Empleo, carrera y vocación. A los verdaderos maestros

“Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección;
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.”

Antonio Machado. Recuerdo infantil.

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

Podría iniciar este texto usando el poema de Machado para hablar en contra del profesor tradicional, de ese anciano mal vestido, enjuto y seco que lleva un libro en la mano y hace que todo un coro infantil cante la lección: “mil veces ciento, cien mil, mil veces mil, un millón”.

No voy a hacerlo porque de pronto el poema se me ha revelado desde la belleza de su musicalidad y la armonía en su construcción como un canto de homenaje y no una crítica, como una oda al maestro de todos los tiempos, como un símbolo de la repetición milenaria de un ritual de regeneración continua de la humanidad que no sólo se reproduce biológicamente sino que necesita recrearse intelectual, racional, existencial, espiritualmente y lo hace a través de ese acto que llamamos educación.

“Una tarde parda y fría, de invierno. Los colegiales de todos los tiempos y de todas las culturas estudian y en ese estudiar que se repite pero nunca es igual van regenerando la condición humana, reproduciendo sus virtudes y también sus grandes vicios, pero a la vez inventando nuevas formas de ser y estar humanamente en el mundo, de vivir para vivir en el planeta en un proceso cíclico que sin embargo se repite sin copiarse en un caminar que nunca es lineal, en el que a veces avanzamos y otras retrocedemos.

Y mientras todo un universo de coros infantiles con todas las voces de todos los alumnos que han sido, que están siendo y que serán en el “instante del ser de la humanidad, que es todo el tiempo” como afirma Lonergan repite la lección que a veces es igual pero siempre es nueva, el misterio de la educación sigue ocurriendo como un equivalente humano de la cosecha de la tierra –por algo la palabra cultura viene de cultivar- gracias a ese sujeto que siembra posibilidades de humanización al que llamamos maestro, es decir, aquél que está más experimentado en el arte de vivir y por ello puede coordinar y enseñar ese arte a otros.

Ese sujeto sembrador de posibilidades de humanización y por ello, profesional de la esperanza, es alguien que es capaz de asumir su empleo y su carrera desde la óptica integradora de una vocación.

Porque como afirma Hortal, una profesión puede ser vista como empleo con lo que solamente importa el dinero que el profesional se lleva a casa a cambio de sus horas trabajadas, puede también ser considerada como carrera, con lo cual se dará importancia también al estatus, el prestigio social, el poder y las competencias crecientes que hacen que el trabajo se convierta en fuente de estima social y de desarrollo profesional para quien la ejerce. Pero también es posible ver la profesión como una vocación, de manera que el trabajo de una persona se convierte en algo inseparable de su vida, de manera que la persona vive en alguna medida para el trabajo que realiza y no solamente vive de él.

En una sociedad compleja como la que hoy vivimos, es indispensable concebir la profesión docente en esta triple dimensión. No es suficiente ya, ni pertinente para las exigencias sociales actuales pretender que los docentes vean su profesión solamente como una vocación que se ejerce de manera altruista y totalmente desinteresada. Es indispensable que las autoridades y la sociedad toda trabajen para generar las condiciones indispensables para que los docentes tengan condiciones de empleo dignas, acordes con la enorme responsabilidad que implica este papel de sembradores de posibilidades de humanización.

Al mismo tiempo resulta imprescindible que los docentes se autoconciban como profesionales de carrera, con aspiraciones de prestigio social y autoexigencia de formación y mejora continua de sus competencias para facilitar el aprendizaje y el desarrollo humano de sus alumnos. En esta línea es esencial que las autoridades educativas establezcan los mecanismos para promover esta carrera docente a partir de los méritos, esfuerzo y resultados del trabajo de los profesores más que de prebendas sindicales o complicidades políticas.

Sin embargo,  la mejora de las condiciones de empleo de los profesores y el establecimiento y desarrollo de un plan de carrera docente basado en la mejora continua de los maestros son condiciones necesarias pero no suficientes para garantizar que ocurra la educación.

Es indispensable que el empleo y la carrera docente tengan como horizonte que las integra la mirada desde la vocación, es decir, desde la convicción y el compromiso de los profesores con una tarea que requiere mucho más que el cumplimiento de un trabajo o el desarrollo de una serie de competencias técnicas  y exige el compromiso desinteresado –que no es pretexto para mantener al docente en condiciones indignas de empleo, pero que sí es necesario para dar su justo valor a esta dimensión y no centrarse únicamente en el dinero- , la entrega vital –que implica no sólo vivir de la docencia sino en buena medida vivir para la docencia- y la pasión por el crecimiento del otro –que supone un desarrollo del principio altruista y una generosa aceptación incondicional – para poder mantener vivo y con sentido ese ritual de regeneración de la humanidad al que llamamos educación.

La celebración del día del maestro debería ser motivo de reflexión profunda en un país en el que los verdaderos educadores no tienen las condiciones adecuadas de empleo ni la posibilidad de desarrollar una carrera docente con base en su esfuerzo y capacidad –porque a pesar de los discursos y planteamientos de la reforma educativa siguen imperando las complicidades, la corrupción sindical y la impunidad– aunque tengan la vocación y al mismo tiempo los que carecen de vocación tienen dos o hasta tres plazas y gozan de todos los privilegios e incluso del prestigio y el poder dentro del sistema educativo distorsionado que prevalece y no se ve para cuándo pueda transformarse.

Feliz día del maestro a todos los que en tardes pardas y frías, en mañanas verdes y luminosas, con lluvia o sol, todos los días de cada ciclo escolar siguen estando al frente de grupos de colegiales que estudian y que gracias a su testimonio serán mañana mejores ciudadanos. Un abrazo esperanzado sólo a ellos.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

Columnas Anteriores

[display-posts category=»educacion-personalizante» posts_per_page=»-15″ include_date=»true» order=»ASC» orderby=»date»]

Lado B: Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx