Un mundo raro: educación e inclusión

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Martín López Calva.

“¿Por qué no somos todos hermanos con los hermanos?
Dostoievski.

“¡Qué rara es María!” exclaman varias veces los amigos de esta niña al verla sonreír y jugar con un nuevo compañero de clase que padece una parálisis cerebral. Su rareza consiste en ser empática con este chico que permanece atento y asombrado pero pasivo pues no puede hablar ni moverse.

Qué rara es María y desgraciadamente qué rara es en nuestra sociedad excluyente y discriminadora de todo lo diferente la gente que acepta con naturalidad a las personas con necesidades educativas especiales o simplemente a la gente que no piensa, viste, se comporta o cree lo mismo.

Cuerdas es el cortometraje ganador del Goya, dirigido por Pedro Solís que relata, en 11 minutos, la historia de María que vive en un orfanato y crea una conexión muy especial con este nuevo compañerito de clase que en palabras de la maestra cuando lo presenta al grupo “es un poco especial”.

Se trata de una historia verdaderamente conmovedora porque desde la sencillez de la mirada de una niña nos muestra el ejemplo de lo que debería ser la actitud de cualquier ser humano que se encuentra con otro ser humano, independientemente de su condición física, racial, cultural o ideológica.

La obra esta inspirada en la experiencia personal de su autor, quien tiene un hijo al que le faltó oxígeno al nacer y padece una parálisis cerebral como la del protagonista del corto y una hija mayor que desde pequeña jugaba con su hermanito para estimularlo.

Este cortometraje animado fue filtrado por internet sin autorización y se difundió viralmente en muy poco tiempo por su impecable realización y su profunda historia que nos mueve afectivamente y nos interpela de manera directa al plantearnos implícitamente la pregunta acerca de nuestra actitud frente a quienes tienen alguna condición de salud que los hace más vulnerables frente a las demandas de la vida cotidiana pero no por ello menos humanos y dignos de respeto, admiración y amor.

En el muy raro escenario de que ud. Apreciable lector, no haya visto todavía Cuerdas, lo invito a hacerlo.


 

Apenas un par de días después de haber visto Cuerdas en las redes sociales, venía circulando en mi auto por una de las avenidas de la zona de Angelópolis en la ciudad de Puebla y de pronto en una parte en la que el tráfico muy denso hizo que me detuviera, me llamó mucho la atención ver por el espejo retrovisor a dos mujeres jóvenes, tal vez universitarias por su edad, que venían justamente detrás de mí en una camioneta de esas enormes, cuyo tamaño es directamente proporcional al estatus social que sus propietarios quieren dejar claro a los demás. El motivo de mi atención fue que las dos jóvenes miraban muy divertidas a una muchacha que caminaba por la banqueta en el lado opuesto al que nosotros veníamos. Se trataba de una muchacha tal vez de la misma edad que ellas pero por su apariencia –y por el hecho de ir caminando en vez de en auto- se infería su condición socioeconómica más sencilla. Mi curiosidad se volvió indignación cuando me fijé que la diversión tenía que ver con la forma de vestir de esta muchacha –con un mallón calado, llamativo y obviamente alejado de los cánones de la moda que las dos ocupantes de la camioneta seguramente siguen de manera ortodoxa- y que de pronto sacaban su celular y riéndose evidentemente de ella le empezaban a tomar fotografías que seguramente subirían a las redes sociales o compartirían con sus amigas con comentarios de burla y descalificación.

No pude evitar relacionar esta experiencia de la vida real con el corto que acababa de ver y disfrutar. No pude dejar de pensar en las enormes carencias que tiene nuestra educación no solamente en términos de calidad académica sino en lo relacionado con la ética y la visión de inclusión que estamos muy lejos de promover en nuestras escuelas y universidades.

¿Qué se puede esperar de jóvenes como las que se divertían burlándose de una muchacha como ellas simplemente por su forma de vestir diferente, respecto a su manera de ver a las personas que padecen alguna discapacidad o tienen alguna necesidad educativa especial? ¿Cómo podemos aspirar a una sociedad incluyente si nos parece divertido hacer mofa de quienes no son como nosotros, si no respetamos los espacios de estacionamiento o de servicios sanitarios diseñados para personas con necesidades especiales?

“Inclusión escolar es simplemente lo que deberían vivir todos los niños con necesidades especiales del mundo…no debería ser un privilegio, ni un regalo ni un favor…” dice una mamá de una niña con Autismo en su blog: La princesa de las alas rosas, creado para hacer respetar ese derecho que tienen todos los niños a una educación en la que quepan todos y en la que todos sean aceptados por igual.

“La inclusión educativa determina que todos los niños deben contar con el beneficio de la educación sin hacer distinción alguna, cuando se tiene necesidades especiales, se tratará de manera especial pero no se le apartará o condicionará su participación dentro del colegio…” dice la página “Una manito” diseñada en Perú para orientar a los padres de familia en esta lucha por la construcción de una verdadera educación inclusiva.

¡Qué lejos estamos en México de lograr una educación con estas características! Para avanzar hacia este objetivo es necesario sin duda cambiar las mentalidades de los mismos padres de familia, de los docentes y directores escolares, de las autoridades educativas y de la sociedad en general. Pero también es indispensable un cambio en las estructuras –normatividad, condiciones de infraestructura, apoyos específicos en personal y materiales, recursos para las escuelas- y en la cultura de una sociedad que desafortunadamente sigue siendo muy excluyente y promotora de discriminación.

“El axioma de Robert Antelme: “No suprimir a nadie de la humanidad”, es un principio ético primero…” afirma Edgar Morin en su Ética. Estamos en una sociedad en la que todavía se suprime a muchos de la humanidad, se niega a muchos la humanidad, se obstaculiza el acceso de muchos a la humanidad.

Esta tarea de construcción de una ética inclusiva, de una ética basada en el principio de no excluir a nadie de la humanidad, la educación tiene un papel muy relevante. La educación familiar que debe formar desde pequeños a los niños en la actitud de apertura y empatía de María, la protagonista de Cuerdas, que ve como natural la aceptación del nuevo compañero y no considera un sacrificio ni un esfuerzo especial jugar con él y convivir. La educación escolar que debe también trabajar en esta visión inclusiva, poniendo el ejemplo de aceptación de todos los niños independientemente de sus características personales, con las condiciones de atención pedagógica necesarias en las que debe apoyar el Estado.

Excluir la exclusión y promover la “…aversión hacia la ofensa, (el) odio al odio, (el) desprecio al desprecio…” debe ser la tarea de los educadores –padres y docentes- del siglo XXI. No podemos seguir diciendo que aspiramos a un mundo más humano si seguimos formando personas que excluyan con la burla, la discriminación, la violencia o la simple indiferencia a quienes son distintos.

La misión de una educación inclusiva es la construcción de ese “mundo raro” en el que nos parezca raro que alguien no acepte a los demás tal como son.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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