Martín López Calva
“Un nuevo horizonte en el objeto, según afirma
Lonergan, requiere un nuevo horizonte en el sujeto
personal, porque en estos campos el sujeto es como uno
de los objetos. Y ese nuevo horizonte… demanda no
solamente nuevos conceptos, postulados y técnicas,
sino además una conversión del sujeto, una reorganización,
una reorientación”. (Conn, 1981: 155)
De pronto caigo en la cuenta de que en el año 2013 recientemente concluido se cumplieron veinticinco años de haber iniciado mi trabajo prácticamente ininterrumpido en la formación de docentes en servicio. Cursos, diplomados, materias de maestría o doctorado, conferencias, talleres, de todo ha habido en este tiempo en que he compartido espacios con muchos y muy distintos grupos en distintas ciudades y estados del país y también en Guatemala y El Salvador en algunas experiencias puntuales.
Un largo recorrido de aprendizaje y muchas experiencias de todo tipo he podido vivir en este tiempo transcurrido desde mi primer curso de dinámica de grupos en la Ibero Puebla dentro del diplomado en docencia universitaria que yo acababa de concluir hasta el día de hoy.
La energía ya no es la misma, tal vez la creatividad ha disminuido un poco también aunque sin duda he ganado en recursos didácticos, en estrategias de comunicación y de trabajo con los profesores y en experiencia que puedo compartir con mis grupos.
La premisa que ha guiado y creo que sigue guiando mi vocación como formador de docentes se basa en la convicción de que la verdadera posibilidad de cambiar la educación en México se encuentra estrechamente ligada a la transformación de la mentalidad y los significados y valores del magisterio.
Sin caer en la ingenuidad simplificadora que a menudo de manera injusta concibe a los docentes como los únicos responsables del estado que guarda nuestra educación y teniendo muy claro que el cambio profundo tiene que incluir elementos de reforma estructural y organizativa y de transformación de la cultura que la sociedad toda tiene respecto al proceso educativo, mi apuesta y estrategia han sostenido y siguen sosteniendo que dentro de la complejidad que implica una reforma educativa auténtica, la transformación docente juega un papel fundamental.
Desde esta apuesta no del todo verificable y con esta estrategia clara y definida pero flexible y creativamente modificable según las circunstancias, he caminado estos años en la insistente invitación al cambio de concepciones y acciones en el aula, nacida desde la confianza en la apertura y posibilidades de renovación de los profesores.
Veinticinco años de búsqueda, de trabajo aúlico, de investigación, reflexión y difusión de elementos promotores de esta transformación docente hacen surgir de manera inevitable la pregunta: ¿Ha valido la pena este esfuerzo? ¿Sigue valiendo la pena? ¿Será pertinente continuar con esta apuesta o es conveniente replantear el camino?
-Imposibilidad.
Docentes atrapados en la rutina, docentes que no quieren salir de la rutina, profesores atrapados por el sistema y docentes cómodamente instalados en el sistema, maestros que viven del status quo y por eso lo defienden aunque sepan que está lleno de contradicciones y obstáculos para una educación con calidad y pertinencia, docentes que le echan la culpa al status quo de su incapacidad para cambiar y mejorar, docentes que más que educadores son políticos, profesores que “hacen como que trabajan mientras la SEP o la escuela particular hace como que les paga”, docentes “quemados” por el desgaste continuo de querer y no poder hacer las cosas como se deben, docentes decepcionados del fracaso continuo de todas las reformas que nada han reformado, docentes seguros de que están en lo correcto, docentes que no aceptan la mínima propuesta de cambio.
Muchos de estos docentes han estado sentados frente a mí en cursos, conferencias, talleres, módulos de maestría o incluso de doctorado, tratando de disimular su falta de vocación y de interés, buscando simular un compromiso con su quehacer que no tienen y tal vez nunca han tenido.
Existe un porcentaje de ellos –más alto o más bajo- en cada grupo con el que he trabajado y sin duda constituyen un obstáculo serio para el cambio educativo, un foco de infección que puede contagiar de desánimo a los que sí muestran interés y enseñarles tácticas para hacer que el tiempo pase sin que pase nada.
No puedo negar que estos docentes muchas veces me han influido negativamente, me han desmoralizado y hecho pensar que no es posible cambiar la educación en este país en el que parece que todo cambia para seguir igual. Representan la imposibilidad de cambiar la educación.
-Posibilidad y esperanza.
Docentes que luchan por no caer en la rutina, docentes que presos de la rutina hacen esfuerzos genuinos por liberarse, profesores deseosos de aprender, maestros abiertos a transformarse, docentes críticos y creativos, docentes que están dentro del sistema pero aprovechan sus grietas para hacer trabajo educativo, docentes preocupados por el desarrollo de sus alumnos, profesores que abren horizontes a sus estudiantes y a otros profesores, docentes que tratan de orientar la política hacia la educación, profesores que a pesar de todo siguen creyendo que las cosas pueden cambiar, docentes que no le dejan todo al gobierno o a la SEP o al SNTE como culpables de todos los males, docentes con plena consciencia de la necesidad de transformar al gobierno, a la SEP y al SNTE y que se empeñan en lograrlo.
Existe también un porcentaje de estos docentes –más alto o más bajo- en cada grupo, en cada programa en los que he trabajado. Son los agentes de cambio de nuestro sistema educativo, los que con reforma educativa, sin reforma educativa o a pesar de la reforma educativa luchan todos los días porque la educación en México sea mejor.
Tampoco puedo dejar de reconocerlos y agradecer todo lo que me han inyectado de energía, lo que en cada sesión de curso, en cada conferencia o taller aportan para recuperar la alta moral, el alto deseo de vivir humanamente y de contribuir a esta remoralización de nuestra sociedad desde la práctica educativa cotidiana. Representan el potencial activo de posibilidades de transformación del sistema educativo.
Haciendo un balance de mi experiencia en estos veinticinco años de trabajo en la formación de formadores puedo dar testimonio de que son siempre más los profesores abiertos al cambio y comprometidos con la transformación de la educación que aquellos que obstaculizan la innovación educativa.
A partir de estos años de experiencia puedo también constatar que el dinamismo de transformación docente para el cambio educativo es una fuerza real que con paciencia histórica veremos poco a poco emerger. Es necesario mantener viva la esperanza, organizar la esperanza para que el cambio educativo que está surgiendo desde estos docentes comprometidos se refuerce e instituya como una forma de empoderamiento de la sociedad civil para la construcción de ese país justo y democrático que queremos y merecemos.
Para ello es necesario seguir apostando por la formación docente entendida como facilitación de un cambio en el horizonte del sujeto docente para hacerlo convergente con los cambios en el objeto educación. Para ello se requieren estrategias que no solamente proporcionen nuevos conceptos o técnicas a los profesores sino que promuevan una verdadera reorientación de su ser para la transformación profunda de su quehacer.
Renovar la apuesta y reforzar la estrategia para seguir avanzando. En esto habrá que empeñar los años por venir.
*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.
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