Una noche entre periodismo y literatura

Foto: @earoche

Xóchitl Rangel

@xochitlrangel

Conocí a Mario Martell en un aula del bachillerato, era mi maestro de Filosofía. Más de diez años han transcurrido y hay cosas intactas en él, como esa actitud desenfadada que la mayoría confunde con dispersión, pero yo creo que es su táctica de analizarlo todo, hasta lo más simple. Otro elemento intacto es su alma de escritor.

Es jueves por la noche, veo muchas sonrisas, decenas de rostros conocidos. Faltan quince minutos para las siete, unas cien personas esperan en el patio de Profética -la bella guarida de los lectores-, mi profe presenta su primer libro, El Aria de Giacomo.

Gael, hijo de Martell, goza la espontaneidad de sus once años, practica en el micrófono para “verificar” el audio. Nos anuncia entre juegos que quiere pastel de chocolate.

Celina, leal compañera de mi maestro, le indica al pequeño que debe cesar el juego, su padre está listo, junto a Álvaro Hernández, Yussel Dardón y Jaime Mesa para presentar la colección de epifanías.

Mesa, con la peculiaridad de sus palabras, nos advierte que esta no es cualquier presentación literaria, pues los reporteros gráficos toman placas del momento indiscriminadamente. Además, agrega, los escritores han engalanado su look usando saco.

Los minutos transcurren con ligereza, Álvaro Hernández habla sobre la relación entre el periodismo y la literatura, hace referencia al trabajo cotidiano de Martell.

Muchos coincidiremos en la figura de Mario como el reportero que deambula por la sala de prensa del Congreso del Estado con la maletita de su computadora portátil al hombro, que interroga combatiente a los políticos y que con inmediata amnesia saluda gentil minutos después.

Cuando se sienta a escribir, parece no tener prisa, se concentra, desmenuza su información y luego crea crónicas capaces de darle color a la deprimente vida política.

Las expresiones de Álvaro son tan precisas: “para el escritor, el periodismo puede ser una actividad secundaria, prescindible, casi ornamental. Pero que para el periodista –el  buen periodista– la literatura es poco más que un pase de salida: es la salvación”.

Así que “El Aria del Giacomo” permite que Martell se redima, que explote la diversidad de géneros, saltando del ensayo a la crónica y, de esta, a la ficción.

El propio autor, al igual que Yussel, habla sobre la conexión subterránea del periodismo y la literatura. Esto aborda la obra martelliana, el camino de transformación de textos concebidos en una sala de redacción a relatos legítimamente literarios, con matices tan alternativos que de pronto Madonna o Piporro pueden aparecer.

Martell con su personalidad liviana se involucra en cualquier esfera, la presentación de “El Aria del Giacomo” da fe de ello, en Profética están sus cuates políticos como Humberto Aguilar Viveros y Óscar Aguilar, sus compañeros reporteros: Álvaro Ramírez, Pía Pineda, Ernesto Aroche y Mely Arellano. Hay académicos, escritores, de todo.

Al final, Mario  como un superstar firma y dedica libros. Sus invitados platican y echan risas aderezadas con el olor del mezcal. Enhorabuena, profe.

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