Lado B
Parecen superhéroes
Una charla, un pequeño respiro en el camino al sueño americano
Por Lado B @ladobemx
25 de octubre, 2013
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Y de pronto las calles de Puebla se nos llenaron de hombres, y algunas mujeres, que huyendo de la pobreza de Centroamerica buscan cruzar la república mexicana, a pesar del riesgo que implica adentrarse en terreno inhospito, a veces dominado por el crimen organizado. Tienen poco de haber tomado los cruceros de la ciudad buscando apoyo para seguir adelante. Llegaron buscando nuevas rutas, tratando de evadir a los extorsionadores

 

José Luis Moctezuma

@Joselmoctezuma

Parece estar sincronizado con el semáforo, porque cada que se pone la luz roja pasa su brazo por su frente y levanta la visera de la gorra, que parece que alguna vez fue azul marino pero el sol y la lluvia han decolorado tanto que agarró un tono gris.

Tan gris como el pavimento hidráulico que recorre paso a paso sobre la Vía Atlixcáyotl, una de las vialidades más caras que en la historia de Puebla se hayan construido, más de 500 millones de pesos y sólo 4 kilómetros, fue la magna obra del sexenio de Mario Marín.

Con su mochila y un sarape en la espalda se detiene junto al espejo retrovisor del lado del chofer y recita esa letanía que parece un disco atorado: “Hermano ayuda, regálame algo pá comé, o una moneda papa”. Su acento no es común entre los poblanos que tienen ese tonito fresón, como si arrastraran la última vocal de cada palabra.

-¿Qué te pasó? –Le pregunto.

-Me tumbó la bestia.

-¿La bestia? ¿Cuál bestia?

-El tren pué, la máquina, tú me entiende… caí y me abrí todo eto –señalando la boca y parte de la cara-

-¡No manches! Tás bien madreado –La expresión era literal, en el cubre boca azul hay manchitas de sangre y la piel de su rostro tiene gruesas costras, algunas ya se le cayeron o se las despegó. Hay pequeños huecos donde la piel aún no recupera su color original, parece piel nueva.

-Tuve mal, una semana en el hospital. Me tumbé todos los dientes de enfrente, sei. Me pelé lo brazo, la frente toda chimada, se me rajó aquí en la barbilla… me desmayé. Cuando desperté taba en el hospital. Ellos me llevaron –cuenta mientras señala con su dedo índice a sus paisanos que piden dinero y comida del otro lado de la vialidad. En todas las palabras que pronuncia siempre omite la letra “s”, cómo si al salir de su país la hubiera dejado ahí junto con la pobreza de la que busca escapar.

Foto: José Luis Moctezuma

Foto: José Luis Moctezuma

Su playera azul como el cielo y una gorra más gris que el humo de los escapes, nos dicen mucho. Ha sido muy largo el camino, bajo el sol, lluvia y aire. Los migrantes parecen súper héroes, pase lo que les pase difícilmente se van a detener. Su misión es llegar a los Estados Unidos aunque les cueste la vida en el camino. Podrán pasar días enteros sin comer, pero jamás dejan de soñar.

Los tenis que alguna vez fueron blancos están más negros que la conciencia de los políticos, las agujetas prietas como el agua que corre por el río Atoyac de Puebla. El peregrinar parece interminable, pero el destino está fijo no importa cuando tarden en llegar.

-¿De dónde vienen? ¿Cuántos son?.

-Venímo de Hondura papa. Somos doce. Vámo pál otro lado.

-¿Cuándo salieron, brother, de Honduras?.

-Pué comoooo mmm.. má de do mese. Llegamo a Chiapa y nos trepamos a la bestia, nos trajo pá’ca.

-¿Cómo te llamás?

-Me llamo Noé.

-Ah eres Noé, ¿como el del Arca de Noé? El que salvó a todos en el diluvio.

Con la boca chimuela se ríe como si abriera las ventanas de su casa.

Es bajito como de 1.60, moreno, hasta parece jarocho. Flaco corrioso. Le brincan las venas de los brazos, lo que evidencia que está acostumbrado al trabajo pesado. Su manera de hablar me recordó al futbolista hondureño Carlos Pavón cuando lo entrevistaban después de que con sus goles hacía ganar al Necaxa.

-Mmta madre, pues está complicado para llegar desde Honduras hasta el gabacho. Primero Dios van a llegar bien. ¡Cuídense un chingo!, que bueno que se mantienen juntos. ¿De aquí a dónde se van?

-Pal´ Estado de Mexico, otra vé nos montamos a la bestia y no nos vamo a bajar ni a madrazo hasta llegar a Matamoro.

-¿Ahuevo tienen que llegar a Tamaulipas?, está peligroso, ahí están los pinches Zetas, luego los agarran y los venden, o le piden dinero a tú familia, hasta los matan.

-“Hey, pué ii” –Dice pronunciando más sonidos que palabras, su acento hondureño y sin dientes evitan que sea clara su respuesta. “Allá en Hondura no hay trabajo, soy albañil, allá te muere de hambre”, platica mientras aprieta las correas de su mochila, cómo sí apretará el cinturón de seguridad de su asiento. Sus manos son su aval. Duras como piedra, llenas de cicatrices, tantas rayitas hasta parecen mapas.

A la mente me vino el corrido de Los Tigres del Norte, José Pérez León que murió asfixiado en la caja de un tráiler, la policía encontró a todos los indocumentados muertos cuando ya los cuerpos estaban en descomposición.  “Él era un hombre de campo, oriundo de Nuevo León, tenía apenas 19 años su nombreeee, José Pérez León”, con el tono agudo de su vocalista.

-¿Y sí los agarran? los van a deportar hasta tu pueblo.

-Pué ya estará de Dio. Pero regresamo…Lado B. Periodismo 3.0

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