen llegar a creer que no existen en México instituciones educativas –sobre todo se piensa respecto de la escuela pública- que hagan las cosas bien y produzcan buenos resultados.
De ahí la frase del director de Educación futura que abre la columna de esta semana, expresada al llegar a la escuela secundaria pública número 200 Profesor Roberto Ruiz Llanos de Ecatepec de Morelos, Estado de México y encontrarse con un escenario educativo ejemplar. “Un montaje, esto tiene que ser un montaje” expresa Álvarez Mendiola que pensó al iniciar esta visita.
Sin embargo no era un montaje sino un caso de escuela efectiva, de una institución que hace bien su trabajo educativo, un “garbanzo de a libra” en el escenario desmoralizado de nuestro sistema educativo nacional actual.
En su artículo «Contra la corriente. Escuelas ejemplares» publicado en Nexos de este mes de mayo, el autor presenta cinco ejemplos de estas escuelas efectivas ubicadas en distintos lugares del país: la secundaria ya citada, la escuela secundaria República española en el DF, la telesecundaria Tetsijtsilin en San Miguel Tzinacapan, Puebla, la escuela primaria multigrado Mariano Escobedo en una zona indígena de alta marginación del estado de Chiapas y la Secundaria Anexa a la Normal Superior de México (ESANS).
Cinco escuelas que en diferentes contextos, con distintos tipos de estudiantes, diversas condiciones de infraestructura y profesorado, etc. están dando muy buenos resultados educativos según los testimonios de los alumnos, de los padres de familia y los maestros y directores y los resultados de las evaluaciones.
¿Cuáles son los elementos que explican estos resultados? ¿Qué tienen de diferente estas escuelas a las demás?
En términos generales y a reserva de profundizar en este tema en futuras entregas, lo que el autor de este artículo plantea es que en todas estas instituciones existe un director que asume su liderazgo educativo y se compromete a dar resultados por encima de preocupaciones burocráticas o políticas, se cuenta con un equipo de profesores que se han ido convenciendo de las bondades de trabajar por la calidad de la formación que se brinda en la escuela y se han ido cohesionando en torno a esta meta dejando atrás las rencillas y chismes destructivos, existe una participación constructiva y acotada de los padres de familia a los que se han planteado límites y posibilidades de colaboración muy claros y como resultado de todo ello o tal vez en la base de todo ello se tiene un alumnado interesado y motivado que trabaja con sus maestros buscando el mejor resultado educativo.
2.-La esperanza y el sueño.
“El sueño es, también, un motor de la historia.
No hay cambio sin sueño, como no hay sueño sin esperanza.(… )
La comprensión de la historia como posibilidad y no determinismo
sería ininteligible sin el sueño”.
Paulo Freire. Pedagogía de la esperanza.
Las estrategias son variadas y aunque en algunos de estos casos presentados como ejemplares de buena educación en el país se plantea el éxito a partir de una cierta visión pragmática y de disciplina del director y los maestros, se puede leer en el fondo de las estrategias y acciones un sueño compartido por directivos, profesores, padres de familia y estudiantes.
El sueño de construir una escuela que realmente aporte a los estudiantes lo que necesitan para mejorar sus condiciones de vida, como nos muestra el maestro Bartolomé que dirige la escuela primaria multigrado al mismo tiempo que es profesor y gestor de recursos que han mejorado ostensiblemente las condiciones materiales de su institución y promueve el ahorro de sus alumnos.
El sueño de padres o madres de familia que quieren para sus hijos un mejor destino que el que ellos tuvieron, ejemplificado en María Antonia Téllez, una indígena de Tzinacapan que sufrió la discriminación y por ello trabaja fuertemente ahora para que su hijo pueda hacer realidad un proyecto de vida mejor que el que ella tuvo.
El sueño de los profesores de la anexa que se expresan según el autor del artículo, como maestros de países avanzados con los que nos comparamos en PISA y que afirman: “queremos que sean los niños los que tomen en sus manos el proceso educativo”; “los maestros somos más facilitadores y acompañantes que profesores con desplantes autoritarios frente al grupo“.
El sueño de los alumnos de la secundaria de Ecatepec que expresan cosas como estas: “Los maestros hacen muy bien su trabajo. No vienen a cuidar niños” o “Coexistimos de una manera recíproca y respetuosa. En esta escuela somos muy afortunados. Admiro a mis maestros [aun cuando] tenemos grupos de 60 alumnos”.
El sueño como motor de la historia e impulsor de estas historias exitosas. El sueño como expresión de la esperanza, esa que muere al último o que tal vez nunca muere a pesar de que la realidad nos pueda parecer imposible de cambiar. El sueño que nos mueve al cambio, que ha movido a estos directores, profesores, padres de familia y alumnos a cambiar radicalmente las conductas y relaciones viciadas, propias de nuestra cultura educativa decadente para construir colaboración y compromiso con lo realmente importante: el crecimiento y la formación de los niños y niñas de este país que necesita mejores ciudadanos hacer realidad el sueño colectivo de democracia, justicia, inclusión y paz.
3.-Quien ha visto la esperanza, no la olvida.
“Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos”.
Octavio Paz. El laberinto de la soledad.
Quien ha visto la esperanza no la olvida, afirma el poeta. Tal vez sea este el primer paso para cambiar nuestra educación: difundir estos y otros casos de escuelas efectivas o ejemplares –como las llama Álvarez en su artículo- para que la sociedad mexicana vea la esperanza y no la olvide, para que la busque bajo todos los cielos y entre todos los hombres.
Quien ha visto la esperanza sueña que un día va a encontrarla de nuevo. Ojalá que seamos capaces de dar a conocer estos casos de escuelas efectivas para que seamos capaces de reconstruir las condiciones sociales que nos permitan reencontrar la esperanza, reconstruir el deseo de vivir humanamente, retomar la senda que nos lleve a ser una sociedad con una alta moral.
Estos casos ejemplares de instituciones educativas que educan a pesar de que viven en las mismas condiciones negativas que la mayoría de las escuelas del país, pueden ayudarnos a seguir soñando con encontrar la esperanza aunque no sepamos dónde y a creer nuevamente que podemos hallarla entre los nuestros, entre los mismos maestros, directores, padres de familia y alumnos que hoy languidecen en un proceso de mera instrucción y simulación porque han dejado de soñar.
*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.
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