Una visita al niño que lloró sangre
El caso ya se estudia en Roma, dicen en El Rincón Citlaltépetl, junta auxiliar del municipio de Nopalucan
Por Lado B @ladobemx
29 de noviembre, 2013
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La imagen de un niño Dios lloró sangre hace unos meses, aseguran vecinos del municipio de Nopalucan. El caso ya se estudia en Roma, pero mientras se llega a una conclusión, hasta la modesta casa de la familia López Romero llegan curiosos y verdaderos devotos a mirar de cerca al milagro de El Rincón.

Eric David Montero

@ericdmontero

“Niño Dios que lloró sangre en la comunidad del Rincón Citlaltépetl Puebla, el día 20 de julio del año 2013 en la casa de la familia López Romero en la calle Cuauhtémoc”, dice el reverso de la fotografía de una imagen que muestra una figura infantil de Cristo con los ojos ensangrentados, debajo de la imagen un cerro y al pie del cerro el pequeño pueblo.

Una modesta casa oculta para los fuereños, pero conocida por todos los vecinos, resguarda con celo en su interior a un “Niño Dios”. La vivienda está ubicada en El Rincón Citlaltépetl, junta auxiliar del municipio de Nopalucan, Puebla.

Hasta el día 20 de julio de 2013 todo parecía ordinario en la casa de Ubaldo López: esa fecha es día grande para los católicos de la zona, la  festividad del “Niño de la Salud”. Así, la esposa de Ubaldo tomó a su pequeño niño de resina y lo llevó a misa, como es costumbre.

De regreso a casa se dio cuenta de que algo extraño había ocurrido en el rostro de la imagen: de su ojo izquierdo salió un líquido rojo.  La mujer no mostró sobresalto alguno por el hecho e intentó limpiarle con su reboso, sin embargo la acción no fue exitosa porque de aquel ojo seguía brotando lentamente el líquido, lo que hizo fue pintarle gran parte del rostro.

Foto: @ericdmontero

Foto: @ericdmontero

La noticia se esparció rápidamente entre los habitantes de El Rincón, y llegó oídos del párroco de Nopalucan, quien tomó el hecho con escepticismo.

-Creyó, como muchas personas, que sólo era truco. Cuando estábamos en misa le dije mire padre ahorita está llorando –cuenta Ubaldo-. Y ante la solides de la prueba, creyó.

Ubaldo es un hombre de aproximadamente 50 años. Por su ropa manchada con yeso y cal podría decirse que se dedica a la construcción. Tiene un semblante recio y es de pocas palabras, a cada pregunta ofrece respuestas cortas y rápidas, concisas, sin rodeos, al punto.

Ubaldo me recibió junto con otras dos mujeres que llegaron hasta el casa buscando también la imagen, movidas por la duda y la curiosidad.

-Ya vinieron especialistas para hacer pruebas de sangre, de hecho todo ya se fue hasta Roma y nos dijeron que esto iba a tardar hasta seis años para que digan si es milagro o no.

Al lugar también han llegado reporteros de Televisa y TV Azteca, pero ahora Ubaldo ya no da entrevista a ningún medio. “Nos dijeron que teníamos que esperar”.

Después de 20 minutos de plática retorna el silencio. Un silencio que solo se rompe cuando Ubaldo va por un cuchillo a su cocina, toma el pequeño pastel de chocolate que está sobre la vitrina donde está la diminuta imagen con la cara manchada de rojo, lo corta y nos da una rebanada.

Junto a la imagen que llora sangre la gente que ha pasado por ahí ha dejado de todo: fotografías, autobuses en miniatura, globos, juguetes, pero sobre todo dulces y galletas.

-Él llora por toda la humanidad –dice Ubaldo convencido de que se trata de un milagro. Incluso se considera afortunado de que todo haya sucedido en su casa y con la más pequeña de las imágenes que tiene-. Miren allá tengo más grandes ¿por qué no pasó con las otras?

Aquella imagen permanece en su casa  por dos razones: por temor a que sea robada después de llevarla a la iglesia y porque los habitantes no desean que salga de ahí. De hecho Ubaldo asegura que con las limosnas que dejan los visitantes está juntando para construir su capilla.

-Primero Dios para enero ya queda. Estará  ahí afuerita –dice y señala con su mano el lugar donde posiblemente quede la pequeña construcción.

-¿Puedo tomar una foto? –pregunto. Ubaldo asiente con la cabeza. Click, click. Acto seguido pregunta si salió la imagen.

-Una ocasión vino un señor de Grajales con un ramo grande de flores, le sacó la foto con el celular y no salió, salió su arreglo pero el niño no. Lo que pasa es que luego no vienen con fe y cuando eso pasa no aparece en las fotografías –dice, y aflora un esbozo de sonrisa.

La loma donde se encuentra la casa ofrece una hermosa vista del pueblo que pareciera vigilado por “El Pinal”, uno de los tesoros naturales de la zona. Así  también se muestra en una fotografía que da a los visitantes, pero con la diferencia de que el niño con el rostro ensangrentado está sobre el cerro.

Después de apenas media hora de vista Ubaldo nos invita a que el 20 de diciembre acudamos a una misa que se celebrará  en la misma casa.

-Ven ese día, y con gusto te doy una entrevista –me dice.

La visita ha terminado finalmente nos obsequia una fotografía con una pequeña oración al reverso: “Niño amable de mi vida. Consuelo de los cristianos la gracia que necesito que seas conocido por todos los mexicanos”.Lado B. Periodismo 3.0

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Lado B
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