La mente humana tiene, sin duda, un diseño tan apasionante como complejo. Y debido a lo anterior aún mantiene, quizá para nuestra fortuna, múltiples misterios frente a cualquier análisis racional que podamos aplicarle. Así, sobre esta enigmática pasarela, desfilan los deja vus, los sueños lúcidos, los presentimientos, etc. Y a este delicioso bestiario de intrigantes fenómenos podríamos agregarle un par: el surgimiento espontáneo, y en flagrante descontextualización, de pensamientos y memorias que, o bien son prácticamente irrastreables dentro de nuestro acervo consciente, o simplemente se presentan como pinceladas inexplicables –pulsos intra-comunicativos que parecieran no tener justificación de ser–.
Por este par de fenómenos me refiero a recuerdos paradójicamente olvidados que de pronto se manifiestan sin un detonador que desate su re-existencia, a pensamientos ‘ridículos’, como por ejemplo de pronto pensar en el vuelo de un ave, cuando ninguna de las circunstancias del momento parecen ameritarlo, o apuntar la mente hacia un elemento fuera de lugar, como por ejemplo un espárrago durante una junta de negocios, sin tener hambre de por medio, o sin haberle dedicado un lugar en tu mente desde hace largo tiempo –lo cual aumenta la extravagancia de su presencia pues no existe antecedente autobiográfico que arroje luz sobre su rastro–.
A pesar de que no todas las personas experimentan este tipo de mensajes ‘aleatorios’, conocidos como mind pops en inglés, psicólogos han detectado que la mayoría recibe este tipo de memorias involuntarias aproximadamente una vez cada día.