Elizabeth Hulverson
¿Qué decir, diría el poeta? ¿Qué decir de este secreto, de este viaje del cuerpo y por el cuerpo? Desentrañar, no, imposible. Mirarlo, tocarlo, abrirlo, vivirlo: leerlo. Eso, cada noche, de preferencia. Bueno, yo digo. ¿Qué dirías tú? Tienes que leerlo y decidir.
Ésta no es una presentación, parafraseando a Magritte. Es más bien una confesión, una serie de confesiones de los deslumbramientos provocados por un estío tan grande que cabe en la canícula. Incitación a ser, a seguir siendo, a nacer en las sensaciones, a conocerse y re-conocerse.
– Estío en la canícula, brevedad intensa, secreto compartido, el susurro. Incitación para abrir las puertas y las páginas, asomarse, hurgar. Invitación a una piel abierta, a abrir la propia. Vidrio y espejo donde miramos y nos miramos.
Estío en la canícula, incitación a la libertad absoluta que lo engendra y lo habita. Ofrecimiento, guiño, complicidad. Porque Ella escribe desde ahí: «La maravilla de la felicidad por no ser devorada», dice. (p. 25)
– “(Antepreludio de un detalle nimio)”, anuncia la página cinco: Abre la ventana y el cuerpo ahí, parte por parte, todo rincón de la vasta, ¿inagotable? geografía. El antepreludio contiene el todo… Abrir bien los ojos, abrir bien el cuerpo.
– Y seguimos… Rebasamos el portal del principio… (Aquí hay un “nosotros” que descubro: mi cuerpo y yo). En un atisbo primero, capítulosapartadosactos que oscilan entre la nada aparente, un par de palabras y una lírica narración brevemente extensa…
– Ella, desde sus letras, invoca los cinco sentidos. Susurro… Prolongado murmurar que atruena al interior del cuerpo, en los litorales de los sentidos, en los arrecifes del pensamiento. Cuidado, mucho cuidado. Hay que estar alerta.
– Ella (¿quién es Ella?) cocina sensaciones entre las sílabas, entre las palabras; penetran por los ojos, se expanden cuerpo adentro. Mide los ingredientes, los mezcla, adereza, los pone al fuego, el tiempo exacto; sirve, ofrece, entrega:
«Piel con piel enredada. Piel más piel. Delicia. Piel mojada. Piel. Tanta piel contra piel que toca piel y piel de la piel que es piel porque la piel que piel ah, la piel para piel en piel.» (p. 58)
– Ninguna sustancia le es ajena; sin miedo, sin reticencias, escribe. No hay «apenas», no hay «casi». Escritura escritura:
escritura {
hazte: automática;
busca: metáforas;
léete: entre líneas;
re-escribe: una y otra vez;
ten-fe: en las palabras:
entiende: que las palabras no lo dicen todo; a veces
} (p. 42)
Aquí su poética…
Enredarse en las palabras para tejerlas, para desenmarañarlas con el sentido del cuerpo-gozo. Sólo es, sólo se deja llevar por las letras, los sonidos, los sentidos ocultos y manifiestos de las palabras. Se deja llevar, de la mano, de los cabellos, de los deseos… «Quisiera, quisiera, quisiera querer.» (p. 16)
«Cuando deje de desear a mi objeto del deseo… probablemente cesaré de escribir poesía o lo que sea que esto es o quiere desear ser.» (p. 17) Aquí también, su poética.
«La poesía me da el aire necesario.» (p. 42) El remate, el corolario.
– Comparte. Se comparte. Se abre. No “nos permite”, nos induce hacia sí misma, hacia el interior de su cuerpo, de sus sensaciones, de sus pensamientos. Arrastra. Sutilmente arrastra hasta trepidar. “La escala de Richter de las emociones”:
«La toronja cuando se escurre por el cuerpo recién bañado, sabe mejor.» (p. 38)
«y el agujero en tercer intercostal se abre un poco más.» (p. 37)
O el guardarse en un domingo. Guardarse para sí misma, en sí misma, a veces… «Sunday blues»
Arrastra a reconocer-nos. O no.
– Pregunta en silencio, susurro, a riesgo de violentar a los que mucho saben: entre estas páginas, aquí, ¿es ella o no es ella, Kelly? No importa y sí:
«La piel pecosa, ya no existe. La carne, por debajo, como espejo / de agua, se deshace en imágenes que nadie debería poseer.» (51)
Léase en voz baja: Es ella. Sí importa: biografía profunda.
– Juegos de palabras, de sonidos. Ella se escucha. Se escucha poeta, mientras mira y siente… Ella contagia su escritura quebradafluidalúcidalúdica… Ella, «fragilidad tentadora envuelta en fortaleza».
– Allí están, como siempre, omnipresentes, en una danza entre silencios: “¿Cuál soledad si las voces de su cabeza hablan y discuten” (p. 8)
– Un principio teñido de violeta: jacarandas. Las de hoy, las de lejos. Jacaranda y bugambilia…
– Las preguntas le preguntan y se pregunta. Salpicadas, dispersas por las páginas, como metáforas de lejanía. Las preguntas que el yo-lector atrapa y se traga y con ellas se mira en el estanque…
– IX
Deseo de amar.
– X
Deseo de ser amada.
Dos capítulos distintos: deseo en el yo-poético, en Ella… Uno y lo mismo: deseo y principio.
– Recapitulando: Entrar a Estío es penetrar en la geografía de la provocación. La provocación de los espacios polisémicos que son a la vez silencios, humedad de agua, aire, gemido, frote, fuego, tierra, hastío. Silencio. El gran silencio, la boca abierta, el pasmo, la interrogante. La provocación del erotismo cotidiano, presente en la imaginación del cuerpo y de las palabras; frescura y calor.
Primero, el axioma: «Sexo, luego existo.» (p. 13)
Luego, el matiz: «Me gustan las perversiones, / pero no la suciedad.» (p. 64)
Sensualidad hacia los cuatro puntos cardinales.
– Siempre está, furtivo. “Él” aparece, intermitente. Diálogo entre «él» y «ella», reclamo, forcejeo. A veces le reclama al “tú” que es él. «Nada, no entendió nada. Sobredosis de vida no tolerada.» (p. 21) El amante cibernético, el otro, y la necesidad del real.
– Asalto: De repente, estamos frente a un «tú» que es el otro, que es «él», que eres tú, soy yo o nosotros…
– Silencio y hasta aquí…
– Final (o casi)…
– Afirma Rosario Castellanos:
«…el estilo: un punto de vista, un mundo contemplado, una sección de la realidad, un ambiente, un sustantivo, un adjetivo, todo condensado en un solo vocablo: yo. Y no es un yo hago: pienso, siento, digo. Es un yo soy: yo soy mi cuerpo.»
Y sí. Estoy de acuerdo. Se escribe desde el cuerpo, siempre. Ni duda cabe. Kelly lo sabe y muy bien lo ejerce.
Pero debemos añadir nosotros, todos, que también se lee desde el cuerpo… O deberíamos hacerlo. Así, la escala Richter medirá el impacto de este Estío en la canícula en nuestras profundidades y superficies. Debemos exigir, para leerlo, “Sismógrafo riguroso”.
– Tómalo en las manos, ábrelo, recorre sus palabras, sus espacios, sus silencios. Sé cómplice de este viaje, de este secreto, de estas indagaciones. Tendrás tus propias confesiones, tus metamorfosis.
Coyoacán DF 16 de marzo de 2013