“No veo en ninguno de los políticos los tamaños que tenían Villa, Zapata o Madero, no veo a ningún líder carismático que logre consensuar el apoyo de la sociedad como en aquellos años”, dice Guadalupe Villa Guerrero, momentos antes de que se presentara el libro “Caleidoscopio Revolucionario” el pasado viernes en el palacio municipal.
“Villa tenía sobriedad, don de mando y sobre todo deseo de aprender. Sin disciplina no habría llegado a ser el líder que fue. Tenía que imponer”.
La nieta del Centauro del Norte dijo en una plática con Lado B que no está convencida de que la oposición sea realmente oposición, y que a los líderes políticos les interesan más las cosas banales.
Desde su perspectiva la historiadora refiere que el problema de la diferencia de las clases es algo que ha sorprendido a franceses, alemanes y españoles, durante el siglo XIX lo cual dejaron plasmado en memorias escritas sobre la pobreza y la riqueza que calificaban de temible”.
Guadalupe Villa Guerrero tiene un doctorado en Historia de México por la Universidad Nacional Autónoma de México, aunque el gusto por la historia lo tomó casi al ingresar a la carrera universitaria y fue en la década de los 70 cuando indagó a cerca de Pancho Villa como personaje histórico.
“Era bastante ignorante de Villa como personaje, no tenía idea de la magnitud del apellido”, mencionó la nieta del revolucionario. En un inicio quería ser egiptóloga y terminó por integrarse en el colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y letras de la UNAM, lo cual la ha llevado a participar en un sinfín de actividades culturales y de difusión del conocimiento.
Hasta los años 60 Villa fue borrado de la historia y era considerado como villano y después fue reivindicado. Pero fue hasta la década de los 70 cuando Guadalupe Villa, comienza a involucrarse con Doroteo Arango el revolucionario, a quien dice “se le quiere o se le odia”.