El señor que extraña mirar las aves
Alcaldes de todos colores y sabores van y vienen y Juanito no ha encontrado un hogar
Por Lado B @ladobemx
31 de enero, 2014
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En Martínez de la Torre, donde las naranjas son contrabandeadas por coyotes que merodean los camellones de la báscula, un hombre camina apoyado por un bastón que antes fue un mango de escoba, hace muchos años perdió la posibilidad de recrearse con los colores del mundo y hoy tampoco tiene hogar. Esta es su historia.

 

Juan E. Flores Mateos

 

Juanito extraña mirar las aves, el color azul de la mañana, la salida del sol, los árboles y las cosas que existen en la naturaleza y que no puede ver desde hace más de cincuenta años porque perdió la vista a los nueve.

Ahora vive a oscuras, en una ciudad que según el Inegi tiene 101 358 habitantes, camina apoyado en un bastón improvisado color naranja que fue antes el mango de una escoba y sortea las calles de Martínez de la Torre escuchando el sonido de sus automóviles y la voz chirriante de sus ciudadanos.

–Se me apagaron las luces no sé si por juegos, o por los golpes que me daba contra los animales o de los trancazos que me pegaba al caer de los árboles  –cuenta don Juan, al fondo la ciudad veracruzana famosa por sus naranjas.

Don Juan o Juanito pasa los sesenta años, es una de las 5 millones 739 mil 270 personas con discapacidad visual en México y una de las quince de cien personas que adquieren una discapacidad por golpe o lesión.

En su ciudad nadie conoce sus apellidos y es esquivo, desconfiado, por eso a los segundos de sentarse a charlar, se para como alguien que lleva mucha prisa y quiere irse.

En su ciudad, donde esas naranjas famosas son contrabandeadas por coyotes que merodean los camellones de la báscula donde se venden a granel, Juanito parece resaltar por dos cosas:

Camina cuadras y cuadras a oscuras para vender el periódico La Opinión de Poza Rica y duerme en la terminal de autobuses.

Además, estudió en una escuela para ciegos en San Luis Potosí.

–Yo estudié en la escuela para ciegos en San Luis Potosí. Ahí fue donde una vez me dijeron que me podían hacer un estudio en los ojos, pero ya no regresé porque dije ‘¿ya para qué voy?’ si ya me dijeron un montón de doctores que mi vista ya no tiene compostura.

Después llegó a esta ciudad para vender perfumes y de ahí se enroló en la venta del Diario El Martinense, donde los voceadores de ese periódico, abusando de su ceguera le decían que por allí ya habían pasado a venderlo. Por eso se cambió a vender La Opinión de Poza Rica.

–Muchos le decían que el periódico por ahí ya se había vendido o de plano le decían que no se metieran en su zona de venta –cuenta una de sus vecinas de nombre Rosa que conoce muy bien su historia.

En cuanto a eso, Juanito menciona: “Cuando llegué aquí, vendí perfumes del gabacho, me compraba puro terrateniente como Alfredo Ruiz y me alcanzaba para la renta de una casa. Ese señor me llegó a comprar hasta 16 perfumes en dos pagos”.

De la venta de periódicos dice: Me dan a vender doce y a cada periódico le gano tres pesos. Entonces me gano al día casi cuarenta pesos y con eso como.

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Foto: Brenda García | Plumas Libres

Juanito comenta que no tiene un lugar fijo para comer, que lo puede hacer en un lado o en otro, donde caiga. Depende cuánto haya sacado en el día o de la generosidad de algún martinense que lo invite a comer.

Ahora ya no vende perfumes y ya no renta la casa, la dueña donde rentaba, Doña Félix, lo corrió incluso sin que tuviera la oportunidad de recuperar las pertenencias que tenía y duerme desde hace varios años en la terminal de autobuses.

–Juanito es muy desconfiado porque la gente le dice muchas cosas y él se lo cree. No sé si por maldad o por qué lo hagan, pero Juanito ahora ya no confía en nadie –relata la misma vecina Rosa.

Juanito nació en Zaragoza, Puebla y con los ojos sanos. De niño le encantaba su rancho y estar con su madre. Cuando Juanito perdió la vista, su madre preocupada le decía: ¿Qué va a pasar contigo cuando yo me muera, mi vida?

Juanito no tiene papeles pero quiere sacarlos este 2014  y dice que mucha gente lo ha engañado, que varias personas le han mandado ayuda pero que se han quedado con su dinero.

–Espero poder ir al Registro Civil un día de estos ya para tener mis papeles, ¿de qué periódico vienes tú? ¡Ah, vienes del puerto de Veracruz!, está bien, mira porque la última vez un reportero del Diario El Martinense me engañó, no recuerdo su nombre pero luego voy averiguarlo.

Su familia está en Estados Unidos y tiene rato que no sabe nada de ella.

–Sí tengo familia, está en el otro lado, en Estados Unidos, no sé en qué ciudad estén, pero voy averigüarlo próximamente nada más que pueda o que alguien me ayude.

En cuanto a la ayuda, dice: «Le pedí ayuda al presidente éste, Vicente Fox, le mandé una carta y nunca me respondió».

También la dueña de la tienda Ortoflext y su hija Brenda Anel, le ayudaron hacer una carta para Fidel Herrera que le entregaron a uno de sus achichincles cuando vino a un evento a esta ciudad, tampoco respondió.

Juanito viste un pantalón de mezclilla que parece haber sido lavado con cloro, unos zapatos negros que se le mojaron por la lluvia que se acurrucó en las banquetas durante la mañana en la ciudad y una chamarra a la cual se le asoma por todos lados el algodón.

–Voy a cambiarme estos zapatos porque ya me los mojé. Y esta chamarra que ves aquí me la regalaron hace tiempo, no recuerdo cuándo pero a mí me gusta y me voy a comprar una igual ahora que tenga dinero.

Cuando Juanito dice esto último, se despide. Dice que va a cambiarse los zapatos. La desconfianza de este señor de pelo cano se mira cuando trata de bajar con dificultad y no deja que un hombre sombrerudo lo ayude. Prefiere regresar por el camino de donde ha venido.

Alcaldes de todos colores y sabores van y vienen por esta ciudad y Juanito no ha encontrado un hogar. La última vez que fue a pedir ayuda al Desarrollo Integral de la Familia (DIF), que preside Rosa Martínez, la esposa del alcalde saliente José de la Torre, le dieron la pomposa y utilísima ayuda de una caja de galletas.Lado B. Periodismo 3.0

 

Este texto fue publicado inicialmente en el portal veracruzano Plumas Libres.

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